Le han puesto una multa de 720 euros

La tragedia personal detrás del robo de 40 estimuladores de clítoris

Vanessa tiene una hija de 20 años. La joven tuvo que abandonar el domicilio porque su madre, enferma de esquizofrenia paranoide, le robaba todo, hasta la colonia

Foto: Foto de Vanessa
Foto de Vanessa

Vanessa tiene 40 años. Esta semana se ha hecho famosa al robar, al descuido, una caja que contenía cuarenta Satisfyers, los famosos estimuladores de clítoris, en un tienda de un pueblo de Alicante. El asunto ha provocado todo tipo de chanzas, sobre todo después de saber que regaló una docena a unas mujeres del barrio que los utilizaron para darse masajes en las varices. Cuando averiguaron cuál era su verdadero uso los arrojaron al suelo escandalizadas.

Sin embargo, tras el hurto valorado en unos 2.000 euros se esconde un auténtico drama. Con solo 17 años a Vanessa le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. "Ella está cobrando una paga de 365 euros no contributiva", cuenta Lola, su madre. "Yo voy tirando y sacándola adelante como puedo, con mucha lucha. Ella lleva su tratamiento, su psiquiatra, su medicación todos los meses, pero de dos años para acá se me ha metido en las drogas. Me están ayudando bastante los servicios sociales de Redován, Alicante, donde vivo, pero me dijeron que tenía que inhabilitarla porque a cualquier centro que yo la llevaba a desintoxicarse, a los dos días ella les decía que se iba y no lo podían impedir. No la podían retener".

"Ella es muy buena persona cuando está bien, pero cuando mezcla la droga, el alcohol y la medicación es una bomba de relojería"

Vanessa tiene una hija de 20 años. La joven tuvo que abandonar el domicilio porque su madre le robaba todo, hasta la colonia. También el hermano de la enferma abandonó el domicilio familiar y se alquiló un piso. La situación era insostenible. "Me roba en casa, tengo cerraduras por todas las puertas para que no me quite más", explica Lola. "El otro día se llevó el aire acondicionado valorado en 500 euros, gracias a Dios lo he recuperado. Lo estoy pasando muy mal. Esta mañana me ha soltado un guantazo. Por las noches tengo que dormir encerrada, bajo llave, porque tengo miedo a que me haga algo. Ella es muy buena persona cuando está bien, pero cuando mezcla la droga, el alcohol y la medicación es una bomba de relojería".

A Lola le cuesta vivir. Se le inundó la casa tras la Dana y todavía no ha logrado recuperarla entera. Las humedades parecen invitadas a perpetuidad. Fue estafada por una empresa dedicada a la salud bucodental. Cerraron y le dejaron media boca sin dientes, toda la parte de abajo. Cobra 400 euros de ayuda de la Generalitat, pero esa cantidad se estira lo justo para comer, pagar el agua y la electricidad. "Y ahora me llega esto. Mi hija llevaba dos o tres semanas que pasaba siempre por la misma tienda y al descuido cogía una prenda y se la llevaba".

Foto del momento del robo
Foto del momento del robo

"La Guardia Civil me dijo que la tenían grabada, pero como eran cuatro o cinco euros no hacían nada", prosigue Lola. Esta semana volvió a pasar por allí y, como se ve en las imágenes, se lleva una caja sin saber qué era. "Cuando abrió la caja, se encontró la sorpresa esa y entonces le regaló algunos a varias personas. De ahí se fue a ver a un masajista amigo suyo, y dejó allí varios para que le dieran 10 euros por ellos. Mi hija no sabía lo que eran esos chismes ni para lo que valían. Los que le sobraron, unos veinte, los trajo a casa. Yo cuando la vi le dije: ¿Esto que es lo que es?". Lola cuenta que, sin esperar respuesta se los quitó y los guardó en una habitación bajo llave. "A media noche se los quería llevar todos. Le dije que no, que los quería entregar al día siguiente yo en el puesto de la Guardia Civil. Al final se puso muy bruta y logró llevarse tres", agrega.

En la puerta del bloque la esperaban dos agentes y le dan el alto. "Yo salgo con batín y todo y le digo a los guardias: ¿Qué pasa? Ustedes tranquilos que el material lo tengo yo para entregarlo mañana por la mañana. Es que era muy tarde para ir al cuartelillo", afirma esta mujer. Lola aprovechó y devolvió todos los Satisfyers. A la mañana siguiente, cuando pensaba que su cupo de mala suerte ya estaba cubierto, recibió otra mala noticia: "Me ha llegado una multa. La Guardia Civil la paró y le encontró dos dosis: una de heroína 0,15 gramos y otra de cocaína 0,18 gramos. Le han puesto una multa de 720 euros. ¿De dónde creen que voy a pagar yo esto si cobro 400 euros al mes? Que vayan a por los que se la venden".

La única esperanza de Lola es que el fiscal le firme la incapacidad de su hija. Con su rúbrica puede ingresarla en un centro para que se recupere. "Como se ha hecho tan famoso el robo de los estimuladores de clítoris esos, me fui a verle y le dije: "Ha sido mi hija. Si me tengo que arrodillar para pedirle su firma e incapacitar a mi hija, lo hago", pero él me respondió: "No mujer, este próximo lunes o martes lo vamos a solucionar". Lola tiene miedo a que sea una promesa vacía.

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