¿Baronesa todopoderosa o bicefalia? Así ha rendido el PP de Madrid con los dos modelos
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DETRÁS DE LA PUGNA GÉNOVA-SOL

¿Baronesa todopoderosa o bicefalia? Así ha rendido el PP de Madrid con los dos modelos

El partido ha logrado mayorías absolutas de ambas maneras, aunque el mejor resultado lo consiguió con Aguirre, quien presidía la formación

Foto: Isabel Díaz Ayuso, Esperanza Aguirre y Pablo Casado. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso, Esperanza Aguirre y Pablo Casado. (EFE)

El conflicto entre Génova y la Puerta del Sol que ha sacudido los cimientos del PP reside en qué modelo debe guiar la presidencia de la formación en Madrid. La cuestión es si dividir el poder, como pide la dirección nacional, separando las instituciones de la organización, o acumularlo en un liderazgo claro, la petición de Isabel Díaz Ayuso, especialmente tras su victoria del 4 de mayo. El pulso es ese y se mantendrá hasta el final. La presidenta de la comunidad presiona para adelantar el congreso regional con la convicción de que ella es la única que puede encabezarlo. La cúpula de los populares conoce las fortalezas de la dirigente, pero también aprecia debilidades. Y, sobre todo, defiende que lo mejor para el partido es evitar una ‘superbaronía’ mientras la dirigente exige “normalizar” la situación del partido en Madrid, en manos de una gestora desde hace tres años.

¿Cuál es esa normalidad? Desde 1989, fecha en que el PP vio la luz sobre la refundación de Alianza Popular, el partido en Madrid ha tenido 18 años de bicefalia en los que la persona que presidía el partido a nivel autonómico no coincidía con el dirigente o candidato a la comunidad (tampoco alcalde), y 14 años de baronía (12 de ellos con Esperanza Aguirre, que impulsó el modelo con la llegada de Mariano Rajoy). Recientemente, la expresidenta de la comunidad ha vuelto a defender que Ayuso se haga con las riendas de la organización, asegurando que este modelo ha garantizado los mejores resultados y las mayorías absolutas al PP de Madrid. Reprochaba a la actual dirección nacional —“niñatos que intoxican en Génova”, dijo en una entrevista en 'El Mundo'— su postura, que en este caso es calificada de tricefalia por el peso que ha adquirido el alcalde de la capital.

Foto: Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida. (EFE)

Hemeroteca: mayorías con los dos modelos

En realidad, el PP ha acumulado mayorías absolutas bajo los dos modelos. De hecho, Alberto Ruiz-Gallardón nunca estuvo al mando de los populares madrileños y ostentó dos mayorías absolutas en la comunidad y otras dos en el ayuntamiento de la capital. Entre 1993 y 2004, Pío García Escudero (hoy al frente de la gestora) presidió el partido. En 1995, Gallardón superó el 50% de los votos y cuatro años más tarde, en las autonómicas de 1999, llegó a mejorar ese resultado: más del 51% de los apoyos y 55 escaños. Antes incluso, como candidato a la comunidad y portavoz parlamentario, Luis Eduardo Cortés lideró el partido durante otros cuatro años, de 1989 a 1993.

Con la irrupción de Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid se creó la baronía capitalina, coincidiendo también con la llegada de Rajoy a la presidencia del PP. A pesar de los pulsos con la madrileña, que había sido ministra con José María Aznar, Aguirre consiguió imponer la doble presidencia que ahora exige para Ayuso. Y es cierto que en ese periodo también logró sus mayorías absolutas y los mejores resultados nunca obtenidos por la formación en Madrid.

La repetición electoral de 2003 (en otoño y ante la incapacidad de formar Gobierno) arrojó el 46% de los votos y 55 escaños para Aguirre, que accedió a la presidencia autonómica tras el ‘tamayazo’. Un año más tarde, se coronó como presidenta del PP madrileño. En las elecciones de 2007, amplió su mayoría hasta los 67 diputados y el 53% de los sufragios, y en 2011, el año en que todo el mapa se tiñó de azul, Aguirre llegó a obtener 72 asientos en la Asamblea regional. En el periodo de 2003 a 2011, Gallardón fue alcalde de la capital, también con mayorías absolutas.

placeholder Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre y Ayuso. (EFE)
Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre y Ayuso. (EFE)

Aguirre mantuvo las riendas del PP autonómico en mitad del estallido de los peores casos de corrupción que salpicaron a la formación a pesar de dimitir como presidenta de la comunidad en 2012, alegando motivos personales. Su número dos, Ignacio González, se quedó en la Puerta del Sol el resto de legislatura, pero ella se quedó al mando de la formación. En ese periodo, la bicefalia volvía a imperar.

En 2015, Rajoy sorprendió con un cambio de cromos nombrando a Cristina Cifuentes candidata a la comunidad y Aguirre volvió a la escena política, en esta ocasión como cabeza de lista para el Ayuntamiento de Madrid. En frente tenía a la novedad del momento: Manuela Carmena, que quedó segunda en las elecciones, pero logró gobernar con el PSOE. El PP perdió la ciudad que lideraba desde 1991. La aventura apenas duró un año, porque en 2016 quien lo había sido todo dentro del PP madrileño dejaba definitivamente la política tras la detención de Ignacio González. También renunció entonces a su cargo al frente del partido. En ese momento, Cifuentes tomó los mandos de una gestora y fue proclamada presidenta del PP de Madrid un año después en un congreso. Volvía el modelo de baronía, aunque solo lo compatibilizó dos años, hasta su dimisión en abril de 2018.

En todo caso, las épocas de la mayoría absoluta quedaban lejos en ese momento con la irrupción de nuevos partidos (Ciudadanos afectó especialmente al PP), aunque Cifuentes aguantó el 32% del voto y mantuvo 48 escaños. No solo afectaron los nuevos actores en el tablero. El PP era un partido desmoralizado, entre los escándalos, las investigaciones judiciales, las imputaciones y hasta el ingreso en prisión de algunos de sus dirigentes. La intención de Cifuentes, según explicaba, era la reconstrucción completa de la formación con un mensaje que chocaba de plano con todo el periodo anterior: “Tolerancia cero con la corrupción”, repetía.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

A pesar de los frecuentes debates sobre el modelo de liderazgo, Cifuentes no dudó en coger el timón en cuanto pudo, aunque fue muy breve. En 2018 y cuando la moción de censura contra Rajoy era aún inimaginable, el dirigente nacional volvió a formar una gestora poniendo a un histórico, Pío García Escudero, de nuevo al frente. Y ahí sigue a día de hoy. Casado hizo algunos cambios al llegar a la presidencia del partido, como incluir a Ana Camins en la secretaría general, y siempre apostó en su cabeza por mantener una tricefalia “que evitara errores del pasado”. Por un lado la comunidad, por otro el ayuntamiento y por otro el partido. Y este es el plan que aún hoy defiende.

El resultado más parecido al de la mejor época de Aguirre lo ha vuelto a emular Ayuso el pasado 4-M sacando de la partida a Ciudadanos y frenando a Vox. Por primera vez con un sistema multipartidista, el PP rozaba el 45% de los apoyos, quedándose a cuatro escaños de la mayoría absoluta. La siguiente fuerza, Más Madrid, apenas tiene el 16% de los votos. Los populares han conseguido mayorías absolutas bajo los dos modelos, pero Ayuso, cuyo principal referente es el legado de Aguirre, tras esa victoria épica, reclama su baronía.

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