fachín desoye a madrid y afronta una escisión

Podemos pierde el control de su marca en Cataluña, rota por el desacuerdo con Colau

Las atropelladas negociaciones que apuntaban a una situación de desgaste puntual, debido al enconamiento de las diferencias, han acabado por explosionar y trasladar la crisis al plano estatal

Foto: Pablo Iglesias, junto al secretario general de Podem, Albano Dante, y las dirigentes catalanas Noelia Bail (izq.) y Angels Martínez. (EFE)
Pablo Iglesias, junto al secretario general de Podem, Albano Dante, y las dirigentes catalanas Noelia Bail (izq.) y Angels Martínez. (EFE)

Los capítulos de la negociación entre Podem y el nuevo partido político auspiciado por los comunes que lidera la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el portavoz en el Congreso Xavier Domènech, se han sucedido precipitadamente durante los últimos días. Ultimátums, referéndums internos, ruptura de negociaciones, reanudación de conversaciones, nuevos desplantes, rectificaciones y, sobre todo, una fuerte fractura interna que se ha traducido en la petición de dimisión de la dirección de Podem, con su secretario general, Albano Dante Fachín, en el punto de mira del sector crítico.

La marca de Podemos en Cataluña encaró unas negociaciones para integrarse en el nuevo partido de los comunes, junto a Barcelona en Comú, ICV, EUiA y Equo, con el objetivo de evitar su disolución orgánica, pero el atropellado proceso ha acabado por provocar la propia autodestrucción de la formación. "Hemos perdido el control de Albano [Dante]", reconocían en privado fuentes de la dirección del partido en Madrid. Pablistas y errejonistas coinciden en el análisis de la situación. El sector anticapitalista evita pronunciarse, pero las gestiones del europarlamentario Miguel Urbán, que se trasladó a Barcelona en medio de la crisis negociadora, tampoco dieron frutos. Acostumbrados a cerrar acuerdos en el último minuto, como sucedió ya en el caso gallego de En Marea, en esta ocasión son menos optimistas, al menos en el corto plazo.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)

Lo que solo parecía una situación de desgaste puntual debido al enconamiento de las diferencias, tanto en el seno de la dirección como entre las bases, sobre la idoneidad o no de formar parte del nuevo partido y el cómo, ha acabado por explosionar y trasladar la crisis al plano estatal. Todo ello después de un deslegitimado referéndum en el que apenas participó el 10% del censo, ganando por la mínima el no a la confluencia que defendía la dirección, para posteriormente rectificar, apostar por prestarse a las primarias y dividirse en hasta tres listas diferentes —la oficialista, la de los críticos y próximos a Errejón y otros 'independientes' incluidos en la encabezada por Domènech—.

Podem encaró las negociaciones con el objetivo de evitar su disolución, pero el atropellado proceso ha acabado por provocar su propia autodestrucción

La última decisión de Fachín, con la que sorprendía apenas dos días antes del inicio de las primarias, fue romper con los comunes, retirar consecuentemente su lista en las primarias a la dirección y dar por hecho que los críticos, quienes han confirmado que seguirán adelante con la suya, se han "autoexpulsado" de Podem. Han roto el "contrato" por no plegarse a las decisiones de la dirección, además de que, según Fachín, abandonarían los órganos por "presentarse a las primarias de otro partido".

Pablo Iglesias, que mantuvo una cautelosa distancia en todo el proceso de negociaciones, apelando a la neutralidad y la autonomía de la dirección catalana, acabó cogiendo el toro por los cuernos este jueves al pedir públicamente al secretario general que retomase las conversaciones, reconociendo además que estaba "enormemente decepcionado". Fachín, minutos después, le respondía tras convocar una rueda de prensa que los "primeros decepcionados" habían sido ellos y que no podía retomar el diálogo porque ya no hay mesa de negociación.

Pablo Iglesias y Albano Dante Fachín. (EFE)
Pablo Iglesias y Albano Dante Fachín. (EFE)

La decisión de Fachín se presupone "irreversible". A las 12 de esta noche se cierra la primera fase de proceso y el sábado arrancan las primarias. Los comunes siguen adelante con su hoja de ruta. Sin cambios, lo que precisamente habría dinamitado la paciencia de Fachín, para quien no se han dado las condiciones necesarias mínimas para la integración. "No hay garantías democráticas si a una parte se le impide saber cómo se votará, cuáles serán los sistemas de verificación y, por responsabilidad, por convicción y, sobre todo, por la gente de Podem que estableció unas condiciones, no podemos participar, porque nosotros estamos sujetos a nuestra militancia", argumentaba tras anunciar la ruptura.

Pablo Iglesias tiene un problema con su marca en Cataluña, una factura que podría pagar cara en las elecciones generales de 2020

Podem y los comunes están condenados a entenderse. Ni Podem, ni los comunes, ni la dirección madrileña dudan de ello. Enfrentarse en las urnas sería un suicidio para ambas partes, razonan, atomizando el espacio electoral no independentista a la izquierda del PSC. La pregunta sigue siendo el cuándo y el cómo. Todo sigue abierto. Las peticiones de dimisión de Albano Dante se hacen más fuertes a medida que se acerca el toque de la bocina. De no cerrar un acuerdo ni dar un paso atrás, una dimisión en cadena de los miembros de la dirección podría provocar la creación de una gestora. Madrid tomaría las riendas de las negociaciones, pero con el nuevo partido ya construido.

La máxima de los comunes, aceptada por formaciones históricas como ICV o EUiA, pasa por formar un partido, nunca una coalición electoral. La única vía abierta pasaría por retrasar el calendario del proceso fundacional, lo cual descartan fuentes cercanas al grupo promotor, o en último caso renunciar a formar parte de los órganos del partido y presentar listas para las primarias antes de las elecciones, como independientes. Cualquiera de las soluciones, incluso un acuerdo de última hora, dejará a Podem en un plano secundario de la política catalana, fracturado y con una escisión de cuadros, orgánicos y parlamentarios, que se integrarían en el nuevo sujeto político. Pablo Iglesias tiene un problema con su marca en Cataluña, una factura que podría pagar cara en las elecciones generales de 2020.

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