los trabajadores están 'desmovilizados'

Ya no se hacen huelgas como las de antes: la participación, en su mínimo histórico

La huelga de los barrenderos en Madrid lleva siete días. Muy visible en las calles de la capital, se trata, sin embargo, de un tipo de

Foto: Un barrendero afiliado a la CGT, en Madrid (Reuters)
Un barrendero afiliado a la CGT, en Madrid (Reuters)

La huelga de los barrenderos en Madrid lleva activa ocho días. Con efectos muy visibles en las calles de la capital, se trata, sin embargo, de un tipo de protesta en vías de extinción, por lo menos en España. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el número de trabajadores que hacen huelga está en sus mínimos históricos desde que se recoge esta información a nivel nacional, provincial y local, esto es, desde 1994.

La crisis y los recortes de poco sirven para repuntar en participación: “Es una paradoja con respecto a lo que sería la teoría”, explica a El Confidencial Pablo López Calle, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. “Sólo participa el que se siente en condiciones”, añade. Cuanto más hay que perder, más alta es la participación.

En concreto, en el conjunto de España nunca hubo tan pocos trabajadores que secundaron una huelga como en 2011, año en el que la cifra rozó las 222.000 personas. Y eso que ese año se registró una huelga general, la del 27 de enero, aunque, eso sí, fue limitada a  Cataluña, Galicia, Euskadi y Navarra y convocada por sindicatos minoritarios.

Ese mismo año tocó su fondo también el número de jornadas de paro: poco más de 485.000. Si parecen muchas es por la forma con la que se calculan: se multiplica el número de trabajadores participantes por el número de días laborables de duración del conflicto.

Y si siguen pareciendo número muy altos, se puede comparar con las jornadas de huelga a las que tuvo que enfrentarse el Gobierno de Felipe González, el 27 de enero de ese año. España se encontraba en la fase final de una profunda crisis, con una tasa de paro por encima del 20% y un Gobierno que tenía que ajustar duras condiciones fiscales para poder cumplir a fondo el tratado de Maastricht. La protesta contra la reforma laboral, convocada por Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, elevó el número de participantes por encima de los 5 millones de personas. En jornadas de huelga, eso se convertía en algo más de 6 millones.

Contabilizando todas las huelgas (convocadas a nivel regional, nacional o local) Andalucía y País Vasco se sitúan como las comunidades que acumularon más días no trabajados. El caso andaluz dispara la media nacional, con una huelga del sector agrícola y ganadero que, en 2004, superó los 4,4 millones de jornadas no trabajadas. En el caso de Euskadi, el récord se logró en 2002.

“Desmovilización”

La desafección hacia las instituciones tradicionales ha dejado tocados a los sindicatos casi tanto como a los partidos políticos, según los datos de los barómetros del CIS. Pero no es esta la única clave para entender la creciente aceptación de la huelga como instrumento principal de protesta.

En su libro La desmovilización general (Catarata), López Calle ha analizado la relación entre jóvenes y sindicatos en el marco de la reorganización de la industria productiva. “La deslocalización productiva, las externalizaciones y la fragmentación de las fábricas son condiciones objetivas que explican el alejamiento de la sociedad de los sindicatos”, explica a El Confidencial.

“Hoy en día una fábrica se reparte por el territorio, algo que aumenta la individualización del obrero. A menudo uno llega incluso a competir por la producción con compañeros de trabajo deslocalizados en otro lugar”, concluye para resumir los resultados del estudio de campo que llevó a cambio en las fábricas de Volkswagen en Navarra.

Sin grandes empresas de producción, vienen a menos también las grandes plataformas sindicales. Reforma tras reforma, se dificultan las carreras profesionales largas, que puedan dar apego a la empresa y a su plantilla sindical. Y, según la ley, la huelga sigue siendo el único instrumento legal de protesta de los trabajadores.

Esta disminución numérica no puede, sin embargo, hacer creer que haya bajado el nivel de conflicto, que está tomando otras formas. Es lo que parecen recoger nuevas vías y 'contenedores' para las protestas, como ocurrió con el Movimiento 15M: “El hecho de que no se consiga canalizar el conflicto en las huelgas no significa que haya desaparecido el cabreo de la gente: es más, no tiene salida, y se produce una situación de calma aparente”. O de olla a presión: históricamente, recuerda el sociólogo, “esas situaciones han llevado a fenómenos de revuelta”.

 
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