CAMINO A LA EXTINCIÓN

Ferrol, en crisis perenne

La séptima ciudad de Galicia, que depende hasta la asfixia del sector naval, se desangra sin grandes contratos en despoblación, paro y ruina urbanístíca

Foto: Movilización de los trabajadores de Navantia, en Ferrol. (Efe)
Movilización de los trabajadores de Navantia, en Ferrol. (Efe)

Ferrol viene a ser, a Galicia, lo que Detroit fue a Estados Unidos. Si la ciudad de Michigan fió su futuro a la industria del motor y terminó en quiebra, toda la ría de Ferrol depende, casi en exclusiva, del sector naval. En Ferrol las crisis no son cíclicas, son sistémicas como endémicos son el paro (26%) y la despoblación, dos dramas que se agravan con el deterioro urbanístico de una ciudad lastrada por el peso del Estado, que ocupa el 20% del suelo público para fines militares y donde edificios históricos conviven con la ruina y los cascotes. Se cuentan 8.300 viviendas deshabitadas y unos 700 comercios y negocios han cerrado sus puertas desde 2010.

El ejemplo que mejor lo ilustra es la calle Carmen Curuxeiras, en el corazón de Ferrol Vello, al que sus propios vecinos se refieren como un pequeño Kosovo que las elecciones locales han despejado de escombros. Es el kilómetro cero del Camino Inglés a Compostela pero hace más de un año que el Ayuntamiento tuvo que desviar el paso de peregrinos porque la lluvia deshacía las vigas de madera de viejos edificios en ruinas que se desmoronaban sobre la calle. En enero de 2014, tuvieron que desalojar dos inmuebles para apuntalar las casas y cerrar la vía al tráfico.

Hace décadas que la comarca respira a la sombra de los astilleros públicos de Navantia, con dos factorías en Fene y Ferrol, y que son la razón de ser de una ciudad que nació y creció como Arsenal Militar desde 1726, cuando Felipe V decidió que la ría fuera el garaje y taller de su flota real. Estas dos fábricas de buques son el corazón, el hígado y los pulmones para la economía de los 20 ayuntamientos de la zona y el único tractor del sector servicios. El último gran contrato naval se firmó con Australia en 2007. Cuando las gradas se vacían, como ocurrió este último lustro, sin nuevos pedidos militares para las Marinas extranjeras, Ferrol se desangra por tres arterias: población, paro y cierres. Desde 1981, la ciudad naval ha perdido 22.336 vecinos. La última propuesta del INE para 2015 sitúa el padrón ferrolano en 69.428 personas y la sangría se aceleró en esta última década, de 2005 (77.155) en adelante, con un declive poblacional que parece imparable.

Plaza Vella, Ferrol


Vídeo: Praza Vella, Ferrol

 

A principios de los ochenta, con los astilleros a toda máquina antes de la primera gran reconversión que sacrificó los astilleros gallegos (Astano, en Fene) para que España ingresara en la Unión Europea, Ferrol sumaba 91.764 habitantes. La antigua Astano (hoy Navantia Fene), empleaban a cerca de 11.000 operarios cuando construía los superpetroleros que asombraron a los ingenieros nipones y coreanos. Hoy quedan menos de 300 trabajadores mientras que en la factoría de Ferrol -antigua Bazán-, la plantilla ronda los 2.000.

El paro, el segundo síntoma de la enfermedad crónica que castiga a Ferrol, escaló este lustro desde el 12% (2009) hasta una marca inédita: 33,3%, y en las cuentas oficiales, figuraban más de 4.700 personas sin derecho a subsidio o prestación.

“Somos campeones del paro y de la pobreza”, es una cantinela trágica que suele repetirse en la calle, barajando unas cifras demoledoras que, se miren por donde se miren, sólo podían leerse en negativo, como también lo es el saldo vegetativo. En 2013, de acuerdo al IGE, hubo 440 muertes más que nacimientos, y eso, en una ciudad muy envejecida donde los prejubilados de la Armada y de los astilleros son los que tiran del carro de la economía de muchas familias. A otras, no les ha quedado más remedio que recurrir a la beneficencia, con Cáritas y la Cocina Económica a la cabeza. El comedor social de Ferrol sirvió 111.844 raciones en 2014 y desde las filas de Izquierda Unida en Galicia, su coordinadora, Yolanda Díaz, no cesa de repetir que en Ferrol hay gente pasando “hambre”. “No es un decir. Los directores de los colegios saben perfectamente que hay niños que llegan sin desayunar y sólo comen una vez al día”, denuncia la organización. La última EPA del primer trimestre de 2015 le da un leve respiro al desempleo ferrolano y deja la tasa en el 26%.

Calle Carmen Curuxeiras, Ferrol.
Calle Carmen Curuxeiras, Ferrol.

Políticamente, Ferrol también es una ciudad difícil de explicar en la orografía gallega y por muchas causas. Por esta localidad al norte de A Coruña se asomaron al mundo el dictador Francisco Franco y el primer Pablo Iglesias, el fundador del PSOE y la UGT. Los votantes son implacables con sus alcaldes y ninguno ha logrado repetir mandato desde 1983. La corporación ha navegado por todas las combinaciones de izquierda a derecha y, este domingo, ha vuelto a cumplir su maldición al restarle al PP la mayoría absoluta que logró inesperadamente en 2011 para alumbrar un probable pacto de izquierdas entre la marea de Ferrol en Común (IU, Podemos y Anova), el PSOE con la puerta abierta a los nacionalistas del BNG. 

La urbe, la séptima de Galicia por tamaño, tuvo que cargar con la coletilla de ser “del Caudillo” hasta 1982, una denominación que todavía cacarean parcialmente ministros y documentos oficiales que se refieren a la urbe como El Ferrol, aunque el topónimo oficial es Ferrol, a secas. Aunque está rodeada de agua y se promociona como la ciudad naval, el centro de la ciudad está dividido por una tapia que separa sus dos mitades: la civil y la militar, ciega la vista a la ría y es la mejor metáfora de su dualidad. En Ferrol coinciden los herederos de una larga tradición de lucha obrera ilustrada que se revolvió contra el franquismo, curtidos en décadas de movilizaciones para conquistar derechos laborales, y los militares de la Armada, que aparcan en los muelles del Arsenal las fragatas más modernas de la flota (F-100), made in Navantia.

Las esperanzas de recuperación pasan, precisamente, por explotar el puerto exterior de Caneliñas, al que hace sombra el que se construyó poco después en A Coruña, y lograr alguno de los contratos internacionales a los que aspira el grupo naval español para que la rueda del empleo eché a rodar y amortigüe el camino hacia la extinción que parece haber cogido Ferrol.

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