Caseros solidarios que no cobran el alquiler: "Es una cuestión de justicia"
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Caseros solidarios que no cobran el alquiler: "Es una cuestión de justicia"

Algunos caseros están informando a sus inquilinos de que no van a cobrarles el próximo mes. El Gobierno no ha regulado el alquiler. "Algunos no podrán hacerlo", avisa una propietaria

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Caseros solidarios que no cobran el alquiler: "Es una cuestión de justicia"

“Decidimos no cobrar el alquiler a nuestras inquilinas tomando el café de la mañana. Dijimos, ‘esto va para largo y todos debemos ser solidarios’, así que les escribí y les dije que no me pagaran el piso a finales de marzo, que no se preocuparan ahora por el dinero”, explica Loli (pide ocultar su apellido, porque no quiere notoriedad), dueña de dos pisos en alquiler en Lugo. “Por suerte, mi familia no depende de ese ingreso para llegar a fin de mes. Habrá otras familias que no podrán hacerlo. Pero si un casero tiene la posibilidad, creo que es muy bueno para todos. Que nadie lo tome como un gesto de caridad, es una cuestión de racionalidad y justicia ante un momento de crisis”, sostiene.

"Habrá familias que no podrán hacerlo. Pero si un casero tiene la posibilidad, es bueno para todos"

En redes sociales aparecen, con cuentagotas aún, casos de propietarios que deciden no cobrar el mes a sus inquilinos. El debate social lleva días sobre la mesa. El Gobierno ha decidido no regular nada respecto a los alquileres y por lo tanto la decisión de no cobrar, de ajustar la renta o reclamar hasta el último céntimo que marca el contrato está en manos de cada propietario.

“Tú tienes que saber a quién le ofreces las cosas”, subraya Loli. “En ese piso tengo buenas inquilinas, juiciosas, que se merecen este gesto. Si fueran malos inquilinos, seguramente habría dudado más. Cada realidad es distinta y yo no quiero dar lecciones a nadie con esto, no quiero que parezca que ahora todos los caseros tienen que dejar de cobrar su renta, ni que es mala persona el que no lo hace. Muchos necesitan ese dinero para llegar a fin de mes. Yo no soy rica, pero por suerte puedo hacer ese esfuerzo”.

Los caseros suelen enviar un wasap a sus inquilinos a modo de inesperado regalo en pleno confinamiento. Es lo que hizo Loli con María e Irene, estudiantes de Magisterio en Lugo, y lo que le ocurrió a Ana López, periodista residente en Cartagena. “Cuando me llegó su wasap, hacía tiempo que no hablaba con él. Me sorprendió porque no nos preguntó nada previamente, si nos había afectado la cuarentena a nivel laboral, por ejemplo. Lo mandó sin más. Yo sé lo agradecí eternamente, me quedé sin palabras…”.

López decidió mostrar este gesto en Twitter y la reacción fue abrumadora. Tanto en aplausos hacia su casero como en agravios comparativos de aquellos que sí tendrán que pagar. “Es una muestra de lo poco habitual que ha sido su gesto. He tenido mucha suerte. No solo por su oferta de ahora, sino porque en general es muy buen casero”. Los benefactores, dueños de tres pisos en el centro de Cartagena, prefieren que su gesto permanezca en el anonimato.

“La vida es una cadena”, explica Loli. “Yo no conozco las cuentas de mis inquilinas. Sé que son estudiantes y que posiblemente sus familias podrían pagar este mes, pero les cancelo la renta no para que se lo gasten en cualquier cosa. Ese dinero que se ahorran sus padres pueden usarlo para ayudar a otra persona. Que no se lo tomen como un regalo sino como una invitación a seguir la cadena y ser solidarios”.

El problema, claro, es controlar de manera informal que el gesto de los caseros es aprovechado de forma sincera por los inquilinos. O que el precedente sea tomado como norma en el futuro. “Estamos en una sociedad con tanta picaresca que nos hace ser muy precavidos. Yo soy de pueblo y pienso que hemos ido a peor. Hay mucha desconfianza social, especialmente entre caseros e inquilinos. La generación de nuestros abuelos tenía mucho más sentido de solidaridad, de ayudarse entre todos, del que tenemos ahora”.

Loli ya ha decidido que sus inquilinas podrán quedarse en su piso de 50m2 sin coste en junio y parte de julio si el curso académico se prolonga en verano. De nuevo, la decisión (y la posibilidad de hacerlo) está en el tejado de cada propietario.

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