cada contrato tuvo una sola oferta

Defensa adjudicó a dedo 7,5 millones para la nueva planta 'antiébola' del Gómez Ulla

El ministerio utilizó los procedimientos de emergencia, restringido y negociado sin publicidad para adjudicar casi una treintena de contratos cuando ya no había amenaza social

Foto: Unidad de aislamiento de alto nivel del hospital Gómez Ulla, situada en la planta 22 del inmueble. (EFE)
Unidad de aislamiento de alto nivel del hospital Gómez Ulla, situada en la planta 22 del inmueble. (EFE)

El Ministerio de Defensa adjudicó durante los primeros meses de 2015 un total de 29 contratos de obras, suministros y servicios a través de los procedimientos de emergencia, restringido y negociado sin publicidad para la construcción de una planta de "grandes infectados" en el hospital militar Gómez Ulla. Las adjudicaciones fueron entregadas a partir de marzo de 2015, tres meses después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) comunicara a España que había quedado libre de ébola, por un montante total de 7,5 millones de euros, según datos obtenidos de la Plataforma de Contratación del Estado.

El Confidencial ya anunció en octubre de 2014 -cuando la auxiliar de enfermería Teresa Romero se encontraba ingresada (fue dada de alta el 5 de noviembre)- que Defensa estaba planificando la reforma de la planta 22 del mencionado centro sanitario con el fin de habilitar en ella una zona para atender a 15 personas. Para entonces, el ébola ya se había cobrado la vida de los religiosos Miguel Pajares y Manuel García Viejo en agosto y septiembre de 2014. Sin embargo, la amenaza ya había sido descartada por las autoridades internacionales cuando se adjudicaron los contratos.

No se justificaría, por lo tanto, que estos fueran licitados a través de los mencionados procedimientos de emergencia, restringido y negociado sin publicidad, y menos aún que todos ellos fueran adjudicados a dedo con la concurrencia de una sola oferta, como ha comprobado este periódico con cada uno. Sin embargo, en todos los casos se entregó la obra al único licitador que concurría, lo que indica que fueron concedidos a dedo. 

Planta 22 del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla. (EFE)
Planta 22 del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla. (EFE)

Desde el Ministerio de Defensa, argumentan que la inversión fue tan alta porque se adquirió la tecnología más avanzada. La adjudicación por el procedimiento de urgencia, a dedo y con un solo recurrente, añaden, se debió a que "muy pocas empresas" en el mundo pueden suministrar este tipo de equipos, que por supuesto son carísimos. Además, continúan, aunque la OMS ya había dicho que España no estaba en peligro, era necesario contar cuanto antes con un centro de referencia a nivel nacional por si había nuevos sustos, que no podían volver a cogernos desprevenidos. "Ahora se viaja mucho y cualquiera puede traer infecciones que ya estaban erradicadas en nuestro país", explican desde Defensa.

Desde el departamento dirigido por Pedro Morenés, explican que, cuando se produjo la crisis del ébola, el Gobierno se dio cuenta de que España no disponía de un centro de referencia para tratar este tipo de enfermedades altamente infecciosas. Ningún hospital de ninguna comunidad autónoma estaba preparado para atender estas enfermedades, que podían provocar una situación de emergencia nacional, argumentan. Fue la intención de crear unas instalaciones adecuadas que sirvieran para atender cualquier epidemia y servir a todo el país, por lo tanto, lo que provocó que el Gobierno decidiera invertir en la última tecnología y con prisa, insisten. 

Los 29 contratos de obras, suministros y servicios fueron repartidos a dedo entre una veintena de mercantiles -la mayoría extranjeras-, ya que algunas de ellas se llevaron dos y hasta tres adjudicaciones. Los contratos fueron formalizados gradualmente entre finales de 2014 -concretamente diciembre, cuando se entregaron dos demoliciones- y noviembre de 2015, cuando se concedieron los gases médicos y los cabeceros. La mayoría de las adjudicaciones, sin embargo, tuvieron lugar entre marzo y junio del año pasado.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Defensa, Pedro Morenés. (EFE)
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Defensa, Pedro Morenés. (EFE)

En ese periodo, Defensa -tras acuerdo de una comisión interministerial- entregó la instalación del aire acondicionado y la climatización, los trabajos de fontaneríaelectricidad y estructura metálica y cerramientos, el control de accesos, los sistemas contra incendios y otras obras destinadas a la reforma de toda la planta con el fin de crear una zona de aislamiento que permitiera el tratamiento de pacientes infecciosos.

En total, 7,5 millones de euros (a los que habría que añadir 1,6 millones en material adquirido por la Inspección General de Sanidad del Ministerio de Defensa) para reacondicionar una instalación que no había sido declarada de referencia por el Gobierno, un coste muy superior a los 1,2 millones que, por ejemplo, desembolsó la Consejería de Sanidad para adaptar el hospital Carlos III, según publicó el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid el 9 de octubre de 2014. Defensa argumenta que el precio fue muy superior al que desembolsó la Comunidad de Madrid en el Carlos III porque en ese caso tan solo se acondicionaron dos habitaciones, de forma provisional y con un nivel de protección mínimo.  

Los 29 contratos fueron repartidos a dedo entre una veintena de mercantiles, ya que algunas de ellas se llevaron dos y hasta tres adjudicaciones

La planta 22 del Gómez Ulla -que se extiende a lo largo de 2.000 metros cuadrados- funciona desde hace meses, aunque cuenta con algunas partes cerradas. En concreto, tiene ocho plazas disponibles para ser utilizadas en cualquier momento. En la misma planta, además, existen otras ocho habitaciones con la preinstalación lista para ser adaptadas en el momento en que fuera necesario, según explican desde el Ministerio de Defensa, que no sabe concretar cuántas personas están siendo tratadas en este momento más allá de un ciudadano que ingresó la semana pasada.

Control de cámaras de la planta 22 del hospital Gómez Ulla. (EFE)
Control de cámaras de la planta 22 del hospital Gómez Ulla. (EFE)

A pesar de que fue creada tras la crisis del ébola, lo cierto es que la planta 22 no ha tratado en ningún momento a nadie afectado por esta enfermedad. Su erradicación inmediata en España provocó que se haya utilizado para afrontar otro tipo de infecciones con el fin de dar uso a la maquinaria y que esta no se degradara por la falta de utilización. Según Defensa, aunque fue reformada como consecuencia del ébola, la intención era hacer un centro para todo tipo de infecciosos graves y que España tuviera unas instalaciones que dieran una respuesta de Estado a futuras crisis nacionales.

La tecnología instalada en el Gómez Ulla, además de para tratar epidemias, servirá también para riesgos biológicos y químicos, para los que tampoco había emplazamientos sanitarios adecuados, explican desde el ministerio.

El Consejo Interterritorial de Salud estableció además el 15 de enero de 2015 que los centros sanitarios de referencia en materia de ébola serían los hospitales Virgen del Rocío (Sevilla), Royo Villanova (Zaragoza), Nuestra Señora de la Candelaria (Tenerife), Clinic (Barcelona), La Fe (Valencia), La Paz - Carlos III (Madrid) y Donostia (San Sebastián). Se trataba de las instalaciones encargadas de tratar casos confirmados de ébola en España. La planta 22 del Gómez Ulla, que no estaba entre esos centros, sin embargo, explica Defensa, estaría por encima de todos ellos, ya que cuenta con una maquinaria de última generación que ningún hospital autonómico ha puesto en marcha.

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