Así funciona el racismo inmobiliario oculto: “Si no eres español, te piden más”
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DISCRIMINACIÓN EN EL ALQUILER

Así funciona el racismo inmobiliario oculto: “Si no eres español, te piden más”

Un informe señala que en un 72,5% de las inmobiliarias españolas se incurre en alguna clase de discriminación por el origen. Estos son los mecanismos que utilizan para descartarlos

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Silvia llegó a España a comienzos de 2017. Como otros miles de compatriotas que llegaron a Madrid por esa época, su billete señalaba como origen Venezuela. Pero su historia es la antítesis de la de los millonarios de su país que se estaban instalando en los mejores edificios del barrio de Salamanca. Al llegar, se dio cuenta de que la situación para muchos de sus compatriotas a la hora de conseguir un alquiler era muy complicada. Aún más que la de los propios locales, que tampoco lo tienen nada fácil.

“Yo tengo muchos familiares que han venido aquí y les ha sido muy complicado, porque te piden dos nóminas, dos meses de fianza, más documentación, muchas más cosas que a los demás, o te dicen que sí pero luego no te lo dan”, explica a este periódico la venezolana. Silvia tiene 41 años, “a punto de cumplir los 42 ahora en noviembre”, y ya es abuela. “Si no hablas directamente con el propietario, es muy raro que te lo den, es muy difícil, a no a no ser que tengas algún conocido”. Aún más si, como en el caso de Silvia, la búsqueda de piso se lleva a cabo con dos hijos y sin el acompañamiento del marido, algo que los convierte en inmediatamente sospechosos en los cribados de las inmobiliarias.

Silvia ayuda a los compatriotas que no pueden encontrar piso. (Foto cedida)
Silvia ayuda a los compatriotas que no pueden encontrar piso. (Foto cedida)

La historia de Silvia es casi el canon perfecto que conforman los rasgos de los que más difícil tienen el acceso al alquiler en España, como pone de manifiesto el informe ‘¿Se alquila? Racismo y xenofobia en el mercado de alquiler’, publicado por la Asociación Provivienda, que arroja una reveladora luz ante una situación tan normalizada que parece aceptable. Como recuerda Elena Martínez, una de las coordinadoras del trabajo, “la discriminación es un fenómeno normalizado, apenas hemos encontrado inmobiliarias sin algún tipo de discriminación”.

La autora hace especial hincapié en el perfil de Silvia, es decir, “mujeres, especialmente con hijos y monomarentales”. “Nos suelen demandar vivienda sistemas familiares monomarentales”, explica una de las trabajadoras sociales de Provivienda en el informe. “Las familias latinas que vemos están compuestas por mujeres solteras o también muchas por violencia de género que acuden porque se acaban de divorciar o separar y necesitan una vivienda. Es el mayor perfil que vemos”.

"En el anuncio no podemos ponerlo pero, vamos, en las visitas, vemos quién viene y cribamos"

La venezolana no tuvo que enfrentarse a esos problemas nada más llegar a España, ya que consiguió trabajo de interna antes de traer a sus hijos con ella. Tenía una ventaja competitiva: es una mujer despierta y sabe moverse muy bien para conseguir información, lo que le puso en contacto con una ONG que le facilitó el acceso a una vivienda. Pero no ocurre lo mismo con la mayoría de compatriotas o inmigrantes con los que trabaja: “Lo pasan muy mal, algunos no hablan bien español o no entienden, y se lo deniegan de una vez aunque presenten los papeles”. Por eso, ha decidido dedicar gran parte de su tiempo a echarles una mano. ¿Por qué? “No quiero que pasen por lo que yo pasé”.

“Si eres inmigrante, no se te enseña”

El informe pone de manifiesto que un 72,5% de las inmobiliarias contactadas “acepta propuestas abiertamente discriminatorias”. El proceso suele ser el siguiente: como la llamada telefónica es el primer cribado, meramente el acento o la identificación de un origen extranjero pueden ocasionar un no de entrada. Como recordó Martínez durante la presentación del informe, en algunos casos, dos llamadas de cinco minutos de diferencia preguntando por el mismo inmueble eran recibidas con normalidad en el caso de un español y con un “ya no está disponible” en el caso de que el acento fuera extranjero. “El gestor se encarga de hacer el filtro por su tono de voz”, reconoce un agente comercial en el informe. El nombre, añade otra, es otro factor de discriminación. No es lo mismo María que Mayelin.

Foto: Reuters.
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A la discriminación por el origen, hay que añadirle otra por presunción de precariedad económica, como recordó durante la presentación Alberto García Martín, investigador principal del informe. Es decir, suponer que, debido a haber nacido en otro país, sus capacidades económicas son menores. Frente a las mismas condiciones socioeconómicas, a las personas inmigrantes se les ofrecen peores viviendas. “A mí, el lenguaje sí me lo entendían, pero cuando sabían que soy extranjera y mora, la gente no se fiaba”, lamenta en el informe una argelina llamada Fátima. “Si fuera de otra nacionalidad, puede ser, pero una árabe piensan que no va a pagar, que tendremos problemas en sacarla, y eso no les da confianza. Tanto propietarios como inmobiliarias”.

El trabajo es interesante por su metodología, en la que a través de un ‘testing’ con 1.836 llamadas anónimas a agencias inmobiliarias se permite conocer de primera mano lo que piensan los agentes comerciales. Las respuestas son demoledoras. “Podemos pedirles más documentación para que decidan no continuar con el proceso”, admite un agente de Alicante haciendo referencia a una de las quejas que ya señalaba Silvia. “En el anuncio no podemos ponerlo, pero, vamos, en las visitas vemos quién viene y cribamos”, añade otro de Barcelona.

"Es que cualquiera monta un narco-piso, porque aquí la marihuana está causando estragos"

Como muestran los datos recopilados, la discriminación suele ser implícita, integrada en sus propios procedimientos, de manera que los trámites y la informalidad del proceso dejan fuera a los más vulnerables. “En el anuncio no lo puedo poner, pero puedo disuadirles cuando vengan a ver el piso”, señala otro agente de Barcelona: uno de los procedimientos habituales es exagerar los puntos negativos de una vivienda o mostrar solo la peor oferta. En ocasiones, las opiniones de los comerciales son directamente racistas: “Es que cualquiera monta un narco-piso, porque aquí la marihuana está causando estragos”.

Al otro lado de la balanza, los testimonios de los inmigrantes (bajo seudónimo) también muestran estos subterfugios inconfesables que los expulsan del mercado. “Iba yo a ver un piso que encontré por internet y al ver que era inmigrante me dijo que no alquilaban a inmigrantes. En dos ocasiones, nada más verme me dicen que lo sienten, que no, que el dueño del piso no quiere inmigrantes”, señala una mujer ecuatoriana. “Las personas de mi cultura chocan mucho porque hay muchos prejuicios. Nos dicen que hacemos escándalo, que freímos o que comemos y que nuestra comida huele mucho, que gritamos más”, añade Valentina, de República Dominicana.

Un mercado donde se puede elegir

Una discriminación que se acentúa por las particularidades de un mercado en el que la oferta tiene cogida la sartén por el mango. Es decir, donde la discriminación es un lujo que se pueden permitir hasta el punto de la existencia de dobles listados para los dos tipos de solicitantes, autóctonos o extranjeros. Según los datos de la investigación, a los españoles se les ofrecen de media 1,5 pisos más como complemento al anuncio por el que se llama inicialmente. A los extranjeros, un 1,2. Las ofertas se producen en un 37,1% de casos para españoles, un 24,7% para extranjeros.

A un 32,3% de extranjeros se le piden avales, por un 19,9% de españoles

Por eso, y como ocurría de nuevo en el caso de Silvia, es necesario recurrir a las amistades para tener acceso siquiera a la posibilidad de ver un piso. “Los canales son las amistades”, explica una de las educadoras de Provivienda. “Es más, si tú les dices esto no es así, ellos te dicen es que esto me lo ha dicho una amiga...”. Como añade un encuestado nigeriano en el trabajo, “las casas donde he vivido han sido siempre a través de amigos”.

El de la documentación excesiva puede parecer un dato secundario, pero no lo es. "Aunque cada vez es más normal que las exigencias para alquilar un piso sean elevadas, el nivel de estas muestran de forma bastante fidedigna la opinión que los comerciales tienen sobre nosotros". Según los datos de la investigación, a un 89,3% de españoles se le piden contratos de trabajo, pero el porcentaje asciende hasta un 98,6% entre los extranjeros. Ocurre también con la exigencia de poseer un contrato indefinido (62,2% frente a 34,8%) o avales (32,3% frente a españoles 19,9%), algo agravado por la informalidad del empleo, más acentuada entre inmigrantes. Como recuerda Silvia, “muchos trabajan en negro, así que a ver cómo lo demuestran”.

La asociación defiende la necesidad de una Ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación que tenga en cuenta el ámbito de la vivienda. También, la puesta en marcha de servicios de asesoramiento e información o la mediación en alquiler. Por ahora, Silvia seguirá realizando gran parte de ese trabajo en el poco tiempo libre que le queda entre trabajos y nietos: “Yo estuve buscando información para ayudar a otras personas, y estamos poniendo en marcha proyectos para echarles una mano”.

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