para las elecciones generales del 10-N

A la búsqueda de ese animal mitológico llamado votante de centro

Lo mismo puede ser hombre que mujer, de 30 que de 60 años y de Cádiz o Vitoria. Lo que tiene en común es no identificarse con ningún partido político y estar bastante harto

Foto: Ilustración: Raúl Arias
Ilustración: Raúl Arias

Si lo estuviera buscando la policía, tendría complicado hacerle un retrato robot. Es difícil identificarlo porque nadie está seguro de su apariencia ni de qué piensa exactamente. Siempre que alguien asegura haberlo visto, hay versiones contradictorias que lo ubican en diferentes lugares a la vez. Muta con facilidad y pasa inadvertido entre la multitud. Hay hasta quien sostiene que no existe realmente. Pero no es la policía quien lo persigue, sino los partidos políticos. Se trata del misterioso votante de centro. El más buscado para las elecciones del 10-N.

"El centro es un mito", afirma Joan Navarro, vicepresidente del área Asuntos Públicos en LLYC Madrid y autor del libro 'Desprivatizar los partidos' (Gedisa, 2019). "Si entendemos como centro ese perfil ideológico que se identifica con lo liberal en lo económico y lo progresista en lo social, se trata de un espacio muy minoritario de apenas un 5% de los españoles, según el CIS. Pero no es ese el centro político que determina quién gana unas elecciones, sino el centro aritmético del que está a medio camino entre la gente que se siente muy de derechas o muy de izquierdas".

De hecho, a diferencia de lo que predomina en el Congreso de los Diputados y gran parte de las tertulias mediáticas, el espécimen más habitual en la política española son los ciudadanos que no se identifican con ninguna ideología. Politólogos y sociólogos establecen una escala ideológica que va del 1 al 10 y se dice que en el 5 está el centro (eso tiene discusión porque no es lo mismo que sea de 1 a 10 que sea de 0 a 10). Utilizando, por simplificar, esa escala del 1 al 10 que usa el CIS, las tres cuartas partes de españoles se sitúan entre el 4 y el 6. Un 20% de los ciudadanos opta directamente por el 5 y otro tanto no sabe o no contesta. En realidad, solo la mitad de los españoles declara tener una ideología concreta. Y tanto a los genuinamente moderados como a los apolíticos los solemos llamar centro. Por eso, la nomenclatura resulta confusa y el votante de centro refleja realidades muy diversas.

Pasotas y pragmáticos

"La mayoría de la sociedad española se sitúa en puntos intermedios", explica Narciso Michavila, sociólogo y presidente de la firma de investigación y opinión pública GAD3. "Hay una mayoría de españoles que dicen no ser de izquierdas ni de derechas y además no quieren que los etiqueten, porque, aunque las elites estén polarizadas, una mayoría de los ciudadanos siguen siendo moderados".

Se trata del centro entendido no como ideología, sino como descarte. Y es tan heterogéneo que une al pasota y al pragmático: "Es el conjunto de ciudadanos ajenos a la política que no votan o votan al partido que consideran con más posibilidades de ganar dentro de las opciones que perciben como moderadas", explica Navarro. "Son estos los que dan las mayorías absolutas y se mueven más por eliminación que por adhesión a ninguna causa, no son forofos de ningún partido y se conforman con el mal menor".

Se trata del centro entendido no como ideología individual sino como descarte. Y es tan heterogéneo que une al pasota y al pragmático

A la vista de los resultados agregados del CIS, en realidad hay poca gente que mueve su voto de la izquierda a la derecha en las últimas tres o cuatro elecciones. "Pero sí hay muchos votantes poco politizados que de repente se movilizan por algún motivo e inclinan las mayorías a uno u orto lado", afirma Pepe Fernández Albertos, politólogo del CSIC, que reconoce que este tipo de votante es difícil de conocer en las encuestas porque a menudo opta por el esquivo 'no sabe o no contesta'. "Quienes genuinamente tienen una posición política moderada y no se consideran ni progresistas ni conservadores, ni izquierda ni de derechas, no deciden ir a las urnas porque consideran que un partido represente mejor su visión política. Su voto se activa solo cuando creen que pueden ser la solución a un problema. Más que buscar un programa moderado ideológicamente, optan por lo que perciben más sensato o lo único viable. Cuando algo está muy decidido, la gente de centro se desmoviliza".

El no lugar

El centro político tiene también algo de esos espacios transitorios a los que el antropólogo Marc Augé llama no lugares, como un aeropuerto, una autopista o un supermercado. Son espacios por los que pasa muchísima gente sin tener apenas conciencia de estar ahí, sitios que no aportan una identidad concreta, pero que son fundamentales para que la sociedad funcione.

"El centro es una referencia imaginaria de equilibrio intermedio en el eje izquierda y derecha", comenta Juan Montabes, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Granada. "Negar la existencia del centro es decir que todo es blanco o negro, pero hay posiciones ideológicas equidistantes a uno y otro bando, que no es más que una referencia aproximada. Además, todas las posturas están en constante evolución, porque lo que se entiende por la izquierda y la derecha ha cambiado mucho en los últimos 25 años".

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

Tradicionalmente, los sociólogos han dicho que en España la izquierda gana si se moviliza, pero que la derecha gana cuando se desmoviliza la izquierda. Sin embargo, para las elecciones generales del 10-N las encuestas anticipan que esta vez puede ser diferente: "Hay desmovilización también de la derecha y eso es mas novedoso", afirma Fernández Albertos. "¿Cómo es posible si no que la encuestas estén dando una caída de movilización de 10 puntos y el PSOE aguante? Es porque hay desmovilización también en la derecha y entre los votantes menos politizados que en anteriores elecciones votaron a Ciudadanos y ahora piensan abstenerse". Es a esos a los que se apela buena parte de la estrategia de campaña de PP y PSOE con la promesa de desatascar el país".

"A lo mejor, sencillamente hay un electorado que tiene una relación con la política mucho más distante y se desmoviliza fruto del cansancio"

Las encuestas en precampaña anticipan un aparente batacazo que puede darse Ciudadanos. Y son muchos los análisis en busca de los errores estratégicos de Albert Rivera que buscan explicación a por qué su partido puede perder más de la mitad de escaños. Este politólogo de Harvard y autor en 2015 del libro 'Los votantes de Podemos', interpreta que, sin embargo, tal vez infravaloramos algo tan básico como el hartazgo. "A lo mejor, sencillamente hay un electorado que tiene una relación con la política mucho mas distante y se desmoviliza fruto del cansancio. Igual que en 2016 Podemos perdió un millón de votos por la repetición electoral, ahora puede perderlos Cs. Entonces lo interpretamos como castigo al partido de Iglesias, pero también el cansancio de dos elecciones generales en poco tiempo es una variable importante para explicar la caída de partidos que atraen abstencionistas desideologizados y de pronto los dejan de movilizar". De hecho, en el mejor momento de Podemos logró captar votantes que se autoubicaban en el 5, algo que ahora resulta inverosímil.

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Estar en el centro tampoco es la panacea. Puede ser percibido como útil, como un no lugar comprometido que huye de etiquetas y resuelve problemas de forma pragmática, pero también corre con el riesgo de cargar el sambenito de lo errático. "Teóricamente el partido centrista era Cs, pero los cambios de rumbo estratégico han desdibujado esta función", afirma Carlos Barrera, director del Máster de Comunicación Política de la Universidad de Navarra. "Y eso cuestiona también su función de estabilidad que espanta al votante moderado, porque da una sensación de estar desubicado y no de ser versátil". A la indefinición se le suma además al partido naranja un electorado heterogéneo que dificulta frenar una fuga de votantes por razones muy distintas.

Retrato robot del votante de centro

Ese 20% de españoles que desde los años 90 se ubica en el 5, normalmente, tiene posiciones moderadas y parecidas en políticas de redistribución y estado de bienestar. "Las prioridades del votante de centro son el paro y economía como primer problema y la precariedad en el empleo", afirma Héctor Meleiro, politólogo y analista de 40dB. "No está clara la tecla para seducirles, pero tiene que ver más con el tono con el que se despliega el discurso que con el contenido. Si se ubican en el 5 es porque son moderados y no quieren estridencias. Quieren que haya un gobierno que no sea radical y se lleven a cabo políticas públicas. Y en eso se parece la mayoría del país".

En las elecciones del 28-A el gran protagonista del debate fue la emergencia de Vox, que aparecía muy fuerte en las encuestas. Por miedo a la fuga de votos hacia posiciones más extremas, tanto PP como Cs escoraron su discurso a la derecha. El resultado fue que el PP se quedó con la mitad de escaños que en las últimas elecciones de Rajoy. Sin embargo, cinco meses después, el panorama ha cambiado mucho y, después del bloqueo, presentarse en campaña como moderado es la nueva moda en el bipartidismo. Es ahí, por eso, que el centro recobra protagonismo. Y, paradójicamente esta vez, tener otro partido más a su derecha sí que puede beneficiar al PP porque le ayuda a reivindicarse en el centro.

"Quieren que haya un gobierno que no sea radical y se lleven a cabo políticas públicas. Y esa es una característica que comparte la mayoría del país"

Ciudadanos, por su parte, ya no está claro si queda a la derecha o a la izquierda del PP "y esa indefinición le pasa factura", opina Montabes. Y el partido que más votos podría recoger del hundimiento en las encuestas de Cs es el PP, aunque no el único: "Al PSOE no le llegan muchos votos de Rivera, pero sí pesca algún escaño por el reparto", explica Michavila. Por su parte, Fernández Albertos advierte que cuanto más se centre el debate de campaña en estabilidad vs. caos, por más que lo alimente el propio gobierno en funciones, "puede beneficiar también al PP, porque su votante de centro se activa más cuando percibe necesidad de estabilidad y puede ser el partido que más capitalice el descontento de la repetición electoral".

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Si tuviéramos que hacer el retrato robot del votante de centro, la conclusión es que sociólogos y politólogos no se ponen de acuerdo: algunos lo ven como alguien de mediana edad, mayoritariamente mujer y de fuera de Madrid y Barcelona. "La gente de las grandes ciudades está más politizada que la que vive en capitales de provincia", explica Navarro. Michavila está de acuerdo en la edad y el perfil urbano, pero añade que tendría "más nivel de estudios de la media, y sería más pragmático". Montabes, sin embargo, ve un votante de centro más intrergeneracional y masculino, "con indiferencia hacia la política pero informado y seguramente decida a quién votar, y si vota, el último día de campaña, porque el porcentaje de ciudadanos a quienes les influye la campaña electoral en el voto va en aumento", explica el catedrático.

Ciudadanos, por su parte, ya no está claro si queda a la derecha o a la izquierda del PP "y esa indefinición le pasa factura", opina Montabes

Recapitulando, el votante de centro lo mismo puede ser hombre que mujer, de 30 que de 60 años y de Cádiz o Vitoria. Lo que tiene en común es no identificarse con ningún partido y estar bastante harto. "Y ser más pragmático que en las anteriores elecciones, porque le aterra el bucle infinito de la parálisis política y la repetición electoral, por lo que el ciudadano desideologizado prefiere un partido que puede pactar a izquierda y derecha", añade Barrera.

Al margen de lo que suceda el 10-N, el protagonismo de la búsqueda de la moderación podría no acabar tras las elecciones. A lo largo de la próxima legislatura, y siempre que no salga la suma a un bloque de izquierdas o derechas que logre formar gobierno, para poder aprobar leyes será fundamental para los políticos negociar consensos en ese misterioso no lugar llamado centro al que solo se llega por descarte. Si es que lo encuentran.

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