la convención nacional del PP

De Vargas Llosa a Juan José Cortés: el PP intenta abarcar a toda la derecha

La convención del PP se llena de mensajes para paliar el aumento de Vox pero también de Ciudadanos. Pese a la fragmentación del voto, el PP insiste en su perfil de partido atrapatodo

Foto: Mario Vargas Llosa y Pablo Casado en la convención nacional del PP. EFE
Mario Vargas Llosa y Pablo Casado en la convención nacional del PP. EFE

Cuando por la mañana José María Aznar designó a Pablo Casado como su sucesor (tras el largo paréntesis de Rajoy), el fondo de la gran pantalla de la convención del PP era una enorme bandera de España ondeando bajo un cielo azul PP. Cuando por la tarde Vargas Llosa clamó contra el nacionalismo como el principal enemigo de nuestro tiempo, el fondo ante el que hablaba era una enciclopedia. Así son los mensajes que el PP de Pablo Casado ha lanzado en su convención: españolista y europeísta, liberal y conservador, urbano y rural y sin entrar en temas espinosos como el aborto o la violencia de género. Una receta de partido atrapalotodo que funcionó en el pasado y cuya mezcla es más arriesgada con la fragmentación del voto.

La convención del PP es como la reunión anual de una empresa. Aunque se ha vendido como un congreso ideológico de aquí no salen papeles, si acaso una melodía, un estribillo que emana de la cúpula de Pablo Casado para que lo tarareen los populares en sus ciudades y comunidades. Para ello, el PP montó una serie de coloquios y ponencias de media hora cada uno con famosos y expertos para ir lanzando mensajes temáticos a los delegados reunidos en Madrid. "Un maratón de conocimiento", lo definieron.

Por si acaso, y como prevención, el vicesecretario de Organización del PP, Javier Maroto, alertó que lo que allí se dijera no tenía por qué responder a la opinión del PP. La burbuja azul en la que se convirtió el acto dejó un regreso al aznarismo y un intento de combatir a los nuevos partidos de la derecha. El lema, España en libertad, parece hacer frente a Vox (España) y Ciudadanos (libertad). En vez de afilar un único perfil, el PP apuesta por abarcarlo todo. La estrategia tiene riesgos.

Los asistentes a la convención aplaudieron igual cuando Vargas Llosa criticó el nacionalismo y cuando Aznar clamó "¡Viva España!"


En lo económico, el PP llevó a tres ponentes claramente liberales. Daniel Lacalle, Carlos Rodríguez Braun y Lorenzo Bernaldo de Quirós. Si el partido de Rivera se presenta como el de los economistas, aquí está el nuevo PP. Si en los años de gobierno de Rajoy no hubo bajadas de impuestos, eso es el pasado. El formato se prestaba más a eslóganes que a números. Acodado sobre el atril, Bernaldo de Quirós llegó a bromear que el cuerpo le pedía un gin tónic. "El Gobierno no está financiando el estado del bienestar, sino el del bienestar de Pedro Sánchez", proclamó Lacalle. A su lado, la moderadora, la exministra Isabel García Tejerina, asentía: "España es un gran país, España no tiene límites".

La convención estaba pensada como un acto de reafirmación nacional, plagado de banderas de España acordes con el momento político y que tanto rédito dio a PP, Ciudadanos y Vox en Andalucía. España marcará la campaña de mayo y así lo asumen todos los partidos. En los tenderetes junto al estrado central se repartían pulseras con la bandera de España.

Eso no impidió que el PP invitara al premio Nobel Mario Vargas Llosa. Aunque mantiene muy buena relación con Aznar, el escritor se identificaba últimamente más con Ciudadanos, sobre todo por su oposición al independentismo en Cataluña. Vargas Llosa no entró en política nacional pero sí trató la ideología que lleva décadas combatiendo: el nacionalismo.

Aznar y Casado en la convención del PP. EFE
Aznar y Casado en la convención del PP. EFE

Pese a que destacó que los liberales están de enhorabuena tras la caída del comunismo, criticó "la resurrección de una de las peores pestes que ha sufrido nunca la humanidad: el nacionalismo". "Este nuevo mundo con fronteras que se van adelgazando a muchas gentes las desconciertan y las asustan, piensan que este es un mundo lleno de peligros. Y prefieren en un acto antinatural regresar al pasado. A un pasado que nunca existió. A una sociedad que nunca fue. Esa sociedad de los nacionalistas en que todos éramos iguales y practicábamos las mismas costumbres. Aquello no existió nunca. Es una utopía, que a diferencia de la utopía comunista que se proyectaba hacia el futuro, es una utopía retrógrada".

Los asistentes a la convención aplaudieron igual que cuando Aznar cerró su discurso con un "¡Viva España!". Porque el nuevo PP quiere aglutinar a toda la derecha. Así lo dijo Aznar, que pidió abrir la puerta de la "casa común" y escuchar a los críticos -en lo que pareció una alusión a Vox-: "A todos ellos los tenemos que escuchar. Con atención, con humildad, con respeto. Estoy seguro que nos dicen cosas que necesitamos oír, aunque algunas no nos gusten. Es más, tenemos que escuchar, sobre todo, esas".

Aznar aludió al sándwich al que se enfrenta el PP: "Pablo, ninguno de tus antecesores lo tuvimos tan difícil y mira que fáciles las cosas no han sido"


El ser un partido tan amplio funcionó al PP de Aznar que, como él recordó, aunó a liberales conservadores y democristianos. Entonces se interpretaba que solo una derecha unida podría gobernar un país sociológicamente inclinado a la izquierda (dogma que el resultado andaluz ha refutado). Un popular explica en privado las dudas sobre si en una época con cinco partidos -quizá seis si el seísmo errejonista se propaga- eso servirá. "Lo primero es saber cuál es tu oferta". La paleta se está segmentando y el PP está en un sándwich entre Ciudadanos y Vox. Ni el PSOE estuvo en ese aprieto cuando temía el sorpasso de Podemos. Aznar lo reconoció cuando señalando a Casado dijo: "Pablo, ninguno de tus antecesores lo tuvimos tan difícil y mira que fáciles las cosas no han sido casi nunca para el PP".

Conforme avanzaba la jornada el PP fue el defensor del mundo rural -"la defensa de la bandera del campo no nos la pueden quitar nunca", reclamó el comisario Miguel Arias Cañete ante la proyección de un trigal al atardecer- y el de la seguridad. Juan José Cortés, el padre de la niña Mariluz, fue el más duro al presentar España como un país tremendamente peligroso lleno de delitos. La madre de Sandra Palo pidió endurecer la ley del menor e Ignacio Cosidó se comprometió a revisarla. No hubo límites. "Julen, desde el pozo tan negro en el que estás metido, el PP y España entera está contigo y con tu familia", lanzó Cortés.

En inmigración, la receta fue de firmeza. "El que no respeta la ley se va de España, eso no es ser antiinmigrante, eso es ser proinmigrante. El acceso a los derechos sociales debe ser progresivo. los derechos deben ganarse", propuso Mauricio Rojas, exdiputado sueco de origen chileno: "No puede haber una discriminación por ser español".

Eso sí, pese a que tras ganar el congreso Pablo Casado anunció un regreso a la ley del aborto de 1985, el asunto no ocupó un segundo en la convención. Y eso que una de las intervinientes, Teresa López, apoyó la reforma de la ley del aborto de Gallardón desde el comité de bioética que presidió designada por el Gobierno del PP. Tampoco hubo críticas abiertas a lo que Vox llama "la ideología de género". El PP mira al partido de Santiago Abascal pero tras ver las críticas que recibió cuando en la negociación andaluza emitió signos de dar marcha atrás en ese asunto ahora ha vuelto al apoyo a la ley de violencia de género.

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