EL COVID-19 ENTRE REJAS

Familiares y presos se vuelcan para mantener las prisiones libres del coronavirus

Instituciones Penitenciarias solo confirma un caso entre los funcionarios que trabajan en las cárceles y ninguno entre la población reclusa, que de momento se mantiene al margen de la crisis

Foto: Centro penitenciario de León. (EFE)
Centro penitenciario de León. (EFE)

Los presos son un colectivo vulnerable. Gran parte de ellos están sometidos a tratamientos de diferente gravedad, toman pastillas, necesitan medicación o acuden a revisiones periódicas para seguir en un estado de salud aceptable. La propagación del coronavirus en los centros penitenciarios, por lo tanto, podría llevarse por delante una cantidad importante de vidas. Por eso el Ministerio del Interior estableció un plan especial para aislar a la población reclusa y a los funcionarios de prisiones que trabajan con ella.

La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias ordenó el pasado 10 de marzo restringir el acceso de personal externo a los centros penitenciarios de la Comunidad de Madrid, Álava y La Rioja, zonas que en ese momento registraban mayor número de casos. "Se suspenden todas las visitas que no se realicen a través del locutorio", estableció el organismo responsable de gestionar todas las prisiones de España salvo las catalanas, que tienen las competencias transferidas al Gobierno autonómico. Además, la Secretaría General prohibió los traslados entre centros con el fin de evitar que el virus pasara en un momento dado de una prisión a otra.

La medida de momento parece haber dado resultado. Hasta la fecha ha habido tan solo un caso de contagio por coronavirus, el de una técnico de jardín de infancia que trabaja en la cárcel de Aranjuez (Madrid VI). Durante un primer momento, un susto hizo saltar todas las alarmas. En el mismo centro, dos madres y sus tres hijos comenzaron a presentar síntomas compatibles con el Covid-19. La dirección de la instalación llamó al 112, pero la Consejería de Sanidad no pudo enviar especialista alguno, ya que estaba saturada con cientos de casos.

Los servicios médicos del centro, sin embargo, hicieron un seguimiento cercano a los cinco afectados, que fueron confinados en sus respectivas celdas con el fin de que no pudieran propagar el virus en el caso de que lo hubieran desarrollado, extremo que finalmente no se ha confirmado, dado que dos de los tres pequeños ya no tienen fiebre y el que aún presenta una temperatura alta podría registrarla por un problema de bronquios ajeno al coronavirus, según explican fuentes de Instituciones Penitenciarias. En esa misma prisión, tres funcionarios se fueron a casa porque presentaban malestar, pero de momento no existe confirmación de que se hayan contagiado, aseguran las mismas fuentes.

Colaboración de las familias

El personal que trabaja en los centros penitenciarios, añaden, está haciendo "una labor pedagógica" con los reclusos. Los funcionarios les explican a estos últimos que ya no pueden ir al gimnasio ni congregarse para llevar a cabo actividades sociales o culturales dentro de los centros, ya que todos estos actos han sido cancelados. También les indican que no podrán ser trasladados a otras instalaciones, aunque ya estuviera acordada la medida, porque no es recomendable salir ni entrar a menos que seas personal de la instalación o tu labor sea fundamental. La colaboración de las familias, continúan las mismas fuentes, es fundamental para que todo esto se desarrolle con normalidad.

Tan solo algún caso puntual rompe esta buena disposición de los reclusos. El preso Mariano Torres Fernández —con antecedentes penales por tirar por las escaleras del metro a una persona, atracar, robar y lesionar, entre otros delitos— se lio el pasado miércoles a puñetazos con un funcionario de prisiones. El interno ingresó la tarde de ese mismo día en la prisión de Valdemoro para pasar la noche antes de continuar su viaje hasta el centro penitenciario de Villabona, en Asturias, donde cumplirá su última condena. Lo que iba a ser una estancia breve en la instalación madrileña, sin embargo, se convirtió de repente en dos semanas por la restricción de los traslados acordada por Instituciones Penitenciarias.

La decisión no gustó en absoluto a Torres Fernández, ya que le obligaba a ser realojado en el módulo de aislamiento. La violenta reacción del recluso tras conocer que pasaría 14 días en Valdemoro aislado provocó un "eritema y una erosión en el pómulo y en la nariz" del empleado público golpeado, que consiguió contener al nuevo inquilino gracias a la ayuda de un compañero. Torres Fernández está calificado como interno de primer grado por el artículo 91.2 del Reglamento Penitenciario, que establece que "serán destinados a centros o módulos de régimen cerrado aquellos penados que muestren una manifiesta inadaptación a los regímenes comunes". Un día después de la agresión, el preso se tragó dos cuchillas y fue trasladado al hospital, donde aún se encuentra grave aunque fuera de peligro.

Además del positivo en coronavirus que arrojó la mencionada técnico de jardín de infancia de la prisión de Aranjuez, Instituciones Penitenciarias registró otro caso se coronavirus ayer, aunque ya fuera de los muros de las cárceles. Un centenar de personas fueron desalojadas de uno de los edificios dependientes del Ministerio del Interior después de que se descubriera el caso con el fin de desinfectar todo el centro de trabajo. En concreto, el trabajador pertenece a la Entidad Estatal de Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo, organismo dedicado a facilitar la integración de los reclusos cuyas oficinas están ubicadas en pleno centro de Madrid. El funcionario contagiado, de hecho, no tiene relación con los presos, por lo que no existe la posibilidad de que haya pasado el virus a interno alguno.

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