Chapuzas y solidaridad vecinal para salvar al comercio del hogar: "Vendo el doble"
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Chapuzas y solidaridad vecinal para salvar al comercio del hogar: "Vendo el doble"

El comercio del bricolaje y mobiliario doméstico ve con asombro el aumento de clientes por la conciencia de barrio, el cierre de los centros comerciales y las necesidades de la pandemia

placeholder Foto: Los vendedores de Ferretería Javier trabajando esta semana. (Cedida)
Los vendedores de Ferretería Javier trabajando esta semana. (Cedida)

Durante muchos días de confinamiento, Sonia se ha visto echando el cierre para siempre de la tienda familiar de muebles que regenta desde hace cuatro años. Las facturas no entienden de cuarentenas y hacerles frente sin casi ventas dejó sus cuentas "prácticamente a cero".

"Tenía mucho miedo de tener un mes en blanco. Normalmente pagamos a 20 y 30 días y, claro, estábamos sin producir. El dinero lo tienes invertido en muebles que no vendes, y ese era mi problema y el de muchas tiendas", cuenta al teléfono desde su establecimiento, 'Muebles Lenza', en San Agustín de Guadalix (Madrid). "No he dejado ni un día de pensar en el negocio. Desviamos el teléfono, monté el despacho de la tienda en el salón de mi casa… Puse que atendía por todos lados: redes sociales, web… hasta por Tam Tam".

Esos días, cuando los pedidos venían con cuenta gotas, nunca imaginó que en mayo tendría el doble de ventas que el año pasado. Porque a medida que avanzaron las semanas, los pedidos se le fueron acumulando hasta llegar en algunos momentos a estar saturados. "He atendido hasta por las noches en sueños", cuenta ahora. "He salvado la crisis, no toco castañuelas, pero pensaba que esto iba a ser mi ruina... Fueron días muy angustiosos y ahora, por fin, podemos respirar un poco".

Pensaba que esto iba a ser mi ruina, fueron días muy angustiosos y ahora, por fin, podemos respirar un poco

Primero, fueron las sillas de trabajo y mesas de ordenador: "A mediados de abril, cuando se vio que lo del teletrabajo iba para largo, mucha gente empezó a comprar mobiliario de oficina porque estaban trabajando en las sillas del comedor". Después llegaron los sofás y colchones, cuando las horas de confinamiento pasaron factura a articulaciones poco acostumbradas a estar tanto tiempo en casa. "Mucha gente se ha dado cuenta de que tenía muebles muy malos. Que estaban bien para pasar un par de horas al día, pero no tanto tiempo. Así que con lo que han ahorrado estas semanas sin salir, lo están invirtiendo en el hogar", cuenta Santiago Gallego, presidente de la Asociación de comercio del hábitat de Madrid.

placeholder Santiago Gallego en su tienda de muebles de hogar. (Cedida)
Santiago Gallego en su tienda de muebles de hogar. (Cedida)

Las compras fueron creciendo surgidas a veces de la necesidad de la pandemia. "Hemos vendido bastantes colchones para matrimonios en los que uno se ha puesto malo y, como tenía que estar en aislamiento, el otro tenía que dormir en el pasillo o en el despacho", añade Gallego desde su tienda 'Noel', en el barrio madrileño de San Blas-Canillejas.

Tanto los gremios del comercio del mueble, como el de electrodomésticos y el de ferretería comparten que la situación es más optimista de lo que auguraban a medida que avanza la desescalada. El tiempo en casa ha acuciado las necesidades, despertado 'hobbies' y recuperado chapuzas pendientes, que se concentran en el pequeño comercio por el cierre de centros comerciales y un nuevo sentimiento de barrio surgido de la solidaridad que (a veces) provoca la pandemia.

No es el caso de todos los comercios, porque cualquier venta depende de factores como la situación geográfica y el tipo de clientela del entorno. "En mi caso se ha notado una venta en los pedidos por internet, pero de la calle no entra prácticamente nadie, también porque este es un barrio muy turístico y ahora mismo no hay ese público. Tampoco los clientes que me venían de las afueras de Madrid y entraban cuando paseaban por aquí", cuenta Margarita, que regenta 'K'alido Decor' un comercio de decoración y muebles de hogar cerca de Huertas, zona tradicional de ocio ahora desierta de actividad. "Eso sí, el teléfono no para de sonar en todo el día, aunque sobre todo para cosas pequeñas, decoración o muebles auxiliares, aunque las ventas están muy lejos de las de otros años".

A 37 kilómetros de allí, donde tiene su tienda Sonia, se suma otro factor: los centros comerciales estarán cerrados hasta la fase 2, así que toda la población que recurría a los cercanos Ikea o Leroy Merlín, optan ahora por ir cerca de casa. "Y tampoco quieren trasladarse en coche a sitios más grandes, así que preguntan a algún conocido y nos buscan en internet o en el foro del pueblo".

Ya son varios que nos han dicho que han aguantado a que abriéramos para venir porque no querían comprar por internet

"Aquí también se nota el cierre de los centros comerciales", afirma Rafael en un hueco atendiendo pedidos de su franquicia de Tien21 situada en la avenida de la Albufera. "Es una locura, hemos empezado mucho mejor de lo que esperábamos. Pero, sobre todo, creo que es porque los clientes están muy concienciados con la importancia del comercio de proximidad. Ya son varios que nos han dicho que han aguantado a que abriéramos para venir porque no querían comprar por internet". En su caso, han subido las ventas un 25% respecto a mayo de 2019.

El consumo de las últimas semanas es un buen reflejo de las distintas preocupaciones que ha ido pasando la sociedad. Al principio, en esta tienda al sudeste de Madrid capital lo que más vendían eran congeladores para almacenar en tiempos de incertidumbre. También termos de agua caliente, que no aguantaron el aumento de la actividad dentro de casa. Ahora, lo que más se demanda son pequeños electrodomésticos, sobre todo los de la sección de cocina. "Batidoras de mano, amasadoras, pesos… Y también aires acondicionados ahora que viene el calor", cuenta Rafael.

placeholder Ferretería Chamartín, en Bravo Murillo. (Facebook)
Ferretería Chamartín, en Bravo Murillo. (Facebook)

"En general lo que estamos viendo es que la agente ha aguantado el confinamiento, no ha tirado de mercado 'online' a no ser que se les rompiese algo", explica José Manuel Fernández presidente de ACEMA, asociación que reúne al sector del electrodoméstico y de muebles de cocina.

Además, muchas tiendas tuvieron que cerrar totalmente tanto física como virtualmente si no podían acudir al almacén para enviar los pedidos. "Y ahora la gente está respondiendo yendo al pequeño comercio porque se han sensibilizado. Primero fue con la alimentación y ahora con nosotros. Además de que es lo más cercano porque está en el barrio y seguimos sin movernos mucho", añade.

A Alberto, encargado de 'Ferretería Chamartín' situada en la calle Bravo Murillo desde 1934, más de una decena de personas le han pedido que no cierre: "Nos dicen que van a seguir viniendo a comprar. Viene mucha gente nueva, me ha sorprendido mucho". Ahora venden sobre todo mascarillas, guantes, viseras y productos de limpieza y desinfección, pero también mucho bricolaje, aprovechando que los AKI o Leroy Merlín cercanos no son ahora competencia. "La gente ha echado de menos el cierre de las ferreterías porque se podían haber hecho muchas cosas de bricolaje en casa durante el confinamiento. Por eso ahora estamos vendiendo mucha pintura y cosas para arreglar el hogar. También hemos notado que la gente ha estado viendo muchos videotutoriales de bricolaje y te piden más asesoramiento para hacerlo ellos mismos en casa".

La gente ha echado de menos el cierre de las ferreterías porque podían haber hecho cosas durante el confinamiento

"En mi tienda nos están dando hasta propinas", cuenta Javier Fresneda, dueño de la Ferretería Javier, en Torrejón de Ardoz mientras se quita la mascarilla y la visera que usa para atender y ponerse al teléfono. "Estamos muy contentos, en mayo hemos aumentado un 50% la afluencia de gente y un 10% en facturación por encima que el año pasado, que fue bueno. No hemos tenido que hacer ERTE, pero hemos atendido como hemos podido".

Si en la antigua normalidad a su tienda acudían unas 300 personas diarias, este miércoles, por ejemplo, despachó a 420. Parte del mérito lo atribuye a la atención que han dado en los peores momentos. "Si te llamaba una señora mayor que se le había fundido el fluorescente, ¿qué ibas a hacer, no se lo cambias? ¿Y si no te lo puede pagar en el momento, o solo una parte, la dejas sin él? Por eso ahora la gente está respondiendo, porque hemos estado ahí. Y para los sanitarios los primeros, al menos en nuestro caso", cuenta Fresneda, también vicepresidente del gremio de Ferreteros AGREFEMA.

Al principio se vendieron sillas de ordenador y congeladores. Ahora, bricolaje y aparatos de cocina

En su caso, por donde más se han movido ha sido por Facebook y, sobre todo, Instagram. "Por ejemplo con las mascarillas, subimos todos los modelos que teníamos y la gente nos encargaba la que quería y venía a por ella", explica. Muchos han aprovechado el cierre físico para reinventarse en sus canales 'online'. "Gente que no tenía ninguna formación en marketing 'online' lo ha estado desarrollando. Sobre todo no se implementaba por desconocimiento del canal, pero con esto muchos empresarios se han dado cuenta de que estaban perdiendo ingresos por ahí", explica Gallego, de Habitat.

Sin embargo, a Fresneda este canal no le funciona tanto como el boca a boca y el 'estar ahí': "Para nosotros internet es imposible porque no podemos competir con Amazon, nos ha hecho muchísimo daño. Por eso preferimos movernos a nivel local y que la gente nos conozca por redes y venga. Ganarles en la atención", explica.

"Al final, lo que le interesa a la gente es que le resuelvan problemas, y eso es lo que siempre hemos hecho los ferreteros", cuenta. "Ahora ha cambiado totalmente la mentalidad y la sociedad está volviendo al pequeño comercio. Y ojalá se quede, tendríamos que ser muy torpes para no saber atenderlos ahora".

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