un informe constata el elevado número de casos

Odio al pobre: la mitad de los 'sin techo' afirma ser víctima de agresiones violentas

Insultos, humillaciones, lanzamiento de objetos, palizas... La mayoría de las víctimas declara que lo más frecuente es que ocurra por la noche, a manos de grupos de jóvenes que salen de fiesta

Foto: Un hombre 'sin techo' duerme en la acera, junto a una cafetería. (EFE)
Un hombre 'sin techo' duerme en la acera, junto a una cafetería. (EFE)

Dioni decidió ir a dormir a un cajero porque estaba lloviendo. Eran en torno a las dos de la mañana cuando cuatro chavales, que salían de una zona de copas cercana, pasaron por delante del cajero. Cuando le vieron, se dieron la vuelta y abrieron la puerta y "allí me pillaron durmiendo en un saco y como en el saco es de estos militar, que no tiene cremallera, no me dio tiempo a nada y me comí la paliza. Se fueron tan contentos, y se contaban el uno al otro que le habían pegado a un vagabundo"

Extracto del informe del Observatorio Hatento sobre delitos de odio hacia personas sin hogar.

 

Los ves a diario, de camino al trabajo, en tu barrio, y puede que ni repares en ellos. Su perfil ha cambiado con la crisis. Son, según el INE, más de 22.000 personas -40.000 según Cáritas- las que no tienen un techo propio donde guarecerse por las noches. "Se merecen todo lo que les ocurra", piensan algunos, y, quizá como consecuencia de esta forma de pensar, la mitad de ellos sufren a menudo incidentes o delitos de odio. Es la aporofobia, el miedo a los pobres.

El dato lo desvela este lunes el Observatorio Hatento y es fruto de una investigación pionera cuyo origen se remonta al asesinato de Rosario Endrinal, en 2005. Al igual que Rosario, que murió en Barcelona a manos de dos jóvenes que la abrasaron viva tras rociarle con disolvente, al igual que Dioni, el del saco militar, y que Manuel, el de las naranjas, cientos de personas sin hogar se enfrentan en España a experiencias crueles basadas en la intolerancia y los prejuicios hacia su situación de exclusión social extrema [descargue aquí el informe].

"Eres una escoria humana", "mendigo de mierda", "vagabunda, guarra", "eres una vergüenza para España", les gritan. Sufren violencia estructural en forma de agresiones, humillaciones, intimidaciones. Curiosamente, los agresores no son en su mayoría colectivos neonazis sino, tal y como se refleja en el informe, “chicos jóvenes que salen fiesta”. “Me dieron un porrazo en la cabeza con una barra de cobre forrada. Acabé con la arteria de la cabeza seccionada”, cuenta Joaquín. 

Los delitos de odio contra las personas sin hogar - RAIS Fundación

Vídeo: "Vivir en la calle es lo peor que hay"

 

“El hecho de que el perfil principal del agresor sea un grupo de jóvenes en plena noche de copas nos desconcierta. No son neonazis, pero estos chicos sí tienen interiorizados una serie de estereotipos de intolerancia”, reflexiona Maribel Ramón Vergeles, coordinadora técnica de Hatento.

“Estos delitos de odio son, en realidad, como los llamamos nosotros, delitos de ocio. Los agresores nunca van solos, siempre en grupo, quieren hacerse los 'machitos', y tienen una imagen tan deshumanizada de las personas sin hogar que acaban meándoles encima, lanzándoles  piedras y vasos”, explica.

En mitad de la polémica por las clases a la policía municipal que propone Ahora Madrid, destaca el hecho de que un 10% de los episodios que recopila el informe se produjeron por parte de los servicios policiales. Identificaciones discriminatorias, trato vejatorio, daño de las pertenencias y agresiones físicas por parte de agentes son algunas de las experiencias que las personas entrevistadas y participantes en los grupos de discusión han compartido con el equipo del Observatorio Hatento.

Rocío: “En los 10 años que he vivido en la calle me han tratado, en vez de como persona y mujer, como objeto y como basura”. (Foto: Observatorio Hatento)
Rocío: “En los 10 años que he vivido en la calle me han tratado, en vez de como persona y mujer, como objeto y como basura”. (Foto: Observatorio Hatento)

"El propio ministerio del Interior publicó en diciembre un nuevo protocolo de actuación; ahí se reconoce la necesidad de formación en el trato con minorías y en casos de delitos de odio. Pero la Fiscalía, la judicatura, nosotros mismos, las ONG, también requerimos de formación especializada”, aclara Vergeles.

Y, por último, la indiferencia de los testigos presenciales. La investigación de Hatento descubre que dos de cada tres de las experiencias analizadas fueron presenciadas por otras personas, y en un 68,4% de estos casos, los testigos no hicieron nada.

“Esto nos ha sorprendido especialmente. Debemos apelar a la ciudadanía no a ser superhéroes, pero sí que, por lo menos, cuando se presencie un incidente de este tipo, se llame a la policía y una vez finalizado el proceso se acerque a la víctima y se interese por ella. No hacer nada es aceptar la intolerancia como algo inevitable”, señala la coordinadora.

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