UN DÍA EN EL REINO DE JÁCOME

Memorias secretas del alcalde de Ourense: antipolítica enloquecida de provincias

Ganó la alcaldía tras años denunciando histriónicamente la corrupción y la parálisis en la región. Hablamos con él -y con sus críticos- y descubrimos su biografía juvenil oculta

Foto: Gonzalo Pérez Jácome en su despacho con el bastón de mando (EFE)
Gonzalo Pérez Jácome en su despacho con el bastón de mando (EFE)
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-Traigo un sobre para el alcalde.
-Dame.
-Es que se lo tengo que entregar en persona.
-Ah...
-No, no es lo que parece… Ja, ja, ja.

Todo el mundo ríe en la antesala al despacho del alcalde de Ourense. No es para menos: a nadie se le pasa por la cabeza que Gonzalo Pérez Jácome (Orense, 1969), que llegó a alcalde como azote de la corrupción, reciba mordidas.

Jácome, el justiciero que hostigó a los políticos desde platós (es el dueño de una tele local) y juzgados. El comunicador deslenguado que cargó contra los funcionarios (“el 90% entraron por enchufe”; son la “mafia del escaqueo”). El concejal punk que llamó “psicópata” en su cara al político más poderoso de la región (Baltar) y calificó a la Policía Local de “mafia”. El experto en montar broncas en los plenos municipales. El ciudadano indignado dispuesto a acabar con la endogamia, la picaresca y la parálisis de una región en decadencia. El protagonista de una biografía oculta sobre gamberradas, loqueros y falsificaciones...

Orense como enclave del Lejano Oeste en el que el ‘loco’ del pueblo amenaza con tirar de la manta… y llega a sheriff. El torbellino en el lugar donde nunca pasa nada.

Show must go on

Seis meses después de la llegada a la alcaldía de Jácome, al frente del partido Democracia Ourensana, es hora de preguntarse: ¿Ha pasado de los exabruptos a los hechos? ¿Está levantando las alfombras? Digamos que las cosas nunca son tan sencillas en Ourense.

Al nuevo alcalde hay que reconocerle, eso sí, haber mantenido un gran sentido del espectáculo.

El primer día en el cargo fue multado por la Policía Local por aparcar mal (algo que él niega vehementemente).

La conversación favorita de los orensanos ahora mismo es idea de Jácome: construir “el rascacielos más grande de España” -con 80 plantas y 300 metros de alto- a las afueras de la ciudad. Idea que defendió de un modo peculiar: “No me digas que no quedaba bien un francotirador en un rascacielos”.

El alcalde Jácome, por tanto, sigue practicando el humor negro (gallego) típico del opositor Jácome: “Si tuviera el botón nuclear lo estaría pulsando todo el día”, dijo en 'CTXT' este verano. En principio, era broma.

Lo que no es un chiste es lo siguiente: a) Jácome es uno de los grandes francotiradores de la antipolítica en España. Un pionero. b) Haríamos mal en tomárnoslo a broma/minusvalorarle. Ha demostrado varias cualidades políticas durante su escalada a la alcaldía: obstinación, instinto para detectar el desapego ciudadano hacia sus representantes públicos y habilidad para sortear rivales en un ecosistema cerrado, de intereses cruzados y trampas para novatos como es la política en la provincia de Orense. Todo ello saliendo prácticamente de la nada, aunque con la ayuda de una televisión local, Auria TV, cuya creación para la agitación política fue una de sus mejores ideas.

Jácome llegó al poder de un modo estrepitoso: pactando con el político del PP al que había calificado de “patético”, “loco” y “psicópata con corbata” durante un debate del estado de la provincia: José Manuel Baltar, de los Baltar de toda la vida, saga familiar que controla la Diputación de Orense desde 1987. Cuando todo parecía que los Baltar iban a perder el poder 32 años después, el regenerador Jácome llegó a un acuerdo con Baltar hijo que pilló desprevenido al PSOE (que ganó las elecciones en la ciudad de Orense en las municipales de mayo, pero no fue capaz de urdir una mayoría). Jácome y Baltar se apoyaron mutuamente: para ti la alcaldía; para mi la diputación.

Si esto fuese ‘Juego de Tronos', ahora manda el dragón

El periodista Javier Rey (‘La Región’) narró así la investidura de Jácome: "'Y ahora, qué hago'. La pregunta de Gonzalo Pérez Jácome tras coger el bastón de mando... resonó en el Salón de Plenos. 'Madre mía, madre mía', se había escuchado un momento antes, en un misterioso murmullo que alguno quiso atribuir al alcalde saliente –complicado, tenía el micrófono apagado– y otros, malpensados, al entrante. A esas alturas del pleno de investidura ya se podía intuir con garantías que la nueva temporada de la política de la ciudad promete episodios brillantes. Si el Concello de Ourense fuese una serie de televisión, tras cuatro años tumultuosos pero con falta de ritmo, los guionistas le han dado una vuelta al tema situando al personaje 'destroyer' al frente de las tramas. Si esto fuese ‘Juego de Tronos", ahora manda el dragón”.

Hablamos con el alcalde Jácome en su despacho. Primeras impresiones: el dragón hoy no echa fuego.

PREGUNTA. De agitador a figura institucional. ¿Cómo ha hecho para cambiar de rol?

RESPUESTA. Mucha gente dice en redes que sigo hablando como opositor. Es verdad que es el momento de dejar de criticar y empezar a hacer, aunque me siga saliendo la vena de criticón.

P. Su aterrizaje en el Ayuntamiento ha sido complicado: uno de sus puntos fuertes era la crítica a la burocracia administrativa. El primer día de su alcaldía, un agente le multó por dejar el coche mal aparcado junto al consistorio…

R. Eso fue una anécdota: dejé el coche aparcado en una plaza de uso exclusivo del alcalde… y va y me multa.

P. ¿Le multaron como castigo por haber criticado a la Policía Local?

Los que diseñaron este sistema eran burócratas enfermos. La administración española va a ser nuestra tumba. O la cambiamos o España se muere

R. No, fue una prevaricación del agente. Es igual. Mi primera medida fue que todos los funcionarios ficharan y entraran a su hora. Estoy aquí para intentar arreglar la burocracia, pero muchas leyes son estatales. Si yo diseñara el Estado de cero, cambiaría el sistema funcionarial. Pero como se dice en Galicia: con estos bueyes hay que arar.

P. Pero dado que antes de ser alcalde cargó contra el funcionariado, ¿cómo le recibieron ahí dentro? ¿Ha notado cierta tensión?

R. No, no, algunos se mosquearon, como la Policía Local, porque mantuve las críticas al cuerpo. Muchos están en guardia, pero en general nos llevamos bien. Criticamos el sistema funcionarial, pero me quito el sombrero ante la profesionalidad de una gran parte de los funcionarios. Pudiendo escaquearse -y siendo funcionario es fácil escaquearse, por desgracia no tiene coste- muchos deciden no hacerlo.

P. ¿Ha cambiado su visión de la administración tras verla por dentro?

R. Sí, está mucho peor de lo que pensaba. Es algo impresionante. Para contratar un jefe de personal llevamos cinco meses. Es algo enfermizo. Los que diseñaron este sistema eran burócratas enfermos. La administración española va a ser nuestra tumba. Portugal nos va a acabar superando. Si no cambiamos la burocracia española, que es enfermiza, no podremos competir con nuestros vecinos europeos. Si la persona más poderosa del país (Pedro Sánchez), tarda un año y medio en mover un ataúd de un sitio público, en lugar de seis días (alegaciones incluidas), es que el sistema no funciona. No es culpa mía, es culpa del sistema, que es el peor del mundo. O lo cambiamos o España se muere.

Una vida patética

Lo contó el diario ‘AS’ en 2002: “El atleta orensano Gonzalo Pérez Jácome ha finalizado la subida al edificio Empire State de Nueva York, aunque con un tiempo discreto, en su primera participación en esta clásica prueba anual de resistencia física”. 86 pisos y 1.576 peldaños. Jácome fundaría luego una carrera similar en el Hotel Bali de Benidorm. He aquí uno de sus grandes hitos biográficos, según la web de Democracia Ourensana, que le califica de “emprendedor local”, como propietario de Auria TV y encargado de Jolper Música, exitoso negocio de instrumentos musicales fundado por sus padres hace medio siglo y que distribuía en España la mítica guitarra Gibson.

Dice un reportero de la zona que Jácome “es un pijo de derechas”. La afirmación debe matizarse para entenderse: ni es lo que en Madrid entendemos por un pijo (las capitales de provincia tienen su propia fauna) ni la desahogada economía familiar le valió automáticamente para integrarse en sociedad.

Jácome siempre ha tenido un colchón económico sobre el que caer, pero también problemas para adaptarse al sistema.

Puede sonar extraño ahora que ha llegado a alcalde, pero Jácome es un inadaptado (versión: tipo raro). Se dice que tiene muchas contradicciones políticas, pero su conversión en antipolítico es un colofón biográfico coherente: siempre ha chocado con las instituciones. No hay pose. No es un producto de laboratorio. Hay un resquemor genuino.

O cuando la biografía da sentido a la trayectoria política.

Portada del libro
Portada del libro

El documento definitivo para entender el jacomismo es un libro llamado ‘Me informaron mal’, memorias de un tal Gudinsalvo Ferreira publicadas en 2011 en Orense. Noticia: Gudinsalvo Ferreira es Gonzalo Pérez Jácome, según fuentes cercanas al alcalde. El libro se publicó bajo seudónimo antes de que Democracia Ourensana entrara en el Ayuntamiento.

El libro estuvo unos meses en las librerías de Orense, no vendió casi ejemplares (solo el círculo íntimo de Jácome sabía quién estaba detrás), se retiró de la circulación y nunca más se supo. No se menciona en la web de Democracia Ourensana. No hay ejemplares ni en las bibliotecas ni en las librerías de Orense. Lo que sí hay son copias en la Biblioteca Nacional, donde se deposita cualquier título publicado en España. Así que lo hemos leído.

[La lectura del libro se produjo después de la entrevista al alcalde en su despacho. Preguntado hace dos días por el contenido de la biografía, Jácome respondió a través de su departamento de prensa: "No hace comentarios sobre un libro que se retiró hace años, es apócrifo y no se sabe quién lo escribió, aunque se le adjudique a él"].

Escrito por Jácome o por un 'negro', el relato en primera persona coincide con la vida juvenil del ahora alcalde. En el libro, por cierto, aparece un contacto de la editorial que lo publicó: es el número de teléfono de Jolper, la tienda de música de la familia de Jácome.

Más allá de las descripciones de sus amores juveniles, lo más interesante del libro -que en algunas fichas técnicas de internet aparece subtitulado como ‘La patética historia de Gudinsalvo Ferreira’- son las colisiones del joven Ferreira/Jácome contra dos enormes instituciones: el colegio y el ejército.

Ferreira/Jácome estudió en los Maristas, aunque quizá “estudió” sea mucho decir. Se dedicó a hacer el gamberro, a tripitir y a batir varios récords de suspensos -en 1º de BUP fue el único entre 130 alumnos en suspender todas las asignaturas del curso- antes de ser expulsado. Si un viajero del futuro le hubiera dicho a los curas que Jácome acabaría de alcalde varias décadas después, le hubieran tomado por un tarado.

En resumen, Ferreira/Jácome admite en el libro que era un poco hooligan y que no pegaba un palo al agua, pero achaca su fracaso al sistema: los profesores le tenían manía y el modelo educativo era incapaz -por rígido- de sacar partido a inadaptados como él.

Nuestro prohombre hizo la mili en la armada. Le fue peor que en el colegio. Incapaz de encontrar sentido a aquello, decidió comportarse de un modo disparatado con la esperanza de que el ejército le diera por imposible.

“Aseguraban que el ejército era especialmente severo con quienes fingían. Muchos me aconsejaban que sería un locura fingir estar loco, valga la redundancia, pero yo no aceptaba tópicos como ‘esto no puede hacerse’… Tampoco aceptaba frases como ‘si fuera tan fácil todo el mundo lo haría’: el mundo está lleno de muchas oportunidades sencillas y prácticas esperando que alguien se decida”, cuenta en el libro.

Jácome/Ferreira dice que les tomó el pelo a todos; los militares creían que estaba loco de verdad

Ferreira/Jácome perpetró varias performances -saludaba a los oficiales llevándose la mano al paquete- que hicieron verosímil su demencia. Las autoridades le tomaron por loco y acabó en un hospital militar, donde dobló la dosis de astracán: tras ser ingresado, dijo que era un 007 italiano. “Me permitieron hacer una llamada a mi familia. Fui muy escueto: ‘¡Mama soy yo, ya no estoy en el cuartel, me ingresaron en el psiquiátrico de la armada! ¡Ya te llamo cuando salga!”, escribe.

“La armada española procedió a mi expulsión inmediata del ejército. Causa de la expulsión: psicosis profunda… Y allí estaba yo a mis 18 años, con un macuto a la espalda, todo el mundo por delante, y con un certificado de psicosis profunda en el bolsillo. ¿Acaso puede pedírsele algo más a la vida?”, recuerda con retranca gallega.

Ferreira/Jácome dice que les tomó el pelo a todos; los militares creían que estaba loco de verdad.

“Regresé a mi ciudad donde, por supuesto, todos creían más la versión médica que la mía. Preocupada, mi madre llamó al hospital militar. Le recomendaron que debía ponerme a tratamiento urgente. Le dijeron que de los cinco médicos que habían visto mi caso, cuatro estaban seguros del diagnóstico, y el quinto aseguró: ‘Quizás haya fingido, pero alguien que finge así tienes que estar mal’. Yo estaba feliz. Era la primera vez que obtenía un éxito personal. Y no uno cualquiera, uno contra el sistema”, narra.

Tras sus aparatosas expulsiones de la escuela y del ejército, decidió irse a EEUU a estudiar sonido, pero había un problema: como solo tenía el graduado escolar, no podía acceder a ningún curso universitario estadounidense. Así que, según sus memorias secretas, falsificó su titulación. Ningún papel de la burocracia educativa española iba a impedirle saltar el charco para formarse.

Según sus memorias secretas, Jácome falsificó su titulación para poder estudiar en EEUU

“Lo reconozco, llegué a pensar que podría ser un inconveniente [tener solo el graduado escolar], aunque luego me dije: ‘Ya lo solucionaré’, al fin y al cabo, las artimañas existen para momentos así. Era una de mis características de entonces, cuando quería hacer algo pensaba cómo conseguirlo, no me disuadían los obstáculos... COU, nivel de inglés… ¡Qué pesados! Yo no tenía nada de eso. Debía poner toda la carne en el asador… Antes de mi salida del ejército, tomé ‘prestados’ unos folios con membretes sellados por la marina, ‘nunca se sabe para qué pueden hacer falta’, me dije. Aquellas credenciales falsas, eran auténticas falsificaciones, listas para ser cubiertas, debían suponer mi salvoconducto; puse mi nombre, puse los títulos y envié el sobre. Unas semanas más tarde, una universidad americana confirmó mi admisión. Hay muchas formas de hacer las cosas, y esa había sido la mía, y dicen que nadie debe volverse por la senda recorrida”, zanja el libro.

Las memorias, por cierto, se abren con esta advertencia: “Prácticamente basado en hechos reales”.

En 2009, Jácome dijo lo siguiente en ‘La Voz de Galicia’: “Es cierto que me expulsaron [del instituto] de forma ilegal… Lo hicieron algunos profesores que decían respetar las leyes y las normas, por eso desde entonces a los progres no los aguanto”. No debe ser bueno saltarse las leyes y las normas pues.

¿Enchufados por amigos?

Los críticos más ácidos del Jácome alcalde sostienen que está cambiando una endogamia por otra: o sustituir a los “enchufados” por sus “amigos”. Ha doblado de golpe el número de asesores municipales (dicen que nunca hubo tantos) y quiere contratar a cincuenta nuevos trabajadores para puestos cualificados. “Ha colocado a todos sus amigos, algunos de ellos muy íntimos”, según un periodista local que prefiere no dar su nombre.

“Jácome no entiende el concepto de función pública. Un funcionario no es un enchufado. No se puede sostener un Estado solo con eventuales”, cuenta el escritor y periodista orensano Juan Tallón.

El alcalde no entiende el concepto de función pública. Un funcionario no es un enchufado

Lo que está claro es que el Concello de Orense tiene un problema de personal y el partido de Jácome -Democracia Ourensana- otro de falta de cuadros. “Jácome está nervioso porque no tiene experiencia en gestión política, va a tientas y no está logrando que le salgan las cosas”, explica un reportero local que también habla bajo anonimato.

“El alcalde tampoco entiende que la cultura no es rentable en términos automáticos. La cultura es para el disfrute de la ciudadanía, pero para él es solo tirar el dinero”, añade Tallón. Y es cierto que a Jácome le obsesionan las subvenciones culturales, hasta el punto de situarlo como origen de su “gusanillo político”. Habla el alcalde:

P. ¿Cuándo empezó usted a interesarse por la política?

R. Tenía 22 años e iba a actuaciones de grupos folk en las plazas de los pueblos. Grupos que costaban 500.000 pesetas e iban a verles 20 personas. Yo me decía: ‘¡Ostras! Si divides lo que cuesta este grupo entre 20 personas, sale más caro que traerte a una banda desde EEUU’. Algo no funcionaba con las subvenciones. Empecé a cuestionarme el uso del dinero público. Luego llegaron las subvenciones millonarias a los clubes de baloncesto de la zona. No tenía sentido. El dinero público debe gastarse en lo fundamental. El show business que lo pague el espectador.

Ourense, paraíso jubilado

El segundo gran motor de su vocación política fue “la discriminación de Orense”. “Me dejó alucinado que Teruel Existe sacara un diputado. ¡Nuestro germen fue el mismo! Luchar contra la discriminación de Orense. Discriminación estatal y autonómica. Lo llevamos años reivindicando, aunque nuestro mensaje no ha llegado tan lejos como el de ellos”, cuenta el alcalde.

¿Está discriminada Ourense? ¿O se sostiene a base de ayudas? Discriminada o no, Orense muy bien no va.

Durante sus largos años de escalada -de partido de tres amigos a la alcaldía- Democracia Ourensana se dedicó a tocar insistentemente dos teclas: el agravio local y el desapego hacia la política, fórmula irresistible que se acabaría poniendo de moda años después… en medio mundo. La doctrina Jácome podría resumirse así: Orense como provincia discriminada y en decadencia por culpa de unos políticos corruptos e ineficientes.

Su denuncia tocó fibra sensible porque tenía base real. Orense es una provincia en caída libre. Su población (2018) es de 309.293 habitantes (el 34,1 % viven en la capital), pero lleva perdiendo habitantes desde 1940. En 1900, vivían 419.655 personas. Desde 1978 ha perdido 122.000 habitantes. La media de fugas durante esta década es de 9 vecinos al día, muchos de ellos jóvenes forzados al exilio laboral. Orense se convirtió en 2016 en la provincia más envejecida del país con más de 50 años de media (la media de edad era de 37,5 años en 1976). En 2015, solo Zamora superaba a Ourense en menor numero de nacimientos (352 y 392) por cada mil fallecidos. Ourense es la única provincia española donde hay más parados y jubilados que trabajadores, según la encuesta de Población Activa (primer trimestre de 2018).

En la lista (2016) de provincias españolas según el tamaño del PIB, Orense ocupa la posición 41.

En este contexto depresivo, cobra especial relevancia la capacidad de la administración local para contratar. Y ahora vamos con los Baltar.

Los jefes de todo esto

"Se creen que la provincia les pertenece", dijo Jácome sobre los Baltar en un vídeo la pasada campaña. Acto seguido pidió el voto para echarles.

¿La provincia les pertenece? Algo ha tenido que hacer esta familia para que su nombre se asocie con tanta alegría al viejo caciquismo rural. 32 años gobernando la provincia de Orense, de José Luis Baltar a su hijo José Manuel (al frente de la diputación desde 2012). Se dice que Fraga, Rajoy y Feijóo intentaron sustituirles por elementos menos estigmatizados del PP, pero fue en vano. O la irresistible fuerza del llamado PP de la boina. En las generales del año 2000, los populares sumaron el 57% de los votos en la provincia de Orense, donde llevan siendo el partido más votado desde 1982. En las elecciones de hace unos días, el PP rozó el 40% de los votos en la provincia, el doble de porcentaje que a nivel nacional.

Baltar padre fue condenado (2012) a nueve años de inhabilitación por contratar a dedo a 104 personas en la diputación en el primer trimestre de 2010.

Todo el mundo coincide en que Baltar hijo es menos histriónico que Baltar padre. No obstante, un cínico también diría que el gran cambio en la Diputación de Orense es que la mona se ha vestido de seda.

El pasado septiembre, el Tribunal Superior de Justicia de Galicia anuló 69 ascensos en la Diputación de Baltar hijo. Xabier Rodríguez Cerdeiro, secretario provincial de la Confederación Intersindical Galega (CIG) en Ourense, explicó en ‘CTXT’ porque la justicia anuló este concurso: “Ya no se trata de contratar a Pepito por mis cojones. Lo que se hizo fue una convocatoria de plazas a medida. Los requisitos eran tan disparatados como exigir para tal puesto haber nacido en Sevilla de padre gallego y madre inglesa antes de 1980, tener un máster en bordado artístico y poseer, además, conocimientos de swahili, por exagerar las condiciones. Lo que quiero decir es que los requisitos se ajustaban tanto al perfil de una persona determinada, que no era posible para ningún otro concursante cumplirlas. Y eran condiciones que, muchas veces, nada tenían que ver con el desempeño del puesto de trabajo”.

Baltar padre en los tribunales (EFE)
Baltar padre en los tribunales (EFE)


O la Diputación de Ourense como red clientelar que no es sencillo desmantelar. “La red clientelar sigue en pie. Aquí los sillones se heredan. Baltar padre fue inhabilitado por los preparativos del congreso en el que su hijo pasó a presidir el PP en la provincia. Enchufó a más de un centenar de personas en la diputación para asegurar los votos a favor de su hijo. Baltar hijo intentó maquillar luego el tema: creó una comisión de transparencia y buenas prácticas en la región… que a los pocos meses dimitió en pleno”, explica Alfonso Víctor Ferreiro, secretario general de Podemos Ourense.

En 2007, Jácome dio una de sus primeras entrevistas como político. “Lo nuestro es luchar contra el poder establecido”. Doce años después, se topó con un último obstáculo para alcanzar la alcaldía: el muro Baltar.

“Jácome dijo que su gran objetivo en la vida era ser alcalde de Ourense y que pactaría con el diablo si fuera necesario. Y pactó con el diablo”, añade Ferreiro.

“El PSOE se enrocó en la negociación, querían la diputación y el ayuntamiento, quizá no valoraron que el cinismo se acabaría imponiendo a la aversión entre Jácome y Baltar. Al PP igual no le importaba tanto perder la alcaldía porque el dinero estaba en la diputación”, cuenta el periodista citado anteriormente. Presupuesto de la diputación recién aprobado con los votos del PP y Democracia Ourensana: 85,7 millones de euros para 2020, el mayor de su historia.

“Lo de Jácome y Baltar era un odio que iba mucho más allá de la política, no es lo mismo que las discrepancias entre Sánchez e Iglesias”, recuerda Tallón.

Seguimos con el alcalde:

P. Usted pactó con Baltar pese a que le había atizado antes muchísimo…

R. No le aticé mucho más de lo que le atizó Sánchez a Iglesias antes de acabar pactando.

P. O sea: reapolitik.

R. No, vamos a ver. No me arrepiento de ninguna de las críticas que hice. Llegaron las elecciones, los resultados fueron los que fueron, no había forma de gobernar solos. El PSOE se cerró en banda. Quiso hacerme a mí lo que Sánchez a Iglesias hace seis meses: ni agua. ¿Ni agua? Pues había otra vía. No gobernar no era una opción. Era mucho más importante tomar la alcaldía que desalojar a Baltar del poder. La meta principal de Democracia Ourensana no era echar a Baltar, sino cambiar Orense. No íbamos a sacrificar el objetivo principal por el secundario. No tuvimos duda alguna. A bote pronto, si nos daban a elegir, pactar con el PSOE parecía mejor opción, pero lo querían todo para ellos. Pues al final se quedaron sin nada por su avaricia. Nosotros hicimos lo correcto: tomar el poder en Orense para cambiar Orense. Pactando con Baltar, aunque al principio no queríamos.

P. Por ir al detalle costumbrista: ¿Qué pasó la primera vez que se reunió con Baltar para intentar un acercamiento? Había un enfrentamiento muy fuerte entres ustedes.

Joder, Baltar dice que se quiere reunir conmigo, pero igual lo que quiere es darme de hostias


R. Fue merito de él. Nos reunimos en un piso, en un tercero, a los tres días de las elecciones. Sinceramente: él tiene bastante más experiencia que yo. Yo estaba muy cortado. Pensé: ‘Joder, este tipo dice que se quiere reunir conmigo, pero igual lo que quiere es darme de hostias’. No sabía si mirarle o no a la cara. No sabía qué hacer. Pues bien: flipamos. Pese a la caña que le había metido, Baltar ni me odiaba ni me tenía rencor alguno. Quedé impresionado.

P. ¿Baltar se lo había tomado todo como un teatro político?

R. No, no fue así. Me dijo: "Tú y yo nos llevábamos muy bien, pero de pronto te pusiste a criticarme". El tipo estaba dolido, pero quería retomar la amistad al margen de la política, me quedé impresionado, no me lo esperaba, me rompió los esquemas.

Si este ejemplo no les parece suficiente de la astucia y frialdad de una familia acostumbrada a retener el poder, ahí tienen otro: Corría el año 2007 y Democracia Ourensana aún no tenía representación municipal. Un Jácome en modo reportero televisivo gamberro irrumpió en un acto del PP. Para incordiar. Baltar padre le dijo a cámara: llegaréis al Ayuntamiento… y acabaréis pactando con el PP. Profecía absoluta del viejo zorro de la política ourensana. O el gran poder que todo lo asimila y engulle por mucho que uno se desgañite.

La ideología de la cosa

Al partido de Jácome, se le suele calificar de “antipolítico” y “populista”, palabras al borde de no tener sentido por exceso de uso, lo que quizá obligue a volver a los clásicos básicos: ¿Jácome es de izquierdas, de derechas o de centro reformista? ¿De qué pie cojea?

“Es un proyecto harto complicado de definir a los no familiarizados con la jungla ourensana. Armado de su televisión, Jácome fue añadiendo capas argumentales a esa derecha-ultraliberal-populista”, describe Javier Rey en un artículo de ‘La Región’.

“No creo que haya una ideología detrás. Fundó un partido para intentar ganar la alcaldía algún día, y lo lanzó con una televisión que se dedicaba a ridiculizar a la desprestigiada política tradicional mediante el histrionismo y la teatralidad. Supo cabalgar esa ola con un lenguaje demagogo. Su eslogan era que no era ni de izquierdas, ni de derechas, sino de Ourense. Si tuviera que situarlo en función de lo que piensa de la función pública o de la política, diría que es un neoliberal que no tiene problema en identificarse personalmente con Trump”, cuenta Ferreiro.

Jácome, de hecho, "celebró la victoria de Trump", una rara avis en la politicosfera española.

Veamos la opinión del alcalde.

P. La antipolítica está ahora de moda, pero usted se adelantó unos años. ¿Le suena bien la etiqueta?

R. Más que de antipolítica yo hablaría sobre los partidos tradicionales, que están totalmente desfasados y son sustituidos por gente alternativa: ciudadanos, movimientos vecinales como Teruel Existe, etc. Somos el primer partido independiente de España que toma la alcaldía de una capital de provincia. La gente está cansada de los políticos de siempre dominados por sus partidos. A nivel local las cosas se gestionan como una comunidad de vecinos, si hay que poner papeleras, no tiene sentido ser de derechas o de izquierdas. Es como ser capitán de un transatlántico, donde hay un montón de servicios -piscinas, gimnasios, médicos- y hay que convivir. Una ciudad es como un transatlántico: tienes que conseguir que la gente viva bien.

P. ¿Pero cómo se define usted ideológicamente?

R. Nosotros estamos al margen de las clasificaciones anticuadas de derechas e izquierdas. De hecho, tenemos un eslogan: ni a la derecha, ni a la izquierda, al futuro. Son términos desfasados. Nos definimos con un término que acuñamos nosotros mismos: microliberales. Creemos en el liberalismo a pequeña escala, y en el interés general de los servicios públicos a gran escala. El ser humano funciona bien con el sistema de castigos e incentivos. Es nuestra naturaleza. Es la manera de sacar lo mejor de uno mismo. ¿Qué pasa si un equipo de fútbol no saca buenos resultados? Imagínate que hubiera oposiciones para ser jugador de fútbol. Delantero centro del Real Madrid hasta los 35 años porque aprobaste una oposición. No tiene sentido. Pues si no tiene sentido ahí, ¿por qué iba a tenerlo en otro lugar? El sistema funcionarial no es competitivo.

P. ¿Qué le parece que le llamen populista?

R. No está clara cuál es la definición, pero no entiendo cuando denuncian que populista es el que da soluciones fáciles a problemas complejos. Perdona: es que hay problemas complejos que tienen soluciones fáciles. Mira el invento de la rueda. ¿Ser populista es ser popular? Obviamente yo soy popular. ¿Ofrezco recetas que no son reales? Eso es un juicio de valor.

Algunas de nuestras propuestas fueran tachadas de locuras y ahora todo el mundo se apunta al carro, por ejemplo, el parque acuático, una idea genial para la ciudad más calurosa del norte de España como es Orense. O el tema de la inteligencia artificial. Hace tres años propusimos crear un centro de investigación de inteligencia artificial. El I+D como forma de salvar Orense. Nos tacharon de locos, pero hoy todo el mundo está hablando de inteligencia artificial y de que Europa se está quedando atrás.

Jácome en su investidura (EFE)
Jácome en su investidura (EFE)

P. ¿Cómo se ve el conflicto territorial desde la periferia?

R. Ser periferia es irrelevante mientras formes parte de España, da igual un sitio que otro.

P. ¿Pero cómo ve la ola de críticas al Estado de las autonomías?

R. La duplicidad de funciones es un error. Que haya tantos sistemas sanitarios y educativos no tiene ningún sentido. Si pides un sistema gallego de salud, por esa misma lógica, tendrías que pedir también un sistema coruñés de salud. ¿Por diseccionar funciona mejor? ¿Por qué solo 17? ¡Sigue dividiendo! Tiene más sentido centralizar. Las empresas privadas tienden a centralizar porque es más eficiente.

P. ¿Usted centralizaría entonces?

R. Pero no solo en España, en toda Europa. La duplicidad no tiene sentido. Nosotros vamos a pedir que se cancele la oficina de denuncias de la Policía Local, porque se duplica con la Nacional. Todas las denuncias de Orense se van a hacer en la Policía Nacional.

P. ¿Por qué montó una tele local?

R. Todas las teles locales eran alegales entonces. Ni legales ni ilegales, había un vacío legal. Un vecino que distribuía antenas en toda España me dijo: "Una tele es muy fácil de montar: me alquilas una antena, coges una frecuencia y ya está". ¿Tan fácil? Sí. ¿De la noche a la mañana? Sí. Montar una televisión era matar dos pájaros de un tiro: servía para difundir nuestro mensaje político y era comercialmente interesante, aunque las teles locales en España sean deficitarias. Pero nuestra tele era tan fuerte a nivel político que nuestros rivales acabaron contratando espacios para anunciarse. Así nos financiamos: alquilando espacios políticos.

La tele pirata

El ascenso de Jácome tiene mucho que ver con su televisión, Auria TV, fundada en 2003, cuando Democracia Ourensana se presentó a las municipales por primera vez. ¿El plato fuerte? Los debates en los que Jácome y sus colaboradores cargaban contra la corrupción política en la región, algunas veces bajo los efectos del alcohol, como se ve en el desternillante vídeo viralizado -con una década de retraso- tras su investidura.

En defensa de Jácome hay que decir que el vídeo ‘etílico’ se grabó durante las fiestas regionales del magosto, aunque quizá no haya nada de lo que arrepentirse, todo lo contrario. ¿Acaso hay algo más campechano, español y atractivo para el votante quemado que ver como alguien raja sin filtro contra las autoridades públicas? O el Partido de la Barra de Bar como consenso y cohesionador de las Españas. Peronismo de garrafa.

“Su televisión era un totum revolutum de demagogia, denuncias, chismorreos y medias verdades. Hacer oposición desde allí era fácil porque, al fin y al cabo, Orense era un lugar muy caciquil, con malos indicadores económicos. Jácome tenía talento... y una tele”, cuenta el reportero citado anteriormente.

En 2012, Jácome fue a juicio por la tele: Auria TV había estado cuatro años pirateando programas de Digital Plus. Le pidieron seis años de cárcel. Reconoció los hechos, pero alegó no saber que aquello era ilegal. Fue absuelto porque el juez consideró que era un caso civil, no penal. Auria TV también pirateó programas de la BBC. Fiel a su estilo, Jácome alegó en el juicio haber hecho “un favor” a Digital Plus: “Muchos amigos míos se abonaron a la cadena al ver la programación que se emitía a través de Auria TV”. Todo sea por culturizar al pueblo.

Su televisión era un totum revolutum de demagogia, denuncias, chismorreos y medias verdades. Hacer oposición desde allí era fácil porque Orense era un lugar muy caciquil

Auria, cuyo canal de YouTube se presenta bajo el eslogan ‘La realidad orensana sin manipular’, siempre ha sido una televisión de partido. Ahora emite los plenos del Concello de Ourense poniendo énfasis en las intervenciones del alcalde.

Otro de sus espacios estrella era ‘Planeta Baltar’, donde se airearon algunos de los grandes escándalos de la poderosa saga familiar conservadora.

Si bien Jácome se hizo popular atizando a Baltar, también creció a golpe de denuncias judiciales contra el bipartito PSOE/BNG que gobernó la ciudad de Orense entre 2007 y 2012, dimisión del alcalde socialista (Francisco Rodríguez) incluida ante las sospechas de corrupción. O la versión local de la judicialización de la vida pública/rasgada de vestiduras por la corrupción que agitó España unos años. Aunque algunas denuncias contra el bipartito siguen en los tribunales, otras fueron desestimadas, lo que no quiere decir que no cumplieran su función: “Jácome utilizó las denuncias como arma política”, razona el escritor Juan Tallón.

“A Baltar le interesaba entonces que un agitador residual hiciera oposición desde los juzgados. Jácome fue en ese momento el tonto útil”, añade el reportero.

Las contradicciones

Gonzalo Pérez Jácome no es el único político gallego que cae en contradicciones. Durante la campaña electoral de las municipales, Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia, aseguró que Jácome sería un alcalde “letal”. Y dijo más...

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, estrecha la mano con el alcalde de Ourense. (EFE)
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, estrecha la mano con el alcalde de Ourense. (EFE)

“Es política de tuit, política televisiva. Que un candidato a la ciudad tenga un canal… es un show. Cuando se pierden los cimientos básicos del gobierno de la tercera ciudad de Galicia puede pasar cualquier cosa. No quiero eso. Yo quiero a Ourense. Pido a los ciudadanos que voten a Jesús Vázquez [PP]… Si no, el show que vamos a tener en el ayuntamiento de Ourense… va a hacernos retroceder en los próximos cuatro años. Es la antipolítica… Ourense tiene dos opciones: tener un alcalde o tener un show político en cada pleno y en cada decisión. Como ourensano –y como presidente de Galicia– creo que sería letal. Sería letal para Ourense tener un alcalde como Jácome. Una persona histriónica, lo contrario a una ciudad abierta y cordial. Lamentablemente fuera nos empiezan a conocer por eso... nos preocupa, porque nos da mala imagen”, según Feijóo.

Unos cuantos días después de estas palabras, Jácome se convertía en el alcalde de Orense con los votos del PP, y Baltar volvía a atrincherarse en la diputación. Donde dije digo, digo… pelillos a la mar. En 2020 hay elecciones a la Xunta de Galicia. El control presupuestario de la Diputación de Orense es, a veces, un buen dinamizador del voto de los populares.

El surfero

La práctica totalidad de los consultados para este reportaje han dicho la siguiente frase con variaciones: “Jacomé está un poco loco, pero es bastante listo”.

“Es inteligente, pero una inteligencia mal canalizada que desborda el marco”, explica Juan Tallón. "Inteligente es, pero también emocionalmente inestable", añade el reportero.

La alcaldía es el juguete de una personalidad infantil, un pequeño capricho. Ahora no sabe cómo utilizar el juguete, pero le da un poco igual, porque es un sueño cumplido

Como todo buen agitador antipolítico, Jácome polariza, no es fácil encontrar a alguien en Ourense que no hable o muy mal o muy bien de él. Ignacio Martín Amaro -ex senador, miembro histórico del PP orensano, ahora en Ciudadanos- tiene una opinión moderada. “Es pronto para juzgarle. Yo creo que tiene buena voluntad y ganas de hacer cosas, pero el Ayuntamiento está complicado y tiene una oposición a su izquierda muy poco constructiva”. ¿Le chocó su pacto con Baltar? “Me sorprendió, sí, pero no olvidemos que en política todo es posible”. ¿Cómo vivió las críticas del opositor Jácome a los políticos profesionales? “Era muy impetuoso, por decirlo de alguna manera, y es probable que ese ímpetu le valiera para sacar votos del descontento ciudadano. Lo que no está claro es la fidelidad de ese voto”, asegura el ex senador.

“Jácome tiene ganas de pasar a la historia de la ciudad como alguien que hizo cosas”, zanja Martín Amaro.

Es pronto para juzgarle. Yo creo que tiene buena voluntad y ganas de hacer cosas, pero el Ayuntamiento está complicado

Menos contemplativo se muestra Alfonso Víctor Ferreiro: “La alcaldía de Jácome va por la senda prevista. A estas alturas no engaña a nadie. Las políticas sociales dejadas de lado en favor de proyectos megalómanos: el rascacielos más grande de España, parques aquáticos… mientras las trabajadoras de ayuda a domicilio llevan varios días de protesta por el peligro de sus puestos de trabajo. Ese es un poco el plan”.

En su discurso de investidura como alcalde, Jacomé reconoció “haber fracasado en casi todo” y su tendencia histórica a “aplazar las cosas”. Pues bien: ha llegado el momento en el que no puede haber más aplazamientos. Pero las cosas en palacio van despacio. 'La Región' publicó hace dos días un artículo sobre "la larga lista de promesas incumplidas para las que Jácome prometía una rápida receta". Democracia Ourensana respondió en Facebook con un montón de, ejem, 'popoticonos':

De regenerador a pactar con el 'psicópata'. De agitador pirómano a bombero institucional. De enemigo de la burocracia a engordar la administración. De su capacidad para surfear todas estas contradicciones -suyas y del sistema- dependerá el futuro político de Jácome.

“El partido lo montaron literalmente entre tres amigos. Es increíble que hayan llegado hasta aquí. La clave ha sido el hartazgo ciudadano con el PP y el PSOE. Jácome era aire fresco. El discurso anti corrupción siempre entra bien en un contexto de desconfianza política. El ‘estoy contra el establishment'. Pero claro: Jácome es ahora el establishment”, zanja el periodista.

“La alcaldía es el juguete de una personalidad infantil, un pequeño capricho. Ahora no sabe cómo utilizar el juguete, pero le da un poco igual, porque es un sueño cumplido”, razona Juan Tallón.

Traca final de la conversación con el alcalde de Ourense...

P. ¿Cómo van las relaciones con la oposición? Hay bastantes roces con el PSOE.

R. Con el PSOE sí, porque al quedar fuera de pacto, están jodidos. Las relaciones son tirantes. Les fastidió muchísimo. No soportan verme de alcalde. "¿Cómo puede este tío ser alcalde?", dicen. Es como cuando ves a una chica deseada con otro y dices: "¿Pero cómo puede estar con ese tío?"

P. ¿Construir un rascacielos es solo una idea?

Todo el mundo vendrá a Orense a ver el rascacielos más alto de España. Es una idea genial

R, Lo del rascacielos no es una idea que venga de cero. No es “vamos a hacer un rascacielos porque sí”. No iba en nuestro programa electoral. Es una herencia maldita del plan de urbanismo. Una recalificación de zona verde para hacer seis torres de 16 pisos. Dije que quería anular las torres, pero habría que indemnizar… Seis torres son una paletada: si vas a cualquier barrio de Madrid o Vigo, ves torres por todos los lados. Si me obligan a hacer seis torres, tengo potestad para poner todo el volumen de edificación en un solo rascacielos. Transformo una paletada en algo único en España, que traerá turismo y será un símbolo de modernización y futuro. Todo el mundo vendrá a Orense a ver el rascacielos más alto de España. Es una idea genial. Y no destroza la ciudad. No es como poner un rascacielos en el casco antiguo, en el centro o al lado del río. Si lo pones en un barrio alejado, el rascacielos queda de maravilla.

P. ¿Y su chiste sobre el francotirador del rascacielos? ¿Le parece el humor una buena arma política para destensar o para tensar?

R. No he renunciado nunca al humor. Me llama la atención que creas que lo del francotirador era un chiste…

P. ¿Cómo?

R. Es una broma… (risas).

P. Es normal que no se entienda si es broma o no: es una ocurrencia bastante bizarra.

R. Mucha gente no entiende mi humor. El otro día me dijeron en el pleno: “Usted lo único que quiere es sentarse en el sillón del alcalde”. Contesté: “Tiene usted razón. Cuando acabe el pleno, me voy a quedar sentado aquí hasta mañana, porque me encanta este sillón”. El humor logra que parezcas ameno. Si no eres ameno, nadie te escucha.

Yo me he dedicado al sonido: si al guitarrista no le ecualizas y le das el volumen suficiente, no se le escucha. Pues esto lo mismo. Para mí es fundamental llegar a la gente. Si no eres ameno, estás muerto. Nadie quiere escuchar a un coñazo.

PD: En Orense hay la siguiente pintada en la calle: "Jácome. Alcalde esdrújulo".

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