DEL PERIODISTA IGNACIO CAMACHO

'Cataluña, la herida de España': el libro que pone al descubierto la debilidad del Estado

Para arrojar luz sobre el movimiento independentista en su dimensión completa, el autor se para en el análisis de los efectos sobre la estructura de Estado y los fundamentos del régimen

Foto: Miles de personas participan en la manifestación independentista organizada por ANC y Omnium Cultural en Bruselas, el pasado 7 de diciembre. (EFE)
Miles de personas participan en la manifestación independentista organizada por ANC y Omnium Cultural en Bruselas, el pasado 7 de diciembre. (EFE)

Zozobra en el Estado constitucional. Causa-efecto de la intensificación del conflicto catalán, que el veterano periodista Ignacio Camacho refleja en su libro 'Cataluña, la herida de España' (editorial Almuzara). Un elocuente título para un libro reposado y radical, pues va a la raíz de la cosas. No en vano, argumenta que todo movimiento de independencia es una revolución, con sus "mitos y claves". Camacho ofrece una crónica urgente de lectura ligera sobre la última fase del independentismo -"la fase aguda", con sus idas y venidas, dando un sentido historiográfico que redondea los artículos que ha publicado durante los últimos tiempos en el diario ABC.

Con espacio para reflexionar sobre las causas que han conducido a la actual situación, tanto remotas como inmediatas, no trata de proponer soluciones, sino que desde una óptica periodística se limita a narrar y aportar herramientas de análisis para la interpretación de los hechos. ¿Soluciones? "No veo soluciones más que transitorias o apaciguadoras", reconoce sin más optimismo que la prolongación temporal de la 'conllevancia' orteganiana.

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Las elecciones catalanas del 21-D planean inevitablemente sobre todas y cada una de las páginas del libro. La ingobernabilidad y la repetición electoral es una hipótesis que coge fuerza. Soluciones transitorias, pues: "Una importante sería la victoria efectiva del constitucionalismo, con capacidad de formar un Gobierno que al menos durante unos años desmantelara las estructuras soberanistas y devolviese Cataluña a la normalidad autonómica, pero creo que los constitucionalistas tienen grandes posibilidades de ganar y pequeñas de gobernar", explica el autor.

"Creo que los constitucionalistas tienen grandes posibilidades de ganar y pequeñas de gobernar"


Hay más soluciones entre las que Camacho califica como viables. Otroa de ellas, que "el Estado aprendiese a decir que no". Citando a Javier Gomá, recuerda que "el nacionalismo tiene que aprender a gestionar su frustración, a entender, en palabras de Ortega y Gasset, que Cataluña quiere ser lo que no puede ser". En esta línea no cree que la reforma constitucional "sirva de gran cosa a estos efectos salvo que cierre de una vez el modelo de competencias y por tanto el horizonte de avance continuo del nacionalismo".

Una vez puestas estas reflexiones sobre la mesa concluye, o más bien lamenta, que "la solución más viable sea un pacto transitorio, que en teoría le ganase unos años al problema, pero que el nacionalismo aprovechará para crecer en masa crítica. Creo que la única lección que han aprendido los independentistas de esta crisis es que con el 45% no pueden ir a la vía unilateral, y sospecho que su estrategia será la de avanzar en la creación de una masa crítica mayor aprovechando los privilegios que puedan seguir obteniendo. Sin perjuicio de que tras las elecciones abunden en la creación victimista de algún que otro esperpento".

El filólogo y periodista Ignacio Camacho recibe el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes. (EFE)
El filólogo y periodista Ignacio Camacho recibe el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes. (EFE)


El cómo hemos llegado hasta aquí es una cuestión que atraviesa de forma transversal todo el libro. En primer lugar, el autor señala "el adoctrinamiento pedagógico", apoyándose en lo que entiende como una progresiva cesión de competencias. En segundo lugar subraya "la hegemonía de la propaganda". Un elemento que sería "capaz de extender e imponer en la sociedad catalana un pensamiento dominante único".

En tercer lugar llama la atención en lo referente a "la presión sobre el disidente hasta el punto de invisibilizar a los catalanes no nacionalistas", esto es, los "inadaptados" según el documento de Josep María Jové, recuerda Camacho, "hasta que éstos rompieron su aislamiento en las marchas de octubre. Por último, pone sobre la mesa "la incomparecencia histórica del Estado, tanto en el plano institucional como en el debate público". Y concluye: "No ha habido debate de refutación de los mitos nacionalistas". El libro, en cambio, es una auténtica mina en este sentido.

"No ha habido debate de refutación de los mitos nacionalistas"

Para arrojar luz sobre el movimiento independentista en su dimensión completa, Camacho apuesta por ir más allá de la problemática territorial y pararse en los efectos sobre la estructura de Estado y los fundamentos del régimen. De ahí el paralelismo con el 23-F, "desde el punto de vista de la zozobra del Estado constitucional", pues razona que febrero del 81 y octubre de 2017 son los dos momentos en que ha estado en más peligro de quiebra. "Uno fue un golpe de Estado, el otro, un asalto contra las bases del Estado (la soberanía nacional única)".

Respecto al posible paralelismo con el conflicto vasco, Camacho explica que en Cataluña no ha habido violencia, "y por tanto hay que establecer una distancia clara". Con todo, Camacho afirma que entonces "el Estado resistió mejor, con más firmeza y menos dudas". Sí establece un parentesco de fondo "derivado del origen de la tensión, que es el nacionalismo. ETA tensionó varias veces la democracia, pero no hubo una sensación de riesgo de ruptura tan claro como en los otros dos episodios. Y al fin y al cabo, en su delirio, Ibarretxe se atuvo a la ley".

El futuro está por escribir, pero mirando al pasado y al presente, el periodista relata que, dentro de Cataluña "hay una fractura visible, hemipléjica, que se ha agrandado aun más", mientras que enrte Cataluña y España "se han descosido bastante hilos invisibles". Esto es, "se ha agrandado la antipatía mutua", lo cual interpreta como una "una victoria nacionalista porque fomenta el victimismo, la sensación de agravio y hartazgo mutuo, que refuerza el sentimiento de independencia psicológica". El 21-D y, sobre todo en los meses posteriores de las negociaciones para formar gobierno ante la previsible ausencia de mayorías, será otro hito en la crónica de Cataluña, todavía por escribir.

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