ROMPE SU ACUERDO CON LA AUSTRALIANA BERKELEY

Sepi acaba con el sueño del uranio en Salamanca

Era un cuento que no podía tener final feliz. La compañía estatal Enusa, propiedad de SEPI (60%) y de Ciemat (40%), anunció ayer lunes la ruptura

Foto: Sepi acaba con el sueño del uranio en Salamanca
Sepi acaba con el sueño del uranio en Salamanca

Era un cuento que no podía tener final feliz. La compañía estatal Enusa, propiedad de SEPI (60%) y de Ciemat (40%), anunció ayer lunes la ruptura de su acuerdo con la minera australiana Berkeley Resources para explotar las históricas minas salmantinas de Saelices el Chico (Ciudad Rodrigo). Borrón y cuenta nueva para una joint venture que arrancó a mediados de 2008 viciada de origen, cuando la compañía pública tuvo que avenirse a reabrir una explotación por mandato gubernamental, pero contra su voluntad, de la mano de una compañía recién nacida cuyo único aval era estar participada por el gigante francés Areva.

Desde entonces, han pasado más de cuatro años sin que se mueva una piedra. Por un lado, Enusa ha mantenido su tesis de que las minas de Saelices el Chico están más que agotadas tras 25 años de explotación. Por otro, Berkeley Resources ha alimentado el sueño del uranio español enarbolando unos estudios, gracias a nuevos planteamientos y tecnologías, según los cuales duplicaba las estimaciones del complejo salmantino, al que las series históricas atribuyen un gramo de uranio por cada 1.000 gramos de tierra, más de cinco veces menos que las mejores minas del mundo.

El bloqueo deliberado por parte de Enusa terminó tensando su relación con Berkeley, que durante meses llegó a prometer una sucesión de distintos inversores deseosos de convertir en oro el maná del uranio en Salamanca. Nada ocurrió, sin embargo, salvo el paso del tiempo, hasta el punto de llegar a una situación de imposible convivencia entre los dos socios, que en 2008 se comprometieron a compartir los derechos de explotación del complejo de Saelices el Chico, que se gestionaría bajo un consorcio a 30 años (prorrogable hasta 90) donde la australiana controlaría un 90% del capital.

Dado el punto de no retorno, el pasado mes de abril Berkeley amenazó por fin con romper la baraja. La australiana anunció la puesta en marcha de un procedimiento internacional de arbitraje contra Enusa por el que reclama el pago de una compensación por importe de 150 millones de euros. El motivo alegado era el incumplimiento de un contrato que siempre estuvo cuestionado por la empresa pública, que habría recibido 20 millones de euros en caso de poner en marcha el proyecto conjunto. Sólo tres meses después de amagar con el pleito, cada compañía vuela por separado.

La firma de la pipa de la paz ha permitido a Enusa "se desvincule de la eventual explotación efectiva de los yacimientos" de Saelices el Chico, mientras que Berkeley se queda con los derechos sobre determinadas reservas no explotadas con anterioridad en una zona anexa al complejo salmantino. De esta manera, la compañía pública, encargada del abastecimiento de uranio a las centrales nucleares españolas, continuará con el proceso de desmantelamiento de sus instalaciones y propiedades, mientras que la minera australiana operará al margen en las actuaciones que desarrolle en Salamanca.

El sueño del uranio español entra en una nueva dimensión. Sin la participación de Enusa, conocedor de la explotación minera, la capacidad de Berkeley para explotar con éxito los otros entornos no probados es toda una incógnita. Como también lo es que la compañía pública haya conseguido deshacerse de sus compromisos con la minera australiana sin tener que pagar ningún tipo de penalización, ni siquiera después de que le reclamaran 150 millones de euros por incumplimiento de contrato. En cualquier caso, sólo cabía esperar un final extraño para una historia donde todo fue demasiado raro desde el principio.

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