le roban protagonismo en las calles

El independentismo pone al gremio del taxi en la diana y lo convierte en su enemigo

A los soberanistas no les sentó bien que los taxistas pusiesen contra las cuerdas al ‘president’, Quim Torra, y al consejero de Territorio, Damià Calvet

Foto: Taxistas, frente al Parlamento catalán el pasado 21 de enero. (Reuters)
Taxistas, frente al Parlamento catalán el pasado 21 de enero. (Reuters)

El sector del taxi ha encontrado un inopinado enemigo en el independentismo catalán, que ha comenzado, en algunos sectores, una campaña de fomento de boicot al taxi. Los motivos son varios, pero esencialmente el carácter masivo que tiene la huelga de taxistas y el cariz no nacionalista o claramente independentista de la mayoría de taxistas es uno de ellos, y el punto más importante del desencuentro entre los dos colectivos.

Para empezar, los taxistas barceloneses amenazaron con realizar escarches al ‘expresident’ fugado en Waterloo, Carles Puigdemont, e incluso se pusieron en contacto con las organizaciones sindicales de taxistas belgas para que caravanas de taxistas se dirigiesen a la residencia de Puigdemont para protestar ante ella. El anuncio fue realizado por el portavoz del sindicato Élite, Tito Álvarez, que poco después dimitía. En los foros soberanistas, comenzaron a circular toda clase de comentarios al respecto. Tras el anuncio de las compañías Uber y Dabify de que se irán de Barcelona, los ánimos se encendieron y por los foros separatistas comenzó a circular la consigna de “ahora, boicot a los taxis”.

Ello, unido al órdago del gremio al Govern, acabó de molestar definitivamente a los independentistas, aunque en algunos círculos hay soberanistas que apoyan sus reivindicaciones a ciegas. Pero, en general, no sentó bien que los taxistas pusiesen contra las cuerdas al ‘president’, Quim Torra, y al consejero de Territorio, Damià Calvet.

Alguno incluso echaba en cara, a través de los foros sociales, que los taxistas “en lugar de rebelarse contra el Estado lo están haciendo contra los catalanes”. Así, tal cual, quedó escrito en las conversaciones de los foros soberanistas.

Para calentar más los ánimos, se produjo un leve incidente en la asamblea de los taxistas de este miércoles por la mañana: un conductor independentista tomó la palabra hablando en catalán, lo que fue respondido airadamente por un nutrido grupo de sus compañeros, que le recriminaron que no hablase en castellano debido a que muchos taxistas (especialmente de procedencia pakistaní) se entienden mejor en este idioma.

El incidente capital

El calificativo que le dedicaron sus compañeros fue el de “subnormal”, lo que provocó otra airada oleada de críticas dentro de los círculos más radicales del independentismo, que definitivamente rompieron amarras con el sector del taxi. “Este es el nivel ‘tabernícola’ de los taxis en Barcelona. Un taxista intenta hablar en catalán en la asamblea y acaban insultándolo. ¿Y luego quieren que la gente se solidarice con ellos?”, se cebaban en las redes sociales con vídeos del momento. En algunos círculos se sacaba de contexto el incidente. “Estaba cantado. Se aprovecha una huelga para cargar contra los catalanes. En nuestra casa, con nuestra lengua… ¿Qué hemos de pensar? ¿Nos hemos de reprimir? ¿Hemos de callar?…".

El independentismo pone al gremio del taxi en la diana y lo convierte en su enemigo

En realidad, no obstante, lo que tiene el soberanismo catalán es admiración de las protestas de los taxistas, capaces de paralizar una ciudad como Barcelona en cuestión de horas y durante una semana. Reconocen que la organización es fundamental y en algunos círculos achacan ese éxito al hecho de que hay solo “dos organizaciones sindicales que agrupan a la práctica totalidad de los taxistas, lo que les hace ser muy disciplinados”.

Pero también existe el convencimiento de que a los taxistas se les ha dejado hacer. “Si lo que están haciendo los taxistas lo hiciesen independentistas, ya estaríamos despellejados y tratados como terroristas”, se quejaba la administradora de uno de los foros soberanistas más potentes. Y luego señalaba: “Aquí se está demostrando el diferente trato de si eres taxista amparado por los sindicatos o eres independentista”. Solo haría falta plasmar en la realidad “la vara de medir totalmente incoherente del Gobierno español y del catalán”.

Pasar a medidas más contundentes

En el foro citado, se añadía otra consigna: provocar colapsos para demostrar la diferente vara de medir. “Es que los tratan como ‘nancys’. Nada de porrazos. Si fuesen independentistas, estaría en prensa, con porrazos. Pues vamos a hacer lo mismo y demostremos la vara de medir que tienen (…) ¿Qué pasa, que los taxistas son ‘nancys’ y no se les puede dar porrazos, por lo que se ve? ¿Y a los independentistas sí? ¿A qué jugamos? ¿Es que los independentistas somos de lomo duro y nos tienen que dar de hostias por hacer mucho menos, como se ha visto hasta ahora?”.

Otro activista razonaba: “Lo que pasa es que el problema de los taxistas solo afecta a los taxistas y a sus familias. Lo que queremos los ‘indepes’ afecta a todo el reino. Eso es más peligroso”. Y otra sobranista terciaba en la conversación: “Ellos se dejaron el lirio y el lacito en casa”. “Es que no han ido nunca con el lirio en la mano”, admitía otra. Y la moderadora zanjaba: “Pues ya va siendo hora de que los independentistas se quiten los lirios y vayamos a por lo que nos interesa”.

En el independentismo, no obstante, hay consenso de que la lucha de los taxistas y la de los independentistas va por separado. Pero también que los segundos han de aprender algunas cosas de los primeros. “Ellos ya hacen lo que tienen que hacer plantando cara a la Justicia española, o injusticia española. El resto ya vendrá. Lo que podemos hacer nosotros es reventar las instituciones catalanas y presionar tanto como podamos”, alertaban. Ante ello, la sentencia más común es la de que “hay que pasar a acciones más duras, porque lo que se ha hecho hasta ahora es contraproducente”.

A través del canal Alerta, el independentismo ha decidido consultar a sus bases y ha propuesto una encuesta en la que los ciudadanos deben responder si “el independentismo ha de seguir el modelo de protesta que ha dado resultado a los taxistas”. Las posibles respuestas son cuatro: 1. Sí, se ha de elevar la presión en las calles; 2. No, hemos de seguir siendo pacíficos; 3. Sí, pero en determinadas ocasiones, como en el traslado de los presos, y 4. No, se tendría que hacer una huelga general indefinida”. Los resultados fueron escandalosos: ganó por goleada la última opción, que obtuvo el 46% de los votos, seguida a distancia por la primera, que acaparó el 35% de los sufragios.

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