Las interioridades de la udef (1)

Bárcenas al comisario JAG: "Sois la policía política de Rubalcaba"

En 2009, Bárcenas coincidió con Juan Antonio González, jefe de la Comisaría General de Policía Judicial, en un restaurante de Madrid. Aquel encuentro fue clave

Foto: El extesorero del PP Luis Bárcenas. (Efe)
El extesorero del PP Luis Bárcenas. (Efe)

El 17 de junio de 2009 fue un día aciago para el extesorero del PP Luis Bárcenas. Una jornada tan desafortunada que marcaría su futuro judicial y, especialmente, policial. Para su desgracia, el entonces senador popular se hallaba en el lugar y a la hora equivocada. Y lo peor: se dejó llevar por su prepotencia y su carácter irascible. Bárcenas había quedado ese día a comer en el restaurante Rianxo de Raimundo Fernández Villaverde con su exjefe y amigo Álvaro Lapuerta y con el diputado popular por Gerona Ignacio Llorens. Los dos lo esperaban sentados en una mesa redonda a tan sólo tres metros de otra de las mismas características, que estaba ocupada por cuatro policías: Juan Antonio González, jefe de la Comisaría General de Policía Judicial, José Luis Olivera, jefe de la UDEF, y dos comisarios.

El senador Bárcenas llegó el último a su cita y nada más percatarse de que uno de los comensales de la mesa de al lado era Juan Antonio González le increpó en voz alta. Sin moverse de su silla le espetó:

-Voy a por ti. Voy a por ti.

El comisario encogió los hombros y masculló:

-No entiendo nada.

Bárcenas seguía gritando ante el asombro de otros comensales:

-Si yo soy LB, tú eres JAG.

'Si yo soy LB, tú eres JAG', le dijo Bárcenas. Se refería a las iniciales que aparecían en una anotación en la agenda de Juan Antonio Roca, el hombre fuerte de Jesús Gil en Marbella que fue detenido en la operación MalayaSe refería a las iniciales que aparecían en una anotación en la agenda de Juan Antonio Roca, el hombre fuerte de Jesús Gil en Marbella que fue detenido en la operación Malaya. Junto a las letras JAG, que coincidían con Juan Antonio González, aparecía la cifra de 200.000 euros.

Los agentes de la UDEF también habían adjudicado a Bárcenas la identidad de un tal Luis el Cabrón, un personaje que aparecía en los papeles de Correa como perceptor de importantes cantidades de dinero y que el tesorero siempre había negado ser. A Bárcenas no le faltaba la razón. Nada tenía que ver con Luis el Cabrón, pero los hombres de González, que desde marzo estaban al corriente de ese dato, se negaban a recular en sus investigaciones. Si retiraban su informe corrían el riesgo de que se les fuera de las manos la imputación del delito de cohecho.

El tesorero de Génova siguió con sus ataques:

-Voy a hundiros a todos.

Juan Antonio González y Alfredo Pérez Rubalcaba. (Efe)
Juan Antonio González y Alfredo Pérez Rubalcaba. (Efe)

En medio del alboroto, uno de los compañeros de mesa de González le pidió que se sentara con ellos y Bárcenas aceptó la invitación. Le sirvieron una copa de un crianza de Ribera de Duero, pero el tesorero ni lo probó. La explicación la daba después el maitre Juan: los tesoreros del PP habían bebido un Pingus que les había costado más que todo el marisco consumido por los comensales. Y Bárcenas siguió encarándose con González.

-No se te olvide que tu hija depende de mí porque está en Nuevas Generaciones del PP.

Bárcenas, objetivo principal de la UDEF 

El comisario, buen jugador de mus, aguantó con flema la amenazas del senador popular, que seguía fuera de sus casillas. Hasta que cruzó la raya de la tolerancia:

-Sois la policía política de Rubalcaba.

El jefe de la UDEF, el comisario Olivera, perdió la paciencia y lanzó un mensaje envenenado a Bárcenas: 

-Ya que está usted tan parlanchín, podría contarnos su viaje a Suiza. ¿A usted le gusta mucho esquiar, no?

El tesorero aguantó el golpe. Estaba claro que la UDEF conocía sus continuos desplazamientos a la sede de la banca Lombard Odier de Ginebra. Según las anotaciones de Frederick Mentha, el enlace de Bárcenas con el banco suizo, el tesorero del PP había transferido, el 2 de abril de 2009, 1.297.000 dólares al HSBC de Nueva York a favor del Grupo Sur de Valores, que participaba en la sociedad La Moraleja S.A. de Argentina, propiedad de otro extesorero del PP, Angel Sanchís.

Cuando el tesorero se alejó, un comensal de la mesa de al lado escuchó decir al comisario González: 'Desde esta tarde hay que trabajar el doble de horas. Lo vamos a machacar'Bárcenas seguía en esas fechas muy preocupado por sus haberes en Suiza. La cuenta presentaba un saldo de 13,4 millones de euros, de los que detrajo 1,3 millones y los transfirió a la sociedad La Moraleja de Sanchís vía Nueva York. Días después escribió una nota a Mentha en la que le pedía que realizara una serie de transferencias al HSBC de Nueva York a nombre de la mercantil Liomel International S.A. El primer envío había sido de 220.000 euros y el segundo, de 280.000.

La palabras de Olivera dejaron preocupado al senador:

-No tengo nada más que decir. Nos veremos en los tribunales -sentenció Bárcenas.

No se equivocó. No sólo se vieron en los tribunales, sino que además la UDEF emprendió una caza para desenmascarar las corruptelas del guardián de los caudales del Partido Popular. Cuando el tesorero se alejó, un comensal de la mesa de al lado escuchó decir al comisario González:

-Desde esta tarde hay que trabajar el doble de horas. Lo vamos a machacar.

La amenaza no cayó en saco roto. González, hijo de un maquinista de Renfe que a los 14 años ya trabajaba de botones en una empresa constructora, echó más madera a la caldera de la máquina. Bárcenas quedó tan afectado por el traumático encuentro del restaurante Rianxo que, unos días después, el 23 de junio, ordenó una nueva transferencia por un importe de 220.000 euros a la sociedad de Sanchís. El saldo de la cuenta quedaba en 13,8 millones de euros.

Francisco Correa.
Francisco Correa.
 
El comisario que, curiosamente, había sido promovido en 1996 a comisario de la Unidad Central de Policía Judicial por el ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, tras la llegada de Aznar a La Moncloa, y más tarde a jefe superior de Policía en Murcia, era en aquellas fechas -junio de 2009- el jefe policial más poderoso de España. Había logrado recuperarse así de la tacha que había supuesto en su currículo el caso Roldán, en el que se había entregado a los juegos de salón de Juan Alberto Belloch, Francisco Paesa y Manuel Cobo del Rosal.

El 'supercomisario' González

Como responsable de la Comisaría General de Policía Judicial, nombrado por el ministro del Interior José Antonio Alonso, tenía a su cargo a más de mil agentes y una estructura operativa capaz de llegar a cualquier rincón de España y de Suiza. Ejerciendo ese poder de 'supercomisario' había creado una serie de unidades policiales, como la Unidad de Droga y Crimen Organizado (UDYCO), la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), la Unidad de Cooperación Internacional y la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), para la corrupción política y económica de guante blanco.

Las investigaciones de esta última sobre políticos del PP lo elevaron al estrellato tras la operación Gürtel, pero también lo colocaron a los pies de los caballos tras una sucesión de errores. El más importante: coincidir en una cacería privada en una finca de Jaén con Baltasar Garzón, el instructor del caso, y con el ministro socialista de Justicia, Fernández Bermejo, mientras sus agentes emprendían en Madrid la gran redada contra la red Gürtel.

"Ese desliz de González, que contaminaba la operación anticorrupción con un tinte político anti PP, le habría inhabilitado en cualquier otro país para seguir con el caso. A pesar de aquel hecho, que ponía en cuestión su independencia y objetividad policial, se negó a dimitir. El compadreo de González con el juez, fiscales y ministro dejó a la UDEF, una de las unidades más prestigiosas de la policía, herida de muerte", afirma un alto cargo policial que vivió de cerca el espectáculo de la cacería.

La UDEF, una de las unidades más brillantes de la Policía, quedaba bajo sospecha por la politización de algunas de sus investigacionesAños después, tras la llegada de Rajoy a La Moncloa, el supercomisario fue fulminado de su cargo, pero Olivera siguió al frente de la UDEF. Su padre había sido durante años en Barcelona el chófer del padre del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. La UDEF, una de las unidades más brillantes de la Policía, que había logrado unos excelentes resultados en sus pesquisas, principalmente, contra las mafias rusas y las organizaciones de blanqueo de dinero, quedaba bajo sospecha por la politización de algunas de sus investigaciones.

Misión: achicharrar a Bárcenas

Los agentes de la UDEF bajo las órdenes del comisario Olivera, tras el incidente de la comida y tras recibir las consignas de su jefe González, desplegaron todos sus medios y efectivos para "achicharrar" -la expresión es la utilizada por uno de los agentes- a Bárcenas y su entorno. La orden era la de no escatimar medios y tanto el director adjunto operativo de la Policía (DAO), Miguel Angel Fernández Chico, como el secretario de Estado, Antonio Camacho y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, estaban en la misma línea investigativa.

El 20 de mayo había sido detenido en Madrid Arturo Fasana, el broker de Correa en Suiza, y a finales de mes una delegación policial, encabezada por Olivera, había cumplimentado una comisión rogatoria en el despacho de Ginebra del broker helvético, ordenada por el juez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid Antonio Pedreira. Su cometido era sustanciar los fondos de Correa y sus socios de la trama Gürtel que durante años habían pasado por las manos del fiduciario Fasana. Por lo tanto, cuando durante la comida Olivera le recordó a Bárcenas sus viajes a Suiza, sabía de sobra de lo que hablaba. Disponía de la mayoría de las piezas del rompecabezas.

En aquellas fechas, la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales llevaba más de un año investigando la trama de Francisco Correa, que había ingresado en prisión, pero concentró todos sus esfuerzos en desenmascarar al todavía tesorero de Génova. El encontronazo de la marisquería Rianxo fue determinante. Significó un antes y un después para el horizonte penal de Bárcenas e, indirectamente, para el resto de los imputados de la Gürtel.

A esas alturas de la investigación, ya nadie dudaba de que con Correa en Soto del Real y con Bárcenas en el punto de mira de la UDEF, el caso Gürtel se convertía en el talismán de Rubalcaba Doce días después de la bronca verbal entre Bárcenas y González, dos policías de paisano de la UDEF se presentaron en el domicilio de Bárcenas, en la calle Príncipe de Vergara, muy cerca del parque de El Retiro. Sabían que el tesorero y su esposa Rosalía Iglesias estaban de viaje fuera de Madrid, pero lo que buscaban era que aquella visita sirviera para poner nervioso al matrimonio. No pudieron hablar con el servicio de los Bárcenas, que se negó a abrir la puerta, pero sí interrogaron al portero de la finca, que se vio tan presionado que les facilitó el número móvil de la mujer del tesorero. A su regreso, el todavía senador del PP presentó una denuncia contra la policía, según él, por la persecución a la que estaba siendo sometido desde hacía dos meses.

A esas alturas de la investigación, ya nadie dudaba de que con Correa en la cárcel de Soto del Real y con Bárcenas en el punto de mira de la UDEF, el caso Gürtel se convertía en el talismán de Rubalcaba, asediado por el escándalo del chivatazo del Faisán. El ministro, doctor en Química Orgánica, había encontrado su piedra filosofal en su alquimia particular.

Una importante fuente del ministerio del Interior afirma que la operación Gürtel fue una estrategia diseñada por el entonces secretario de Estado, Antonio Camacho, tras recibir en su despacho al abogado Galindo, que representaba al exconcejal de Majadahonda José Luis Peñas. Este había logrado grabar de manera subrepticia sus conversaciones con Correa, de quien recibía mensualmente una compensación económica. Las confesiones registradas del empresario de la Gürtel sirvieron para poner en marcha la operación. Y en esas, el inspector Manuel Morocho se hace con las riendas del caso....

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