Infravivienda y ocupación, el nuevo paisaje urbano en la era de los desahucios
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ADÓNDE VAN LOS DESAHUCIADOS

Infravivienda y ocupación, el nuevo paisaje urbano en la era de los desahucios

El drama de los desahucios ha ido acompañado de un incremento de las okupaciones y la reconversión de naves, edificios de oficinas o bajos en infraviviendas

Durante el tercer trimestre del año, los desahucios aumentaron un 13,5% respecto al mismo período del año anterior, según la media extraída de los diferentes datos oficiales. Un drama social que está modificando el paisaje urbano de las grandes ciudades, como es el caso de Madrid, donde se han disparado las okupaciones y la reconversión de naves industriales, edificios de oficinas en desuso o bajos comerciales en infraviviendas. “La gran mayoría de comercios de toda la vida que había en el corazón del barrio, sin baño y sin ventilación, han ido cerrando y ahora se destinan al alquiler como vivienda”, explica Manuel Osuna, presidente de La Corrala, una asociación de vecinos del castizo barrio madrileño de Lavapiés. (Vea el álbum 'Infravivienda y ocupación').

placeholder Una corrala en el barrio de Lavapiés.
Una corrala en el barrio de Lavapiés.

Manuel Osuna es el cartero del barrio y conoce de cerca las condiciones habitacionales de los vecinos instalados en este céntrico pero humilde barrio de la capital. En Lavapiés, con sus características corralas, muchas de ellas de entre 15 y 30 metros cuadrados y con baños compartidos en el exterior, se concentra la mayor bolsa de infravivienda de la capital, después de la zona del Gallinero, en el poblado de la Cañada Real. A esta situación se le ha sumado, en los últimos años, el fenómeno de los bajos comerciales reconvertidos en vivienda, sobre todo en calles como Zurita o Salitre, adonde van a parar familias sin recursos y víctimas de los desahucios, pero también jóvenes con trabajos precarios.

Sin cédula de habitabilidad y en algunos casos ejerciendo como pisos patera, el responsable de urbanismo de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), Vicente Pérez, llama la atención sobre el perfil de sus ocupantes: parejas jóvenes e inmigrantes, dos de los colectivos sociales más castigados por la crisis. Familias desahuciadas, varias de ellas con niños pequeños, son también las que viven en naves semiabandonadas en el polígono de Villaverde, uno de los barrios en el que casi a diario algún vecino pierde su casa. Esta salida tristemente se está visibilizando a raíz de los numerosos incendios causados por estufas o el mal estado de las instalaciones eléctricas en estas infraviviendas.

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Un niño juega en la Colonia Experimental de Villaverde Alto.

En Villaverde también, cerca de medio millar de familias habitan en la denominada Colonia Experimental de Villaverde Alto, compuesta por 28 bloques construidos en 1957 por la Obra Sindical del Hogar. De entre ellos, una cincuentena son okupas. La gran mayoría de los vecinos tilda las condiciones de habitabilidad de "pésimas", hasta el punto de que una sentencia incumplida del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de 2005 obliga al madrileño Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) a reformar los pisos, de unos 45 metros cuadrados, y las zonas comunes, por las que se cuelan humedades y olores de las fosas sépticas mal ejecutadas. (Vea la galería con fotografías del deteriorado estado en el que se encuentran).

Las naves industriales abandonadas en el barrio de Legazpi, cercanas a la estación de Delicias y que hasta 2007 se utilizaban como cocheras para autobuses, también fueron okupadas hasta su demolición el pasado mes de agosto por parte del ayuntamiento. En el lugar, ahora reducido a escombros, se construirán un centenar de viviendas de lujo.

Los sin techo también se han multiplicado desde el inicio de la Gran Recesión, hasta el punto de que son frecuentes los conflictos por conseguir refugio en un cajero durante las noches de invierno. El cierre del túnel de Plaza de España, donde dormían muchos de ellos, los ha llevado a tener que dormir en callejones y en plena acera. Entre ellos Eduardo, de 68 años, que se ha visto obligado a desplazarse a las inmediaciones de la Plaza de España, donde resiste al frío invernal con unas simples cajas. Es uno de los sintecho más veteranos. Lleva en la calle desde 1995, cuando sufrió un accidente de la construcción que le produjo daños cerebrales y acabó separándose de su pareja. Todo ello, unido a su adicción al alcohol, de la que ahora dice estar recuperándose, lo ha llevado a padecer esta situación durante casi dos décadas.

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Manuel frente al banco en el que se dispone a dormir.

La lucha por los alquileres sociales

Desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) se está promoviendo también la ocupación de bloques, propiedad de entidades bancarias, para familias en emergencia habitacional. Su primer objetivo es dar cobijo a las familias que se han quedado en la calle, para luego pasar a una segunda fase de negociación con el banco para arrancarle un alquiler social en las viviendas que posea vacías a cambio de abandonar el inmueble, según explica Lucía, portavoz de la Asamblea de Vivienda Centro. (Vea el álbum 'Infravivienda y ocupación').

‘La Manuela’ es uno de sus últimos logros, un edificio propiedad de CaixaBank en el barrio de Malasaña, en el que se realojó a una veintena de familias sin alternativa habitacional en el mes de enero. Tras nueve meses de negociaciones y amenazas de desalojo, consiguieron firmar un acuerdo con La Caixa, que se comprometió a realojar a sus ocupantes en régimen de alquiler social. Unas acciones que han denominado Obra Social de la PAH, y de acuerdo con las cuales se ha conseguido una solución habitacional para más de 1.200 víctimas de desahucios en todo el país.

El portavoz de la PAH en Vallecas, Iván Sánchez, lamenta que “ni los servicios sociales ni la Administración son capaces de prevenir este tipo de situaciones” más allá de casos puntuales y mediáticos. Sánchez cita como ejemplo el caso de Carmen Martínez, una anciana de 85 años desahuciada de su casa. Tras visibilizarse su caso en todos los medios cuando el Rayo Vallecano se comprometió a pagarle un alquiler, “la alcaldesa anunció que le ofrecerían plaza en una residencia, pero se trata de propaganda puntual porque el ayuntamiento no cuenta con programas específicos de realojo”. Como apuntaba otra de las activistas de la PAH en este barrio obrero, Mercedes Lovera, “cada día tenemos una Carmen en el barrio, y muchas más en todo Madrid y el resto de comunidades autónomas”.

placeholder El interior de una de las viviendas ocupadas de 'La Manuela' en la La Latina.
El interior de una de las viviendas ocupadas de 'La Manuela' en la La Latina.

Estampas presentes de un pasado en blanco y negro

La erradicación de la infravivienda es una de las reivindicaciones históricas de la FRAVM, “lo llevamos pidiendo desde los años 70”, recuerda Vicente Pérez, pero a raíz de la multiplicación de los desahucios es un mal menor en comparación con los que se quedan en la calle. Milagros, por ejemplo, sólo pudo permitirse con su sueldo de limpiadora a horas una infravivienda en Carabanchel, después de sufrir un desahucio de su casa en Legazpi, pero respira aliviada porque, dice, “por lo menos así los servicios sociales no me han quitado a mi hijo pequeño”.

La infravivienda tiene demanda, tanto que hasta en conocidas web de anuncios de alquiler se ofertan “viviendas” de 15, 16 o 18 metros cuadrados por precios que rondan los 300 euros. Todo ello, a pesar de que la legislación establece en 20 metros cuadrados de suelo útil el mínimo para otorgar las células de habitabilidad. Sin embargo, los jóvenes con trabajos precarios ven en este tipo de viviendas su única opción para emanciparse.

“Hoy en día, una pareja joven te dice que con un piso de 30 metros cuadrados, barato, se apañan perfectamente”, señala el cartero de Lavapiés. El paisaje urbano está volviendo a reproducir estampas de un pasado en blanco y negro.

Vea el álbum 'Infravivienda y ocupación'

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