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Dante, contra Iglesias: la Diada en la que Podem inició la desconexión de Podemos

El 11-S en el que se pretendió escenificar la ruptura independentista ha traído aparejada, paradójicamente, otra separación: la producida entre Podemos y su marca catalana

Foto: El líder de Podem, Albano Dante Fachin (2i), en la ofrenda floral al monumento a Rafael Casanova con motivo de la celebración de la Diada. (EFE)
El líder de Podem, Albano Dante Fachin (2i), en la ofrenda floral al monumento a Rafael Casanova con motivo de la celebración de la Diada. (EFE)

Contraprogramación y ruptura. Podem ya no es Podemos. La Diada fue el momento elegido para escenificar el inicio de la desconexión entre la dirección catalana de Podemos, liderada por Albano Dante Fachin, y Pablo Iglesias. Ambos participaron en la Diada, pero cada uno con su discurso y sus afines. Fachin lo hizo en un acto frente a la Bolsa, defendiendo el referéndum del 1-O, y de la mano de organizaciones como la CUP, Procés Constituent o Marchas de la Dignidad. Iglesias, por su parte, mitineó en Santa Coloma de Gramenet junto a la fuerza “fraterna” de Podemos en este territorio, esto es, Catalunya en Comú, el nuevo sujeto político en el que Podem ha rechazado integrarse. En el acto compartió cartel con Ada Colau y Xavier Domènech.

Hasta el portavoz de En Marea en el Parlamento gallego, Luis Villares, quien apoya abiertamente la hoja de ruta independentista, estuvo presente en el acto de los 'comuns'. La dirección catalana alegaba que no había sido invitada, mientras Iglesias trataba de negarlo lanzando una tímida llamada a la unidad sobre el escenario: “Hace falta continuar construyendo y que la diversidad sea un valor. Asens, Coscubiela, Albano, Jessica, todos juntos en un proyecto amplio donde quepa todo el mundo, para construir una nueva mayoría en Cataluña”. Fachin también escurría su responsabilidad asegurando que se trataba de actos "complementarios, no contradictorios".

Ni Fachin reconoce a la dirección estatal, a la que acusa de “injerencia centralista”, ni Iglesias y su núcleo duro reconocen la legitimidad de la dirección catalana, a la que ya invitaron a dimitir antes del verano. El fundador del partido Juan Carlos Monedero, quien ocupaba este lunes las primeras filas en el acto central de los comunes junto a la plana mayor de la dirección estatal, ponía negro sobre blanco la víspera de esta ruptura televisiva. “Han desoído la voluntad de las bases de Podem y se han situado, para muchos inscritos e inscritas, fuera de la organización. Por un lado, han incumplido los estatutos, aunque no sea lo más grave. El problema es que han roto su compromiso con quienes les pusieron ahí”, arremetía Monedero en un artículo de opinión en 'Público' anticipando lo que está por venir a nivel interno.

Xavier Domènech, Ada Colau y Pablo Iglesias, durante el acto de Catalunya en Comú en la Diada. (EFE)
Xavier Domènech, Ada Colau y Pablo Iglesias, durante el acto de Catalunya en Comú en la Diada. (EFE)

Sin dejar lugar a dudas, el exdirigente de Podemos, que sigue inmerso en la vida interna de la organización como “representante de los círculos”, sentenciaba que “la actual dirección de Podem se ha situado en el ámbito de otras fuerzas políticas más que en el ámbito propio de Podem”. Para rematar, daba cuenta de los diversos estatutos del partido que habría contravenido Fachin en su gestión. No es la primera vez que Monedero apunta y la dirección dispara, aunque en el caso de Cataluña, debido a la voluntad de descentralización organizativa salida de Vistalegre II, se extreman los cuidados para evitar acusaciones de centralismo. Una coartada que Fachin ha enarbolado desde el inicio de las tensiones. En esta misma línea, el líder de Podem respondía al artículo de Monedero desde su cuenta de Twitter: “Me entristece ver tan vivo el ánimo de dirigir Catalunya desde Madrid”.

El principal temor de la dirección estatal hasta ahora era que una intervención centralista reforzaría a Dante en sus tesis. De ahí que interpretasen sus críticas a la supuesta injerencia como una “sobreactuación”. Sin embargo, todo apunta a que el tiempo de Fachin ha llegado a su fin, y la salida a esta crisis interna no se resolverá fácilmente o, al menos, sin graves consecuencias para la formación, ya sea en forma de escisión o de pérdida de legitimidad respecto a la descentralización orgánica y de toma de decisiones aprobada en su última asamblea ciudadana.

La crisis catalana ha tenido una inesperada derivada en Podemos, cuyo referente político en Cataluña ya no es Podem, sino los 'comuns' liderados por Colau y Domènech. El botón rojo, a modo de plebiscito, con el que los estatutos facultan al secretario general para poner punto y final a esta crisis interna, y que nunca quiso utilizar, se ha convertido en el último pero inevitable recurso. De acabar activándose, el terremoto con epicentro en Podem tendría réplicas en otras corrientes internas próximas a las tesis de Fachin, como Anticapitalistas, o la marea gallega.

En la formación comienzan a dudar sobre las intenciones en la carrera política de Fachin, quien tanto antes de entrar en Podem como en las últimas semanas no ha escondido sus afinidades con la CUP. Si de la mano de los 'cupaires' llevó al Parlament distintas denuncias sobre corrupción sanitaria, antes de convertirse en diputado, desde la convocatoria del 1-O ha participado con dirigentes de la formación independentista en actos prorreferéndum. La bronca entre Fachin y el portavoz del grupo parlamentario Catalunya Sí que es Pot, Joan Coscubiela, durante la aprobación de la ley del referéndum, acabó de levantar las suspicacias en este sentido.

Monedero, en el artículo antes citado, tampoco ahorraba insinuaciones en este aspecto. “¿Tiene sentido que a la misma hora que tu partido organiza un acto de reivindicación de la soberanía catalana apoyes un acto de defensa de la independencia?”, se preguntaba, para acto seguido afirmar que “la voluntad de la actual dirección de Podem, después de desoír a las bases, es claramente de ruptura con su propio partido”. La Diada en la que se pretendió escenificar la desconexión independentista ha traído aparejada, paradójicamente, otra desconexión, la producida entre Podemos y su marca catalana Podem. Un conflicto cuya resolución, una vez dinamitados todos los puentes, está más cerca de la intervención por parte de la dirección estatal que del diálogo.

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