Tres años sin motivo ni culpable: el extraño caso de la paliza al consejero murciano
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SÓLO CRUZ, FAMILIA DE VALCÁRCEL, VIO AL AGRESOR

Tres años sin motivo ni culpable: el extraño caso de la paliza al consejero murciano

Una espesa cortina de humo rodea, tres años después, la brutal agresión que sufrió en la puerta de su casa el consejero de Cultura y Turismo de Murcia, Pedro Alberto Cruz

Foto:  El consejero de Cultura y Turismo de Murcia, Pedro Alberto Cruz, días después de la agresión. (EFE)
El consejero de Cultura y Turismo de Murcia, Pedro Alberto Cruz, días después de la agresión. (EFE)

Una espesa cortina de humo rodea, tres años después, la brutal agresión que sufrió en la puerta de su casa el consejero de Cultura y Turismo de Murcia, Pedro Alberto Cruz. El pasado miércoles fue el aniversario y el asunto sigue sin aclararse, aislado por un muro de silencio y de preguntas sin respuesta. Tres individuos, al parecer, lo esperaban una tarde cerca de su portal, en una céntrica calle de la capital regional, a menos de cien metros de la Comisaría principal de Policía, y le golpearon salvajemente en la cara.

El caso fue sonado tanto a nivel local como nacional. Ríos de tinta se escribieron. No era para menos: en la historia de la democracia española se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran, las agresiones de este tipo a consejeros autonómicos. Sin embargo, nada se ha aclarado, nada se sabe sobre el autor o autores de la paliza. Y parece como si nadie tuviera en su momento y siga teniendo ahora interés por esclarecer el asunto.

El entonces delegado del Gobierno en la región y ahora secretario general del PSOE murciano, Rafael González Tovar, se negó a mantener una conversación con este diario sobre el asunto. Su entorno hizo saber, el mismo miércoles, su convicción de que el delito “se investigó bien” y que hubo hasta agentes especializados de Madrid en el caso.

El ambiente era tenso cuando el 15 de enero de 2011, Pedro Alberto Cruz fue agredido. El presidente regional, Ramón Luis Valcárcel, señaló directamente cuatro días después a “la izquierda poliédrica” como responsable de la violencia contra su consejero de Cultura. Este, que caminaba solo, declaró a la policía que los golpes le cayeron al grito de “sobrinísimo, hijo de puta”. El parentesco es mucho más lejano, puesto que Valcárcel está casado con una prima hermana del padre del agredido.

La acusación de Valcárcel encrespó a la izquierda. Un joven veinteañero fue detenido por la Policía Nacional acusado de los golpes. Los agentes habían enseñado al consejero fotografías de supuestos radicales de izquierda murcianos y había creído reconocer a uno. Pasó ochenta horas detenido, tras agotarse el plazo reglamentario de 72 –que pasó sin que se le permitiera dormir– y esperar otras ocho en la sede de los juzgados a que el de Instrucción viera su caso y le otorgara la libertad provisional. Su abogado, Carlos del Moral, recuerda que demostró a la policía que el falso sospechoso estaba, a la hora de la agresión, tomando unas cervezas con unos amigos en un local en el que había casi 50 personas.

El consejero se desdijo del reconocimiento, lo que soliviantó más, si cabe, los ánimos. Uno y otro, el falso acusado y el realmente agredido, son los que menos interés tienen en volver a rememorar aquellos días por razones obvias. Ambos declinaron hablar con este periódico.

Ni una pista tras la investigación

Fuentes policiales aseguran que se investigó durante meses, aunque niegan que la policía de Murcia fuera reforzada con agentes de Madrid. Que el caso no se resolviera cabe en el 50% de delitos y faltas de todo tipo no aclarados en la región –estadística similar a la del resto del país, según las fuentes–, y eso a pesar de que durante semanas se recibían a diario en la Comisaría “tres o cuatro llamadas” informando de rumores, opiniones o posibles ayudas para hallar al agresor o agresores.

Porque, mientras la Policía no encontraba resultados tangibles, la ciudad hervía de supuestas informaciones sobre las razones de la agresión, que iban desde unos posibles matones pagados por promotores culturales despechados por el fiasco o negación de un contrato hasta derivaciones de deudas contraídas por el agredido relacionadas con sus actividades lúdicas.

Lo único que estaba claro es lo que revelaba el “sobrinísimo” con que fue interpelado Cruz antes de recibir los golpes: que iban a por él y no a por otra persona. Aunque, como señalaron el jueves, tres años después, las fuentes policiales, “no hay nada que apoye una tesis sobre los motivos más que otra”.

El delegado del Gobierno en Murcia, Joaquín Bascuñana. (EFE)En esa línea, fuentes de la Delegación del Gobierno, cuyo responsable, Joaquín Bascuñana (PP), tampoco quiso hablar con este diario, informó de que “no hay ninguna novedad ni ningún avance”, es decir, que siguen sin conocerse ni el motivo de la agresión ni su autor o autores.

El único testigo

Ningún informe llegó ni ha llegado a la Fiscalía, dicen fuentes de esta, puesto que el Juzgado de Instrucción número 2 de Murcia archivó provisionalmente el caso en octubre de 2011, nueve meses después de los hechos, cuentan desde el Tribunal Superior de Justicia, ya que la Policía no había señalado, ni lo ha hecho a día de hoy, al posible autor o autores de un delito tan inusual como el de dar una paliza a un consejero autonómico en plena calle y causarle lesiones en la cara y en un ojo que tardaron semanas en curar.

Sólo el agredido vio a su agresor, dicen en el entorno del anterior delegado del Gobierno, luego sólo él puede identificarlo. Y únicamente el falso sospechoso sabe por lo que tuvo que pasar en sus 72 horas de detención en los calabozos policiales. Los rumores, interpretaciones, especulaciones y falsedades ya hace tiempo que dejaron de circular por la calle. Pero tres años después sigue sin aclararse este caso insólito en la democracia española: por qué se golpeó salvajemente a un miembro de un Gobierno autonómico y quién lo hizo.

Murcia Ramón Luis Valcárcel
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