El Gobierno aborta el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla para no molestar a Rabat
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No lo decide la Casa Real

El Gobierno aborta el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla para no molestar a Rabat

Los reyes Juan Carlos y Sofía tardaron 32 años desde el inicio de su reinado en desplazarse, en el otoño de 2007, a las ciudades autónomas

Foto: El Gobierno aborta el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla para no molestar a Rabat
El Gobierno aborta el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla para no molestar a Rabat

Ceuta y Melilla estuvieron asociadas, en pie de igualdad, a las 14 conferencias de presidentes autonómicos que el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, convocó mientras estaba vigente el estado de alarma. Las dos ciudades autónomas han sido, sin embargo, excluidas de la gira pospandemia que los Reyes efectúan por todo el país. Los viajes de los Reyes no los decide la Casa Real. Es el Gobierno el que los refrenda. Hasta el pasado viernes por la noche estaban en los planes de viaje de los Reyes, pero entonces dejaron de estarlo.

Minutos antes de las 10 de la noche del viernes 3, la agencia EFE distribuyó una nota citando “fuentes oficiales” —no se sabe si de la Casa Real o del Ejecutivo— asegurando que los Reyes no preveían a corto plazo visitar las dos ciudades. Desmentía así una información publicada la víspera por la prensa ceutí y por El Confidencial.

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La víspera, es decir, el jueves, la redacción del diario 'El Faro' de Ceuta llamó a la dirección de comunicación del Palacio de la Zarzuela para preguntar si el periplo real incluía su ciudad y obtuvo una respuesta positiva de un miembro de su equipo. Este periodista consultó, por su parte, con dos fuentes gubernamentales y recibió la misma contestación. Jordi Gutiérrez, director de Comunicación, corrigió más tarde la respuesta de su subordinado al periódico ceutí. Afirmó no poder confirmarlo —dijo solo conocer la agenda real hasta el 12 de julio—, pero tampoco desmintió la visita. Varios miembros del Gobierno hablaron también de ella con naturalidad, el viernes, en una charla informal con periodistas.

Si al final no habrá tal viaje en el marco de la gira real pospandemia, como dejó claro EFE, es por la misma razón por la que los reyes Juan Carlos y Sofía tardaron 32 años desde el inicio de su reinado en desplazarse, en el otoño de 2007, a Ceuta y Melilla: el miedo cerval a Marruecos.

Pedro Sánchez involucró a las dos ciudades en el estado de alarma, pero, por temor a la reacción marroquí, las ha excluido de la gira de los Reyes

Mohamed VI publicó, en 2007, un comunicado de “condena” y “denuncia” de esa “lamentable visita real”. Advirtió de que tendría “consecuencias que podrían poner en peligro el futuro de las relaciones entre los dos países”. Su amenaza velada no se concretó en esta ocasión, pero el miedo al vecino persiste.

Si hay un lugar necesitado en España de que los Reyes levanten el ánimo a sus 170.000 habitantes, ese es Ceuta y Melilla. Desde que Pedro Sánchez llegó al Gobierno, acumulan los reveses. En agosto de ese año, Rabat suprimió, sin comunicárselo a España, la aduana de Melilla, pactada entre ambos países en 1866. Acabó así de un plumazo con el comercio legal. El Gobierno español no protestó.

En octubre pasado, cortó el contrabando con Ceuta, una medida legítima porque perjudicaba su economía, pero que no consensuó con España pese a que golpea de lleno la ciudad autónoma. El Gobierno guardó silencio. El ministro de Economía marroquí y el director de Aduanas ya han anunciado que sucederá otro tanto en breve con Melilla. El Gobierno seguirá probablemente guardando silencio. Estas decisiones marroquíes lastrarán aún más la recuperación económica de ambas ciudades.

Los Reyes de España, en su viaje a Benidorm. (EFE)
Los Reyes de España, en su viaje a Benidorm. (EFE)

Durante la pandemia, las dos ciudades se han hecho cargo durante meses, alojándolos y alimentándolos, de cientos de marroquíes a los que las autoridades de Rabat no permitían regresar a su país. Marruecos inició el 15 de mayo una repatriación con cuentagotas y aún hoy en día un buen puñado de sus ciudadanos permanecen varados en Ceuta y Melilla —también los hay en la Península, incluidas 7.000 temporeras en Huelva—, a la espera de que reabra sus fronteras, clausuradas desde hace tres meses y medio.

El Gobierno de Rabat ni siquiera ha permitido que los ceutíes y melillenses que se quedaron bloqueados en su país por el súbito cierre de las fronteras terrestres vuelvan a sus casas cruzándolas, como sí pudieron hacer esos cientos de marroquíes que figuraban en la lista de los elegidos repatriables. Los ceutíes y melillenses tuvieron —así lo pactó Asuntos Exteriores con Rabat— que viajar primero a Tánger, navegar después hasta Málaga y, una vez allí, pusieron por fin rumbo hasta sus respectivas ciudades. Un viaje de muchos cientos de kilómetros en lugar de una decena.

El temor a las represalias marroquíes tras una visita real o una mera protesta no es una particularidad de los ejecutivos socialistas de España. Íñigo Méndez de Vigo, secretario de Estado para la UE del Gobierno de Mariano Rajoy, puso en 2013 todo su empeño en convencer a los ceutíes de que no solicitaran su ingreso en la unión aduanera europea. Tal decisión convertiría su frontera en euro-marroquí, en lugar de ser solo hispano-marroquí, y reforzaría el carácter europeo de la ciudad. El vecino podría molestarse.

Mohamed VI, lleva trece años sin mencionar en sus discursos a las dos ciudades. Con discreción se ha dedicado a asfixiarlas económicamente

Hassan II, el anterior rey de Marruecos, no desaprovechaba una oportunidad para recordar, en público o en privado, su reivindicación territorial ante España. Su hijo, Mohamed VI, lleva 13 años sin mencionar en sus discursos las dos ciudades. Con discreción se ha dedicado, en cambio, a asfixiarlas para que sean inviables económicamente. Ya están en coma vegetativo.

El estrangulamiento no ha suscitado reacción alguna por parte de los sucesivos gobiernos españoles, que anteponen la colaboración marroquí en la lucha contra la inmigración irregular y la cooperación antiterrorista. Saben que Rabat es capaz de suspenderla. La cortó en agosto de 2014, tras un enfado del monarca porque su lancha fue interceptada por error, por la Guardia Civil, en aguas de Ceuta. De nada sirvieron durante algunas semanas las disculpas que presentaron el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y hasta el propio Felipe VI.

Los gobiernos españoles se olvidan de que disponen de muchos más medios de presión económicos y jurídicos sobre Marruecos de los que Marruecos tiene para apretar las tuercas a España. Bastaría, por ejemplo, con que España comunicase a la Organización de Aviación Civil Internacional y a Eurocontrol que recupera el control del tráfico aéreo —cedido voluntariamente a Marruecos desde 1975— en el Sáhara Occidental para acabar con los vuelos civiles en ese territorio. El problema es que el Ejecutivo español debería rendir cuentas ante la opinión pública, algo que el palacio real marroquí no está nunca obligado a hacer.

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