entrenamientos físicos y mentales

17 horas planificadas al minuto: así es el día a día de un yihadista del Estado Islámico

Los yihadistas se someten cada jornada a duros entrenamientos físicos y mentales que combinan el ejercicio y el manejo de armas de todo tipo con la oración y las clases del Corán

Foto: Miembros del ISIS durante un entrenamiento militar.
Miembros del ISIS durante un entrenamiento militar.

Los yihadistas deben estar listos para actuar en el momento en el que son requeridos por sus superiores. Así es la supuesta guerra que consideran estar librando. Se ven a sí mismos como soldados y por eso cumplen estrictamente un programa de rígidos entrenamientos con el fin de estar preparados para ir a la lucha. Según los documentos que manejan los servicios de inteligencia europeos, a los que ha podido acceder El Confidencial, los miembros del Estado Islámico, actualmente el grupo yihadista más peligroso del mundo, tienen todo su día planificado desde las 4.45 hasta las 22 horas. En concreto, los componentes de la organización armada se levantan a las cinco menos cuarto de la mañana para rezar.

Durante 30 minutos, los yihadistas realizan la primera oración del día. A las 5.30 horas acometen una sesión de 60 minutos dedicada al estudio del Corán. Tras esta hora, el ejercicio mental deja paso al físico. Los miembros del Estado Islámico dedican una hora y media a hacer running y deportes similares, siempre con un elevado grado de intensidad y en distintas modalidades de mayor o menor exigencia.

El horario de un yihadista.
El horario de un yihadista.

Tras haber preparado la mente y el cuerpo, los comprometidos ‘soldados’ entran en materia. Durante más de dos horas, se entrenan en el manejo de todo tipo de armas. Las limpian, las montan y las desmontan como si les fuera la vida en ello hasta que llegan a moverlas cual otra parte más de su propio cuerpo. Repiten esta práctica decenas de veces al día con el fin de alcanzar la misma habilidad que un mago con sus cartas.

A media mañana –tras llevar ya más de seis horas en pie sin haber probado bocado– comienza el fuego real. Sobre las 11 horas, realizan adiestramientos con armas de fuego: tiro al blanco, ejercicios que combinan la estrategia y los disparos, etc. Así continúan hasta la oración del medio día, que pone fin a una intensa mañana que deja exhausto a cualquiera que ose probar la rutina. El fin de los segundos rezos de la jornada da paso a un rato de descanso, que se alarga hasta la denominada oración de la tarde.

Tras ella, vuelven a cultivar su mente y retoman las clases de islam. A continuación –continúan explicando los documentos elaborados por ellos mismos– afrontan la cuarta oración del día y, tras ella, por fin pueden desarrollar sus actividades diarias, entre las que se encuentra, por ejemplo, comer. A las 22 horas, los yihadistas se reencuentran con la cama para coger fuerzas suficientes que los ayuden a afrontar un nuevo día.

Los miembros del Estado Islámico desarrollan sus ejercicios físicos en campos de entrenamiento estratégicamente escondidos con el fin de que no puedan ser localizados por los aviones de combate. Entre los deportes que realizan, destacan el running con obstáculos, el jogging en terrenos difíciles durante horas –ya sea de día o de noche–, el tiro al blanco, el manejo de armas –incluido el aprendizaje de sus nombres, su alcance de disparo o cómo se montan–, la especialización en un tipo de arma dura o el uso de tanques.

Estos ejercicios también conllevan un elevado componente de resistencia mental que forma parte de los entrenamientos. Sin embargo, ninguno de ellos alcanza el nivel del adiestramiento que experimentan para sobrevivir y mentir en interrogatorios, donde los ‘soldados’ ejercitan la resistencia física y psíquica con el fin de no doblegarse ante el enemigo que trate de sonsacarles información. Este es el ejercicio más duro. En el extremo proactivo, los yihadistas aprenden técnicas de asesinato de muy distinta tipología.

Los manuales a los que han accedido los servicios de inteligencia aseguran que, tras completar los campos de entrenamiento, los miembros del Estado Islámico organizan una ceremonia a modo de premio antes de ser enviados al frente de lucha, donde existe la posibilidad de que ganen en experiencia o de que mueran como mártires. Sobre esta última opción, los documentos incautados por las fuerzas de seguridad explican que los voluntarios que estén dispuestos a inmolarse se apuntan en una lista y quedan a la espera de ser llamados a tan honorífica causa.

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