"Decir que a Cataluña le conviene más ser parte de España que separarse es considerado una obscenidad"
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Entrevista a Valentí Puig

"Decir que a Cataluña le conviene más ser parte de España que separarse es considerado una obscenidad"

El periodista y escritor es autor de cuarenta obras —muchas de ellas textos de referencia bajo la forma de dietarios y apuntes memoriales—, además de ser Premio de Ensayo Josep Pla

Foto: Valentí Puig.
Valentí Puig.

Valentí Puig (Palma, 1949) es uno de los intelectuales más solventes y escuchados por la derecha política española y el representante de una acendrado liberal-conservadurismo que él define como moderantismo. Al tiempo, Puig es observador cualificado de la política catalana en la que ha conocido y tratado a todos sus protagonistas en las últimas décadas. Autor de cuarenta obras —muchas de ellas textos de referencia bajo la forma de dietarios y apuntes memoriales—, es Premio de Ensayo Josep Pla (1998) lo que le acredita como un escritor en castellano y catalán con un amplio registro narrativo y como un intelectual empeñado en un testimonio permanente de la enriquecedora convivencia en perfecta armonía de las dos lenguas.

Su labor intelectual, constante, es pareja a su actividad profesional como analista político ('El País', 'La Vanguardia', 'El Correo', 'ABC') y corresponsal. Acaba de publicar 'Dioses de época. 1993-2006' (Editorial Destino), un recorrido de un tiempo histórico crucial observado desde su experiencia personal, sus viajes en España y en el extranjero, su intensa experiencia acerca del catalanismo y el independentismo y el conocimiento de los políticos más cruciales de los últimos años.

El Confidencial ha mantenido con él una larga conversación en la que Valentí Puig acredita dos de sus características intelectuales más relevantes: la determinación de sus ideas y la independencia a la hora de expresarlas.

Foto: "La verdad nos hará libres; saberlo y atenerse a ello es lo que España necesita" Opinión

PREGUNTA. En 'Dioses de época' usted se define como un "liberal-conservador" y también como un "católico que escribe" pero negando que sea un "escritor católico". En estos tiempos no es habitual esta claridad en las posiciones de partida, ¿qué busca con esas definiciones personales de la que escapan los intelectuales contemporáneos?

RESPUESTA. Entiendo que la idea liberal-conservadora participa en los mejores momentos de España y de Europa. Eso era el moderantismo. Ir considerando lo que ocurría en España y en el mundo me llevó a esa convicción, libertad, orden, continuidad, economía de mercado, cohesión social. En otro aspecto, educado en la tradición católica, me aparté unos años. Con el ejemplo de Juan Pablo II regresé a la fe católica pero no me considero un escritor 'full time' católico sino un católico que escribe. Yo creo que uno debe hacerse responsable de lo que escribe. Comprometerse con lo que crees como verdad es librarse de un mundo líquido.

P. Escribe usted que la "derecha de toda la vida me aburre y me exaspera a partes iguales". ¿Se refiere a la española o en general? ¿Por qué le aburre y le exaspera? ¿Se trata de una afirmación más de su independencia de criterio que reivindica a lo largo de toda su obra?

R. Ser de derechas de toda la vida es algo muy respetable pero no creo que consista en tener visión de futuro. Es un conjunto de costumbres y talantes. Pero mi padre era azañista, mi madre votaba a la CEDA y mi abuelo era monárquico. Creo que los intelectuales españoles, muy atentos a los tejidos y novedades de París, no captaron la tragedia de la guerra fría. Entonces definirse como liberal o conservador —o anticomunista— era inconveniente, pero así era la Europa de postguerra y así comenzó a converger. Siempre hay obstáculos: tras el comunismo, el relativismo y ahora una corrección política avasalladora. Las guerras culturales nunca se acaban.

P. Se refiere con profusión a Aznar, también alude a Rajoy, pero esa comida que relata con Esperanza Aguirre remite a una persona de una prepotencia inimaginable aunque usted describe el encuentro pero no lo adjetiva ¿qué le pareció aquella comida mano a mano con ella en el Senado?

R. En política, Aguirre tan solo improvisaba, pizpireta y absolutista, con pulsiones muy frívolas de Lady Macbeth. Confundía el poder con la sumisión, ¡extraño liberalismo! Aznar, en cambio, es adusto y lacónico, un hombre de palabra, que a veces parece empeñado en hacerse antipático. Se comprometía a que España mejorase su posición en el mundo. Rajoy es más ondulante, confronta menos la realidad, la esquiva. Muy mal asesorado mediáticamente y en la cuestión catalana.

"Aguirre tan solo improvisaba, pizpireta y absolutista, con pulsiones muy frívolas de Lady Macbeth. Confundía el poder con la sumisión"

P. Escribe indistintamente en castellano y catalán y subraya que no es nacionalista. Llega a afirmar que lo peor del nacionalismo "es la mafia sociolingüística", ¿ha sido la lengua el factor de nacionalización más decisivo en Cataluña?

R. Mi vivencia es bilingüe, en modos y en afectos, de Joan Maragall a Baroja. Eso me parece lo natural pero llegas a sospechar que para el nacionalismo la lengua no es una vivencia sino un instrumento político. La aplicación de la inmersión lingüística fue una victoria del nacionalismo pero una derrota de la sociedad abierta. La lengua catalana nunca como ahora tuvo tantas opciones y sin embargo pierde uso y prestigio social. Inició eso el pujolismo y lo remata el 'procés'. Añadamos la caída del autonomismo. No hay ingeniería social que valga frente a la vitalidad del bilingüismo de Cataluña. Pero, oficialmente, decir que a Cataluña le conviene más ser parte de España que separarse es considerado una obscenidad.

P. Sus retratos de Jordi Pujol resultan agudos y, en cierto modo, redescubren el personaje, pero ¿qué responsabilidad tiene el expresidente de la Generalitat en el proceso soberanista? ¿Cuántos Pujol ha habido durante el tiempo en que usted lo ha conocido y tratado?

R. Al final, queda un solo Pujol. Todos los políticos tienden a patrimonializar el poder pero él fue más allá. Quiso patrimonializar Cataluña. Nos pudimos dar cuenta de que tenía capacidades políticas pero no virtudes. Ahora sabemos que con él comenzó todo, aunque algunos no nos dimos cuenta desde el primer día. Para no pocos catalanes era más el hombre fuerte que un líder democrático, el hombre que sabía conseguir cosas de Madrid a cambio de nada.

P. En 'Dioses de época' hace un recorrido memorial de España, y en ella, de Cataluña, entre 1993 y 2006, y me pregunto si sería correcto afirmar que es la crónica de una cierta decadencia social y política.

R. Yo noto indicios de descuido, falta de estrategia, de no pensar España, incluso de superficialidad política. Pero no de decadencia. Falta meritocracia, más ascensor social. En el caso de Cataluña es muy grave que el nacionalismo solo acepte una única forma de entenderla. La financiación de TV3 —que es el combustible independentista— o las ayudas a la prensa afín —papel o digital— son propias de un sistema iliberal. Así se consigue que parte de la ciudadanía pueda suponer que Cataluña está por encima de la ley o ya virtualmente desvinculada de España.

"La inmersión lingüística fue una victoria del nacionalismo, pero también una derrota de la sociedad abierta"

P. Se manifiesta usted crítico con el "socialismo" y nos ofrece un perfil de un Pasqual Maragall tampoco muy generalizado, ese socialista que dice que "España es un proyecto y Cataluña una realidad". Suena a soberanismo en el que fuera primer secretario del PSC. ¿No lo cree así?

R. Después del felipismo, el PSOE entra en la crisis de la socialdemocracia que con el zapaterismo se convierte en una especie de OVNI, hasta que llega Pedro Sánchez y lo convierte en un museo en honor a sí mismo. En Cataluña, quedó claro que el cinturón industrial votaba PSC en generales y municipales pero se abstenía en las autonómicas. Fue el regalo del PSC a Pujol, quien por otra parte ya había absorbido los votos que fueron de la UCD. Desde entonces, el centro-derecha nunca tuvo una estrategia convincente en Cataluña. En el PSC, pareció que Maragall y Montilla iban a ser otra cosa pero siguieron empeñados en que Pujol no pudiera castigarlos de cara a la pared.

P. Ha vivido en tanto en Madrid como en Barcelona. De esta última dice que de forma cíclica está su carácter levantisco y "luego no sabe cómo recuperar el orden y acaba asintiendo a quien aporta un exceso de orden". ¿Se trata de un pronóstico o de una descripción? ¿Es reversible el perceptible decaimiento de la capital de Cataluña respecto de Madrid?

R. En Barcelona la transgresión —estética, social— se convirtió en la tradición. Había sido una ciudad de gran conflictividad social, un dominio del anarquismo. Algo queda. Eso ha sido incentivado con el 'procés'. Pero Barcelona puede recuperarse con presteza, siempre que esté gobernada por elites responsables. Cuenta con marca, experiencia y potencial, a pesar de que los poderes económicos no han hecho frente al 'procés'. Ahora, Colau es poco más que una 'okupa' institucional. Sería muy importante un vuelco de moderación en el ayuntamiento de Barcelona para que sea un contrapeso frente a la Generalitat independentista. En cuanto a Madrid, hace tiempo que pasó de ser la ciudad de las cesantías galdosianas a gran dinamo financiera. A Barcelona le costará recuperar ese terreno. Las empresas siguen marchándose.

P. ¿Se refiere en su recorrido memorial a Joan Maragall, el gran poeta, que escribió que Cataluña en vez ser un juego de fortalezas "es un juego de debilidades"? ¿Cuáles son estas en la actualidad? ¿Hay en Cataluña una ideología de la victimización por ese énfasis en sus fracasos históricos sea el de 1640, el de 1714, el de 1934 o el de 2017?

R. Quizás fue por una debilidad del Estado liberal que el nacionalismo ocupó espacio en exceso. Luego, en 1978, a la hora del gran reencuentro, más animoso que la restauración alfonsina, los nacionalismos vascos y catalán iniciaron paulatinamente la historia de una deslealtad. En eso estamos. Con todo, me aventuro a decir que hay fatiga en el independentismo, fatiga social y simbólica. Pero no hay alternativa sino una paradoja: de una parte falta presencia del Estado y por otra es constatable su fortaleza.

"La financiación de TV3 —el combustible independentista— o las ayudas a la prensa afín son propias de un sistema iliberal"

P. De ERC escribe que "es un partido especializado en destruir". Pero el Gobierno de España está en sus manos y es el mayoritario en Cataluña, ¿se puede esperar una cambio en su tendencia ininterrumpida hacia la institucionalización?, ¿seguirá esa genética destructiva que le caracteriza?

R. ERC seguirá reclamando y Pedro Sánchez seguirá cediendo. Es un forcejeo falso o escénico. Finalmente, en caso de que el PP llegase al poder, todo eso cambiaría radicalmente. Volveríamos al menú victimista, a la CUP en las calles y el independentismo tendría una oportunidad para reabrir drásticamente el 'procés', porque en Cataluña hoy no existe un centro-derecha constitucionalista. Es un callejón institucionalmente diabólico.

P. Conoce usted —y el recorrido de sus experiencias en 'Dioses de época' es interesantísimo— muchos países, pero especialmente el Reino Unido y allí se producen dos fenómenos sobre los que le pido una reflexión: el populismo de los conservadores con Johnson y la posibilidad de implosión del país por la segregación de Escocia e Irlanda.

R. Boris Johnson es un 'hooligan' de la política, del mismo modo que David Cameron prometió un referéndum en Escocia solo para ganar las elecciones. Los 'tories' euroescépticos han demostrado no tener sentido de Estado. Fuera de la Unión Europea confían en la tradicional amistad con los Estados Unidos, una entelequia porque en Washington lo que importa es China. Escocia e Irlanda del Norte van a ser –ya son- un quiste permanente. Tal vez las compre China, como está comprando África o el puerto del Pireo.

"Pedro Sánchez ha convertido el PSOE en un museo en honor a sí mismo. Ha acabado con el socialismo de la Transición"

P. Citando a Tocqueville escribe en 'Dioses de época' que "cuando el gusto por el poder y la incompetencia se reúnen en un mismo individuo, su voluntad de triunfar le hace perder su probidad: cree ser el mejor y se pone a hacer trampas". ¿Se está refiriendo a Pedro Sánchez o a algún otro político o esboza un criterio general? ¿Este socialismo cómo es distinto del que vivió entre 1993 y 2006?

R. Sánchez es un ejemplo que encaja muy bien. Gobierna al día y a la vez es un 'killer'. Ha acabado con el PSOE que estuvo en la transición. A mi entender, practica la política de tierra quemada y su futuro es incierto. Eso le distancia mucho del PSOE que estuvo en el consenso constitucional, los Pactos de la Moncloa o el 'sí' final a OTAN. Su derrota en Madrid ha sido dramática. En toda Europa, la crisis de la socialdemocracia es patente pero Sánchez es un espécimen político muy singular, una suerte de Peter Pan irrealista y a la vez funámbulo. Es una percha de la corrección política, de una parte, y de política taimada.

P. Se declara partidario de "una aproximación estratégica real de todo el centro derecha". ¿Cree que es posible ahora entre el PP y Vox y lo que quede de Ciudadanos? ¿Incluye en esa aproximación a algún sector del nacionalismo vasco y catalán?

R. Sería lo lógico pero lo veo improbable. En Cataluña, es algo que urge pero por ahora lo que se ve es un pacto entre PSC y ERC con la bendición de Sánchez. Desde luego, no creo que lo que quede del pujolismo pueda tener peso político. Está quemado por el 'procés' y por la corrupción dinástica de Pujol. El centro-derecha constitucionalista en Cataluña tendrá que reinventarse pero de inmediato lo evidente es que el PP no tiene peso, Cs desaparece y asoma Vox. En España, en general, esa articulación se ensayará en las comunidades autónomas, a ver de qué modo interactúan las distintas piezas.

TV3 Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)
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