entrevista con enrique sardá valls

El cónsul que enfureció a Susana Díaz: "Si yo fuese extremeño nadie se habría ofendido"

La comunidad española en Washington defiende su trabajo y sus ex-colaboradores lo definen como un diplomático activo pero incómodo por su postura frente a Cataluña

Foto: Enrique Sardá Valls con una amiga (Facebook)
Enrique Sardá Valls con una amiga (Facebook)

En febrero de 2010, un escritor desconocido llamado Federico Fuentes elevó una solicitud a la embajada en Sydney, una petición que él mismo definía como “un asunto un tanto peregrino”. Quería que alguien fotografiase la portada de su último libro, ‘El Viaje de los 400 golpes’, con algún símbolo representativo de Australia, como por ejemplo “un canguro” o “el famosísimo Auditorio de Sydney”. El objetivo era documentar un hecho inventado: que su libro daba la vuelta al mundo “como hizo el personaje de Julio Verne”.

A los pocos días recibía la siguiente respuesta:

Estimado amigo: El embajador me ha remitido su petición y con mucho gusto haré la foto de su libro con la Ópera House de fondo cuando lo reciba.

Cordialmente.

Enrique Sardá Valls

Cónsul General de España en Sydney

La anécdota resume bien al ya ex-cónsul de España en Washington, destituido fulminantemente a sus 65 años, después de dejar un comentario en Facebook sobre la presidenta andaluza Susana Díaz, un chiste que solo se entiende en su contexto: el de un grupo cerrado que compartía un código satírico particular. En los más de diez países por los que ha pasado, Sardá Valls lo ha hecho dejando un rastro parecido: el de un hombre trabajador que se desvive por “la colonia” (los españoles en el extranjero a los que representa); y con una personalidad arrolladora, pelín excéntrica y sin pelos en la lengua. Su posición crítica con la labor del gobierno español en Cataluña -que nunca ha ocultado- ha generado alguna que otra situación incómoda, pero al final ha sido su locuacidad en Facebook la que ha acabado con 40 años de carrera. Con paradoja: fue precisamente él quien elaboró la primera estrategia de redes sociales del Ministerio de Exteriores, plan que puso en marcha entre 2012 y 2014 cuando era asesor de la Dirección General de Medios y Diplomacia Pública.

Su manera de ser y de vestir, su marido alemán, su barba de cinco días, su heterodoxia en un mundo uniforme, y su fama de ir siempre por libre le han granjeado muchos enemigos. En mayo del año pasado, sin ir más lejos, recibió una llamada furibunda al orden desde la Oficina de Información Diplomática (OID) después de que el diario El País publicase esta entrevista, en la que el cónsul se permitía algo inaudito en el mundo diplomático español: expresar su opinión personal sobre temas tan controvertidos como el secesionismo (“No concibo una Cataluña independiente (...) pero sí con una ensambladura diferente a la que tiene ahora”) o las inversiones en infraestructuras del estado español (“un corredor mediterráneo habría generado mucha más riqueza que no un AVE que no coge nadie”).

El ex-cónsul en un museo (Facebook)
El ex-cónsul en un museo (Facebook)

Semanas después de aquello, el entonces embajador, Ramón Gil-Casares, le prohibió jurar bandera española en el buque Juan Sebastián Elcano, atracado en Baltimore. “Yo estaba invitado, pero el embajador no me dejó subir. Cuando se lo dije al general no se lo creía. El pretexto es que no querían que saliese otra vez en la prensa, que no querían que tuviese ningún protagonismo”, recuerda por teléfono desde su casa en Washington, donde ya ha empezado a hacer las maletas y pedir presupuestos para la mudanza.

Pregunta. ¿Te arrepientes del comentario en Facebook sobre Susana Díaz?

Respuesta. Estoy absolutamente desolado por haber ofendido a esta gente. Todo ha sido sacado de contexto. Me siento como San Juan Bautista, con la cabeza cortada en la bandeja de plata para Salomé. Se ha sacado de quicio por completo, ha sido una decisión yo creo precipitada. Nunca había visto tanto odio. Están llamando putas a mis amigas en los comentarios de las fotos, todo de una bajeza... Me pregunto cómo es posible que la gente reaccione así. Hay un odio, un resentimiento social, una envidia...

P. ¿Cómo te lo han comunicado? ¿Has hablado con el ministro Dastis?

R. No, no me ha llamado ni me han dado demasiadas explicaciones. Anoche me telefoneó la subsecretaria para comunicármelo. Después llegó el telegrama diciendo que tengo 30 días para volver a España. Hoy ya no he podido ni firmar poderes, estoy destituido, ya no tengo cargo.

Enrique Sardá Valls asegura que nunca renegó de su españolidad (Facebook)
Enrique Sardá Valls asegura que nunca renegó de su españolidad (Facebook)

P. ¿Puede un cónsul que representa a España permitirse este tipo de bromas?

R. Además de diplomático soy un ciudadano privado y tengo perfectamente derecho en mi perfil de Facebook, con mis amigos, de decir lo que me plazca. Pero estamos en un país en el que todo el mundo critica a todo el mundo y el comportamiento de la jauría que me está linchando es lo preocupante. ¿Qué pasa con la gente que tiene las espaldas menos fuertes y la piel menos gruesa que yo? Es normal que haya chavales que acaben suicidándose con estas persecuciones que se preparan. En las últimas horas me han dicho de todo. Decir que me burlo de Andalucía es descontextualizar y buscarle tres pies al gato. Era un foro donde se bromeaba con un tono jocoso, con faltas de ortografía. Una cosa divertidísima, que te mueres de la risa, lo mejor del verano, absolutamente genial y postalmodovariano. No tenía nada de malo.

El ex-cónsul disfrutaba de una intensa vida social (Facebook)
El ex-cónsul disfrutaba de una intensa vida social (Facebook)

P. Susana Díaz se ha ofendido mucho con tu comentario. ¿Qué le dirías?

R. A la señora Díaz yo… Mira, todo político que está en una situación de relumbrón sabe que se puede exponer a la sátira y lo que hice fue una sátira en modo jocoso en un grupo privado sobre la coincidencia del color del traje. Quizá por deformación profesional me fije en las formas diplomáticas, en la vestimenta.

P. El debate se ha convertido ya en un asunto regional, catalanes frente a andaluces. ¿Lo ve así?

R. Es evidente que si yo hubiera sido extremeño, o cordobés, o navarro, no se hubiera armado la que se ha armado. En la red, con la cantidad de insultos que he recibido, se ve que está la catalonofobia a flor de piel. Es muy lamentable. Al ministro le han puesto entre la espada y la pared. Me he convertido en un personaje incómodo y para acallar las huestes me han cortado la cabeza. Lo siento como una gran injusticia.

Nunca hemos tenido un cónsul como él. Ha hecho cosas que jamás hizo nadie y es muy distinto al resto de diplomáticos

Según una decena de testimonios recogidos en diferentes ambientes, la destitución de Sardá Valls ha sentado como un tiro a gran parte de la comunidad española bajo su jurisdicción (Washington y estados limítrofes), compuesta por unas 25.000 personas. “Nunca hemos tenido un cónsul como él. Ha hecho cosas que jamás hizo nadie. Se movilizó para crear una red de cónsules honorarios, hizo una plataforma digital donde nos puso en contacto a todos, unió a la comunidad con actos, voluntariado e iniciativas. Iba a todos los eventos y se quedaba hablando con todo el mundo, daba la bienvenida a la gente nueva, siempre estaba disponible. Ha sido espectacular”, comenta Teresa Valcarce, miembro del Consejo de Residentes Españoles en Washington y una de las caras más visibles de la comunidad.

Era muy activo con la comunidad española en Washington (Facebook)
Era muy activo con la comunidad española en Washington (Facebook)

Manifestación en su defensa

Un grupo de residentes ha convocado una manifestación frente a la embajada española en Washington mañana jueves en protesta por la destitución y ha abierto una recolecta de firmas en Change.org, exigiendo que la prensa le pida disculpas. Quienes le defienden le atribuyen varios méritos, entre otros el “haber salvado la vida a una anciana”. “Era una señora que vivía sola y fue al consulado a hablar de su caso. Enrique se lo tomó como algo personal e iba a visitarla. Estaba pendiente de ella todo el rato. Era un hombre extraordinariamente trabajador, muy culto, muy distinto a la mayoría de los diplomáticos, muy poco convencional. Los españoles aquí lamentamos mucho su destitución”, explican. Aunque no quieren ser retratados con nombre y apellidos, varios subordinados y ex-compañeros también tienen buenas palabras para Sardá Valls, a quien definen como “un tipo muy trabajador que a veces chocaba con el establishment del ministerio”.

P. ¿Tras la destitución le mandarán a hacer pasillo al ministerio o espera otro destino?

R. Ya no pretendo nada. Tengo 65 años y llevo cinco años pidiendo una embajada. Mis planes eran que si me daban una en la zona donde yo deseaba, aceptaría de mil amores. Y si no me la daban, me iba a retirar tranquilamente. Ahora está todo más claro para jubilarme, no creo que me vayan a nombrar embajador. Además soy el único cónsul en EEUU al que no pagan la residencia oficial. Se me va la mitad del sueldo, unos 7,000 dólares al mes. Yo he sido estos años un diplomático 'low cost', porque además todos los gastos de representación los he pagado de mi bolsillo, cenas y todo. Seguro que al que venga a sustituirme ya no le hacen esto.

P. ¿No le pagan la residencia como al resto de cónsules? ¿Cómo puede ser eso?

Se hizo por el plan de austeridad y lo han mantenido solo en mi caso. La gente cree que los diplomáticos vivimos bebiendo champán y en la abundancia, que es la imagen de antes de la primera guerra mundial. Pero ahora es todo menos un chollo. Ni nos pagan como nos deberían pagar comparado con países de entorno, ni nos dan los beneficios. La gente está mal informada, no saben que vivimos en unas condiciones cada vez peores.

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