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¿Un año sin erasmus? España se arriesga a perder 185.145 alumnos extranjeros

Es difícil tomar decisiones hoy. Las universidades españolas, especialmente las privadas, se preparan para no perder el potente contingente de alumnos internacionales

Foto: Marie Lassalle, una erasmus francesa, realiza un examen en la Complutense. (Reuters)
Marie Lassalle, una erasmus francesa, realiza un examen en la Complutense. (Reuters)

La nueva normalidad cambia cada día, y aunque es más o menos sencillo adaptarse, resulta mucho más difícil hacer planes a medio y largo plazo. Por ejemplo, dónde estudiaremos el próximo curso si somos universitarios. Los plazos de preinscripción universitaria para el próximo curso se encuentran a la vuelta de la esquina. Un año marcado por la incertidumbre y el miedo. A un posible rebrote en el país de destino, a un nuevo cierre de fronteras en el país de origen, a que nada de eso ocurra. Factores que si en el caso de los estudiantes nacionales son decisivos, aún más lo son en el caso de los extranjeros.

En el curso 2017-2018, según los datos ministeriales, 185.145 estudiantes extranjeros pasaron por las universidades españolas. Aproximadamente, la población de todo San Sebastián. Una cantidad sensible de estudiantes que, como recuerda Jordi Olivella, profesor de la Universitat Politècnica de Barcelona y coautor del informe ‘España como destino de estudiantes universitarios internacionales’, ha aumentado “sustancialmente año a año, especialmente en las universidades privadas”.

¿Quiénes son esos estudiantes de otros países que tal vez se lo piensen dos veces antes de viajar a España este año?

Para empezar, es importante realizar una distinción clave entre los universitarios de matrícula ordinaria y los universitarios adscritos a los programas de movilidad como Erasmus+, que muy probablemente, como recuerda Martí Parellada, catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona y principal responsable del informe CYD sobre el sistema universitario, se verán mucho menos afectados por la incertidumbre presente, porque provienen de la Unión Europea y se llevan a cabo con el curso más avanzado.

La mayor parte de los extranjeros que estudian en España son de matrícula ordinaria, 127.597. El restante pertenece a programas como el Erasmus: 59.237. Un 8,3% de los estudiantes de las universidades españolas en el curso 2016-17 son internacionales, según los datos recogidos por CYD. De todos ellos, alrededor de un 4,7% del total son estudiantes con matrícula ordinaria. La distinción técnica tiene truco: el universitario internacional es todo aquel que tiene su primera residencia en otro país y estudia en España, incluidos aquellos universitarios españoles que viven en otros países y que vuelven aquí para estudiar.

“Hay centros que ya ponen el acento en una primera parte ‘online’ del curso académico y, más tarde, otra parte presencial”

La clave quizá se encuentra en qué tipos de centros y qué titulaciones siguen los estudiantes internacionales. La universidad privada sería, con diferencia, la más afectada ante la posibilidad de que la demanda se contrajese. “Hay un 13% de estudiantes internacionales en las privadas y un 3,4% en las públicas, por lo que, por razones de financiación, la caída del estudiante internacional impactaría más en las privadas”, añade Parellada, que recuerda que hay algunas escuelas de negocios donde el porcentaje llega a ascender hasta el 80%. Por ejemplo, alrededor del 67% de los nuevos estudiantes de IE University lo son. El MBA del IESE tiene un 85% de alumnos extranjeros.

Para intentar adivinar cuál puede ser el impacto de la pandemia, es interesante revisar los lugares de origen de los estudiantes internacionales. Una gran parte de ellos (alrededor de un 35%) proviene de la Unión Europa, por lo que, como explica Parellada, “más allá del temor, no deberían tener restricciones adicionales”. El problema, no obstante, se encuentra en el gran mercado latinoamericano y caribeño, que tradicionalmente ha sido por razones idiomáticas el gran caladero de estudiantes internacionales en España, y que puede tener más dificultades de cara al próximo curso. Un 43% de los estudiantes internacionales, prosigue Parellada, proviene de dichas regiones. La lista se completa con un 3% para los universitarios de EEUU y Canadá y un 8,6% para el emergente mercado asiático.

¿Qué hacemos?

La estrategia parece clara ya desde mediados de abril: aunque la presencialidad sea el escenario deseado, la alternativa es sugerir que, en el peor de los casos, el próximo curso podría arrancar de forma ‘online’ para que posteriormente se incorporase el resto de estudiantes de forma presencial. “Hay centros que ya ponen el acento en una primera parte ‘online’ del curso académico y, más tarde, otra parte presencial”, añade Parellada. “Todo el sector está patas arriba”.

Cambridge, por ejemplo, anunció a finales de mayo que el próximo curso no tendría clases presenciales. El impacto económico de una hipotética pérdida de estudiantes internacionales en países como Australia es sustancial: se calcula que el impacto del cierre de fronteras puede alcanzar los 2.762 millones de euros (al cambio). De ahí que, por ejemplo, entidades como IE promocionen Madrid en su página web como “un país inmunizado”, “una sociedad inmunizada”, al mismo tiempo que reivindican la sanidad madrileña. Cualquier esfuerzo por reducir la incertidumbre de los posibles estudiantes es poco.

Otro dato revelador es el gran número de estudiantes internacionales de máster, tanto en la universidad privada como en la pública, donde ahí cree Parellada que sí se puede notar, especialmente por el elevado número de alumnos latinoamericanos. Como recordaba un informe de la CRUE, el número de estudiantes de máster se ha más que duplicado en las universidades españolas durante los últimos años. Como recordaba el informe CYD, el porcentaje de estudiantes internacionales de grado en España es “mínimo”.

"Casi la mitad de los estudiantes internacionales en España son del campo de los negocios, administración y derecho, y salud y bienestar"

Olivella coincide en que el esfuerzo realizado por los estudiantes que se desplazan a otro país es elevado tanto económicamente como en otros aspectos (tiempo, dedicación, sacrificios), lo que condiciona las elecciones. “Es difícil hacer predicciones, porque es algo que vamos viendo día a día”, dice. “Por los casos de los que tengo conocimiento, casi sorprende que se mantenga el interés por venir, aceptando que se empezará el curso ‘online’. Mi impresión es que el interés no se ha afectado tanto como uno podría pensar, el hecho de que haya requisitos sanitarios es un hándicap, pero nadie puede con el interés de base que existe”.

Al final, como recuerda el profesor, sigue habiendo factores de peso, especialmente entre las titulaciones de doctorado o máster, que decanten la balanza por España en plena pandemia. No solo el clima o la cultura, sino especialmente la lengua —“muchos han estudiado español y lo quieren poner en práctica”— o el reconocimiento de estudiar en un centro con buena reputación o en el extranjero, como explica Olivella. “No son tanto los contenidos sino eso de que ‘si ha estado un año en Suecia, algo habrá aprendido’, algo que vale tanto para alumnos como para investigadores”.

¿Qué regiones y qué carreras?

Resulta también interesante comprobar cómo se dividen los estudiantes internacionales en toda España, porque permite a simple vista entender que no solo no se reparten equitativamente entre las privadas y las públicas sino también entre los centros que acaparan una gran cantidad de estudiantes y los que no. Muchas veces, en función de las especialidades. Hay mucha más presencia relativa de estudiantes internacionales en España en salud que en la OCDE, y menos en las áreas STEM. Como señala el informe CYD, “casi la mitad de los estudiantes internacionales en España se hallaban ubicados en el campo de los negocios, administración y derecho, y en el de salud y bienestar, lo que puede ser indicativo de una buena reputación de la educación superior española en estos campos”.

Navarra es la región con más estudiantes internacionales respecto al total por una sencilla razón: la Universidad de Navarra, donde llegan a suponer alrededor de un 25,5% del total. Algo semejante ocurre en Cataluña con la Ramon Llull. Si la provincia de Segovia suele quedar entre los primeros puestos, se debe al campus que el IE tiene allí. “Ocurre algo parecido con Salamanca, Valladolid o también Valencia”, añade Olivella. “Pero al final es algo proporcional al tamaño de las ciudades y a disponer de aeropuertos bien conectados”.

Una cuestión de dinero

Si tan importantes resultan los estudiantes internacionales, no se debe únicamente al aporte económico a las propias universidades, sino también el dinero que dejan en las economías locales y regionales. Según el informe ‘El impacto económico de los estudiantes extranjeros en España’, los estudiantes extranjeros gastan de media 1,51 euros en otros sectores de la economía española por cada euro que destinan a su formación. Un total de 783 millones de euros en el curso 2014-2015.

"Muchos chinos prefieren venir aquí inicialmente por la estabilidad del país, Latinoamérica tiene fama de sufrir bastantes problemas de seguridad pública"

La partida a la que, lógicamente, más dinero se destina es vivienda y manutención, seguida por viajes. Son los estudiantes estadounidenses los que más dinero gastan, con un total de 87 millones destinados a vivienda y manutención y otros 65 a viajes. Uno de los mercados crecientes, recuerda Olivella, es el asiático, entre otras cosas por el idioma: “La presencia china en Latinoamérica es importante, y muchos chinos prefieren venir aquí inicialmente por la estabilidad del país, Latinoamérica tiene fama de sufrir bastantes problemas de seguridad pública”.

De hecho, España parece haber asimilado parte de los estudiantes que en otras circunstancias habrían estudiado en EEUU. “Lo que ha pasado en los últimos años, aparte de que la polémica de visados es más dura, es Trump y sus comentarios sobre los inmigrantes”, prosigue el profesor. “¿Te vas a gastar una fortuna para ir a un país donde dicen que eres un desastre? Hay gente que ha mirado a Europa, donde hay centros 'top', pero es en el segmento central donde hay más actividad”. Además, se espera que el programa de supercampus europeos con 11 universidades españolas sea un importante espaldarazo.

“La internacionalización forma parte de los objetivos de la universidad. Esto se traduce en los estudiantes internacionales, pero no solo en esto sino en el peso de los profesores extranjeros en el país, en una oferta de titulaciones en idioma extranjero, en investigación internacional, en publicaciones cuyos autores en parte sean internacionales, en prácticas en el extranjero, en un conjunto de indicadores”, concluye Parellada. “El reto va a ser cómo mantener esta internacionalización. Haríamos un flaco favor si lo centramos solo en la movilidad de estudiantes o profesores”.

¿Y los erasmus?

España es el principal receptor en el programa Erasmus+, por lo que el Ministerio de Universidades dirigido por Manuel Castells ha adelantado ya ciertas medidas que se seguirán el curso que viene en relación con el programa. Este lunes se anunciaba que este continuará “con nuevas modalidades pedagógicas y de movilidad adaptadas a los diferentes escenarios de los países afectados por la pandemia”.

Como adelantaba el Ministerio, la Comisión Europea está valorando flexibilizar tanto la duración de los programas como en los costes, ante la posibilidad de que los programas se acorten. De igual manera que ocurre en el resto de la universidad, se baraja la posibilidad de arrancar el problema con actividades virtuales (sí, un Erasmus a distancia) que prosiga de manera presencial, a lo que han llamado ‘blended mobilities’. Cada curso, alrededor de 47.138 estudiantes (datos del curso 2016/2017), lo que nos sitúa muy lejos de Alemania (32.876) o Reino Unido (31.243).

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