Los españoles que recorren el mundo en una vida nómada a bordo de una furgoneta
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Otra forma alternativa de vivir

Los españoles que recorren el mundo en una vida nómada a bordo de una furgoneta

Transitan kilómetros en una furgoneta camperizada, su hogar, mientras ruedan por el presente explorando la geografía y convirtiendo sus vistas en etapas itinerantes

placeholder Foto: Déborah García e Iratxe Goikoetxea, con su furgoneta en Noruega. (D. G.)
Déborah García e Iratxe Goikoetxea, con su furgoneta en Noruega. (D. G.)

Se despiertan escuchando las olas del mar, en un vivero, en un supermercado o en medio del campo. La 'vanlife' les permite de forma asidua visitar pueblos con una arquitectura que abarca historias, naturaleza y rincones escondidos. Cerca de Panticosa (Huesca) siguen su ruta Déborah e Iratxe para pasar a la frontera francesa. Han recorrido cerca de 17.000 kilómetros trasladando su hogar camperizado de seis metros cuadrados a Francia, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Alemania, Suecia y Noruega. Ahora, emprenden su viaje hasta Suiza para pasar allí el verano y llegar a Grecia en otoño.

Pese a que reconocen que no se ven con 80 años viviendo en una furgoneta, Déborah (Vitoria, 1983) e Iratxe (San Sebastián, 1991) llevan un año cambiando las vistas de sus ventanas por una ruta que comenzó en los países nórdicos tras identificarse como 'privilegiadas' por haber podido "parar" sus vidas convencionales. Han cambiado sus trabajos 'precarios' escribiendo textos compaginados con un trabajo en una ONG y decorando interiores por hacer deporte y leer por las mañanas, caminar entre la naturaleza y saborear la comida que antes no tenían tiempo de disfrutar.

Desde la entrada de su furgoneta, acceden a su baño con ducha pasando por un pequeño 'hall' donde dejan las llaves y los zapatos. A su lado, una cocina de 1,80 cm de encimera sujeta un fregadero de 45x45 cm. Cuentan entre risas que tardaron 16 meses en diseñar y construir su furgoneta. "Fue agotador y a nivel de pareja es un reto solo verte parar currar", reconoce Déborah. Iratxe revela a El Confidencial que el vehículo era un "lienzo en blanco" y, ajustándose a sus necesidades, prefirieron crear su camperización para mantener su bienestar.

placeholder Déborah leyendo en su furgoneta camperizada (D. G.)
Déborah leyendo en su furgoneta camperizada (D. G.)

A través de su 'podcast' 'Flâunese: historias en estado nómada' narran su adaptación a la vida nómada. Con 7.500 euros compraron y camperizaron (12.000 euros) su furgoneta de 2008. Déborah e Iratxe han reducido sus gastos a 500 euros al mes y pretenden estar felices con lo que tienen. "Hay muchos días que no trabajamos y hay otras semanas que igual estamos cinco días trabajando. En un mes, igual trabajamos una semana y media. Hemos ganado mucho en tiempo. Entonces, no queremos trabajar más para tener más dinero", explican.

Ambas hacen cuentas de los objetos que llevan consigo y consiguen apreciar "lo rápido que se consume todo". Así, han experimentado un proceso de cambio en su relación con las cosas materiales. "Tienes un pequeño agujero en una camiseta e igual en tu casa la desechas, pero es que aquí no. Aquí dices, 'si es solamente un agujero, ¿qué más me da?'. Al final, te adaptas y das valor a todas esas energías que en una casa das por hecho", añade Déborah.

"¿Pero vosotras vais a saber usar esa herramienta?", es una de las frases que han recibido en su proceso de crear su hogar. "A veces, notamos las miradas cuando bajamos de una furgoneta y están esperando a que baje un hombre o a alguien por el que vayas tutelada: tu padre, tu novio o tu marido", comentan. 'Flâunese' acogieron a una mujer en su furgoneta que estaba siendo perseguida por un hombre en coche varias veces en Francia. "Nos tocó a la puerta de la furgoneta y nos preguntó si se podía quedar con nosotras", señalan.

Talleres de cocina en plena ruta

Desde un 'parking' de la playa de Los Locos, al lado de Suances, en Santander (Cantabria), Álex y Raquel siguen en ruta para llegar hasta Galicia, después a Portugal y dar la vuelta a España. Raquel ya le dijo a Álex desde su primera cita que su sueño era "coger una furgoneta y camperizarla". Dejaron su piso de Mataró (Barcelona) para emprender un proyecto digital de talleres de cocina. Álex (Barcelona,1992) trabajaba como chef de desayunos en un hotel de Barcelona y Raquel (Barcelona, 1992), como diseñadora gráfica de joyas 'online'.

Viven en 6,9 metros cuadrados en su furgoneta decorada como si fuera 'su hogar'. "Le hemos dado nuestro toque para que entremos y sea nuestra casa, que no sea la típica prefabricada: a mí me costaría más adaptarme a una furgoneta de ese estilo", dice Álex. Compraron la furgoneta camperizada a un particular, aunque hicieron la cocina desde cero a través de vídeos en internet en un mes y medio.

Con una inversión de 18.000 euros en la furgoneta y de 5.000 euros en la reforma, comentan que "el cambio ha sido a mejor". "Pensamos ahora en irnos a vivir a un piso y solo de pensarlo nos agobiamos porque es como que no te vas a poder mover, no tienes esa libertad que te da moverte, y estar en el sitio en el que quieres estar te compensa", explican.

placeholder Álex y Raquel cocinando en su furgoneta. (A. y R.)
Álex y Raquel cocinando en su furgoneta. (A. y R.)

Emprendieron un proyecto digital en el que realizan talleres de cocina desde su furgoneta mientras viajan. "Si estás emprendiendo, no es lo mismo que si tuvieras un trabajo fijo, estamos día tras día luchando por lo que queremos. Necesitas estabilizarte un poco y el hecho de moverte es decir, 'vale, ¿por dónde estaba en el ordenador?", reconocen. Tienen una ruta sin fecha que se divide en etapas que viven a su ritmo.

Hacen un presupuesto mensual que varía en función de los gastos de la gasolina. Cuando llenan el depósito, recorren pueblos hasta que les quedan "tres rayas" de gasolina y deciden estacionarse en algún lugar. Entre sus gastos, suman 120 litros de agua, por los que han pagado tres euros este mes y la lavandería para la ropa, que supone unos 25 euros.

De mochilera a camperizar su furgoneta

Brenda tiene 28 años. Era profesora de inglés en una escuela por las mañanas y en un instituto por las tardes y compartía piso en Vilassar de Mar, cerca de Barcelona. Su pasión por viajar hizo que se cogiera una mochila y se fuera a hacer un voluntariado a Costa Rica durante el verano de 2017. Después, volvió y puso rumbo a Italia y a Ibiza. Allí se dio cuenta de que quería invertir el 90% de su tiempo en viajar y tomó la decisión de ponerse a trabajar para ahorrar 12.000 euros y poder vivir viajando un año.

Su viaje como mochilera por el mundo empezó en 2019, pero en junio de 2020 comenzaba otro viaje, aunque la pandemia precipitó que comenzara a usar una furgoneta para hacer escapadas. Así, Brenda pasó parte de la cuarentena reformando su antigua furgoneta. "Pensé que allí podía vivir perfectamente y eso derivó en el pensamiento de irme a viajar en furgoneta", argumenta. Poco después, vendió esta furgoneta, de 1993, y se compró otra más nueva, de 2007, ya camperizada por 18.500 euros.

placeholder Brenda con su perro en su furgoneta. (B. M.)
Brenda con su perro en su furgoneta. (B. M.)

A bordo de una L2H2 Citroen, Brenda guía a personas que quieren empezar su propio negocio 'online' y trabaja de 'community manager' desde el norte de Francia. Cuenta con una cocina que funciona con butano, una cama grande, una ducha como las de una casa y un salón.

Esta catalana comenzó su viaje sola y se quedó parada seis meses en Fuerteventura, desde donde hacía viajes a Gran Canaria, Lanzarote y Tenerife. Allí conoció a su pareja y decidió cambiar su ruta hasta Francia, donde encontró trabajo en un vivero. En unas semanas, emprenden una nueva ruta hacia Italia para conocer a la familia de su novio o hacia Canarias o Marruecos.

Reconoce que le costaría vivir en un piso

Unos turistas canarios llaman a la puerta de Brenda durante la entrevista con El Confidencial. Ahora está parada en un viñedo francés y cuenta que es muy frecuente hablar con las personas que acaban de estacionar alrededor. Remarca que quiere viajar y que llevar una vida así "es estimulante", mientras rechaza la idea de volver a vivir entre cuatro paredes.

En su primera etapa sola en Fuerteventura, los gastos que tuvo al mes ascendían a 200 euros, porque se movía "entre distancias muy cortas". Sin embargo, explica que hay meses en que se ha llegado a gastar 1.000 euros en gasolina, la compra, la instalación del agua caliente y en salir. A pesar de que empezó su aventura junto a su perro, ahora también la comparte en pareja.

placeholder Franc a bordo de su furgoneta con su perro. (F. )
Franc a bordo de su furgoneta con su perro. (F. )

Lleva 11 meses viviendo en una furgoneta junto a su perro, aunque llevaba cinco años viajando con una mochilla. Ha viajado por toda las zonas francesas de la Bretaña y Normandía. Pero ahora Franc se sitúa en Cádiz rumbo al sur para recorrer la costa de España.

Viajó por el sureste asiático con una mochila a cuestas durante seis meses. Vivió cinco meses en una tienda de campaña y en una bicicleta decidió recorrer de nuevo Asia, adentrándose en India y Nepal hasta la llegada del covid. Tuvo que regresar a Europa y en España pensó comprar una furgoneta para poder seguir viviendo así.

Reconoce que antes llevaba un tipo de vida "encasillada" porque no tenía tiempo de poder disfrutar más allá de lo que "le habían impuesto": "trabajar 340 días y tener un mes de vacaciones". Su vida dio un giro cuando se divorció, dejó su empresa y empezó a viajar con ahorros. "Me di cuenta de que podía vivir con mucho menos haciendo cosas que me gustaban: viajando y teniendo más tiempo", indica.

Menos consumismo

Ahora trabaja como diseñador 'online' de páginas web y su única factura es internet y el teléfono. Entre el agua, la comida y la gasolina, explica que no se gasta más de 300 euros al mes. Compró su furgoneta de 1998 por 1.500 euros. Tiene cinco metros cuadrados y está hecha a base de materiales reciclados por unos 350 euros con una ducha, un salón, una cama y una cocina.

Franc explica que viajar no solo es moverse sino que es "un estilo de vida para evitar el consumismo". Esta percepción se la dio la gente que veía en los países asiáticos. "Siempre estaban sonriendo y no tienen nada. Yo venía de un mundo material con cosas y gastos innecesarios que no necesitaba, y había perdido la sonrisa", reconoce.

Ha pasado de tener una bicicleta a una furgoneta, e insiste en que solo lleva dos pantalones y dos camisetas junto a un ordenador, un teléfono, una cámara de fotos y todavía su bicicleta. A sus 34 años, dice que este modo de vida le ha enseñado a conocerse más y a parar el tiempo para ver lo que tiene enfrente.

placeholder En la carretera con su perro. (F. M.)
En la carretera con su perro. (F. M.)

1.542,3 kilómetros separan Barcelona de Alemania, un vuelo directo desde la Ciudad Condal hasta la capital alemana, Berlín, dura dos horas y media y su precio es de 70 euros de media. Sin embargo, Laura y Elisabeth llegaron a Mainz, en Renania-Palatinado (al suroeste de Alemania), después de un viaje de 21 horas sin pasar por peajes. Allí se conocieron y tras siete años volvieron a Barcelona con un alquiler de 800 euros, donde llevaban una vida muy cotidiana que no les llenaba. Laura era gerente de compras en un supermercado y Eli, camarera en un restaurante de Mataró.

"Llegó un momento en que dijimos esto no es vida: esperar unas vacaciones o un día libre y que ni siquiera coincidamos", así Laura le planteó a Eli cambiar de vida. Tenían una Berlingo en la que hacían viajes y "no necesitaban ninguna comodidad más". Pensaron en convertir un furgón más grande en su casa y de la noche a la mañana vendieron la Berlingo, dejaron sus trabajos y se mudaron junto a sus dos perros a su nueva furgoneta de 5,70 metros cuadrados.

Viven sin electricidad y los fines de semana buscan un área gratis para conectarse a la red. Cargan sus móviles y sus portátiles en el trabajo, aunque durante el confinamiento tuvieron que desplazarse a gasolineras. "En Alemania, había mucho enchufe por la calle y ahí nos pasábamos casi todos los fines de semana", comenta Laura, y Elisabeth, que se duchaban con agua fría a menos cuatro grados en Alemania porque prefieren no tener un espacio ocupado en una ducha.

placeholder Laura y Eli con sus perros y su furgoneta en Francia. (Cedida)
Laura y Eli con sus perros y su furgoneta en Francia. (Cedida)

Se marcharon del país en febrero para llegar a un vivero —donde tienen agua y electricidad— de Clèder, en la Bretaña francesa. Allí trabajan de temporeras recolectando tomates y limpiando plantas. "Nosotras somos de bueno, bonito y barato, de vivir con lo mínimo", señalan. Quieren estar en Francia hasta octubre para después poder tener el paro francés y regresar a España para celebrar su boda de 2020.

Con 2.000 euros, camperizaron su furgoneta reutilizando la madera, van a poner la electricidad y una calefacción portátil, lo que ascenderá a 14.000 euros su inversión total en esta vida. Pretenden comprar un terrero y descartan volver a vivir en un piso. "Con cuatro meses de fianza, me compro un coche y sigo viajando por el mundo", explican, matizando que ahora tienen más vida que antes, pero puntualizan "que tampoco se idealice, porque esto no es para todo el mundo". "Nos encantaría ir una larga temporada a Asia, pero intentamos evitar esos lugares por las perras". Ahora, quieren surcar los Balcanes o Grecia, y no descartan modificar su ruta hacia Canarias.

A escasos metros de estas dos viajeras, se encuentran Adriana (Madrid, 1993) y Sandra (Barcelona, 1994) trabajando de temporeras en este mismo viñedo. Adriana trabajaba como comercial a puerta fría hasta que un día pensó que "no podía más" porque asegura que se tratraba de un trabajo "invasivo". Se conocieron en Málaga mientras Sandra trabajaba como dietista en un hospital de Barcelona. Cuenta a El Confidencial que con su trabajo como sustituta tenía un buen sueldo, pero aun así entre las dos no tenían "suficiente" para pagar los gastos del alquiler por un estudio de 40 metros cuadrados por más de 720 euros en el barrio gótico de Barcelona.

placeholder El interior de la furgoneta camperizada de Adriana y Sandra. (A. y S.)
El interior de la furgoneta camperizada de Adriana y Sandra. (A. y S.)

Dejaron Barcelona y se fueron a Mojácar (Almería) a trabajar en hostelería. Allí veían "el mundo camper" y descubrieron que "su sueño era poder vivir en una furgoneta". Mientras veían a las personas estacionar cerca de la playa con una furgoneta, pensaban, "¿esto es posible?". Durante la pandemia, perdieron su trabajo en hostelería y fue entonces cuando decidieron invertir en una furgoneta que encontraron a 700 kilómetros de Almería, en Barcelona.

Conduciendo una furgoneta de 2005, Adriana y Sandra recorren lugares viviendo en 3,20 metros cuadrados tras una camperización de 4.000 euros y una inversión total de 9.500 euros. Primero abrieron ventanas, aislaron la furgoneta y pusieron ellas mismas la instalación eléctrica. Les gusta ser "autodidactas y autosuficientes" y pusieron casi 12 W, aunque también compraron una placa solar y una batería secundaria mientras hacían la instalación del agua. Cocinan con bombonas de butano con un gasto mensual de 13 euros por el gas.

Recorrieron 900 kilómetros en su furgoneta desde Irún hasta Clèder (Francia) y gastaron 88 euros en gasolina, ya que comentan que cada 1.000 kilómetros gastan 100 euros de gasoil. Ahora, su gasto mensual se ha reducido a 250 euros porque permanecen estacionadas cinco días a la semana en este vivero y se desplazan unos ocho kilómetros para ver el mar durante los fines de semana. Prevén trabajar hasta octubre 35 horas a la semana por 1.400 euros mensuales porque después tendrán derecho a la prestación por desempleo de Francia e iniciarán su ruta por Italia hasta llegar a Grecia.

placeholder Adrián e Illaria en su furgoneta. (A. I.)
Adrián e Illaria en su furgoneta. (A. I.)

Después de un viaje a Portugal a bordo de una furgoneta pequeña, Adrián e Illaria compraron una de 2014 más grande en Italia en 2020. Este canario, que antes era militar, y esta italiana camperizaron su nuevo hogar en cuatro meses. Estuvieron trabajando en Tenerife y ahorraron, e invertieron 19.000 euros para empezar a viajar por Europa. Ahora, Adrián trabaja de temporero e Illaria como 'freelance'. A sus 33 y 24 años, respectivamente, quieren explorar Canadá y llegar hasta Argentina.

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