CONTROLADO POR UNA MINERA AUSTRALIANA

El uranio vuelve a Salamanca: nueva cuestión de Estado o una mina de especulación privada

Salamanca vuelve a tener uranio. Y más que un motivo de alegría local, lo es también de preocupación en los despachos de Madrid. Sobre todo desde

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El uranio vuelve a Salamanca: nueva cuestión de Estado o una mina de especulación privada

Salamanca vuelve a tener uranio. Y más que un motivo de alegría local, lo es también de preocupación en los despachos de Madrid. Sobre todo desde que Areva, el gigante público francés de la energía nuclear, abandonó el accionariado de Berkeley Resources, una desconocida empresa minera que ganó la explotación del yacimiento salmantino de Saelices el Chico (Ciudad Rodrigo) en julio de 2008. España se sumó a la fiebre del uranio. Un año después, la corporación con sede en Australia recibió el visto bueno del consejo de ministros para iniciar la exploración, investigación y explotación del dominio, cuando Areva aún era accionista de esta minera junior.

 

A comienzos de este año, sin embargo, Areva y Berkeley anunciaron el fin de su alianza tras tres años de relación. Desde enero, según fuentes de la Administración, este cambio de credenciales en la minera australiana provocó las primeras discrepancias de su socio español Enusa, le empresa estatal controlada por SEPI (60%) y Ciemat (40%) con la que comparte por ley los derechos de explotación del complejo de Saelices el Chico, que se gestionará bajo un consorcio a 30 años (prorrogable hasta 90) donde un 90% será para Berkeley, representada por el español José Ramón Esteruelas, y el otro 10% por la sociedad pública presidida por José Luis González.

 

Enusa dejó de explotar Mina Fe y la planta de tratamiento de uranio Quercus en el año 2000. El motivo no era otro que la falta de rentabilidad del dominio, sobre todo por el coste de obtención del uranio en comparación con el precio al que cotizaba el mineral en el mercado internacional. Desde entonces, las gestiones de la sociedad pública se volcaron en la recuperación de las zonas naturales sometidas a la explotación minera, una tarea a la que ha destinado desde entonces más de 100 millones de euros, generando una actividad económica sustitutiva a la empleada en la minería.

 

Todo cambió a lo largo de los siguientes años, cuando las expectativas a escala mundial en favor de la energía nuclear provocaron que el precio de la materia prima llegara a los 140 euros por libra. Con estas cifras, Saelices el Chico podía volver a ser un proyecto interesante. Por este motivo, el Ministerio de Industria inició un concurso para reactivar el funcionamiento de las reservas de uranio salmantinas que concluyó en 2008. Aunque los antiguos gestores conocían la potencialidad limitada del complejo de Salamanca, después de 25 años al frente, se optó por abrir la explotación al sector privado. Igual ocurrió con otros emplazamientos en Extremadura, Castilla La Mancha y Aragón.

 

Los estudios realizados en los años ochenta en las zonas de Salamanca y Cáceres revelaron concentraciones de un gramo de uranio por cada 1.000 gramos de tierra, más de cinco veces menos que las mejores minas del mundo. Ahora Berkeley, con nuevos planteamientos y nuevas tecnologías, ha duplicado sus estimaciones iniciales, aunque algunas zonas afectan a centros de población. De hecho, sobre la Península cuelga el cartel de albergar las segundas reservas mundiales. A pesar de esa potencialidad latente, desde el cierre de 2000 España importa todo el uranio que consumen sus centrales nucleares (1.500 toneladas por año), una intermediación que recae precisamente en Enusa.

 

Todo se resolverá en Octubre

 

De momento, Berkeley tiene aún de plazo hasta octubre para decidir si el proyecto es viable y opta por comenzar la explotación de Mina Fe, como ayer explicó a este diario un directivo de la minera: “Todavía estamos en fase de evaluación y no queremos crear falsas expectativas, aunque a día de hoy todo hace pensar que sí lo es”. Aun así, sea cual fuere el resultado, la presencia de la australiana en el Salamanca ha contribuido a ya mantener expectativas positivas en un región bastante deprimida económicamente, donde ya ha invertido cerca de 25 millones de euros, y granjearse el apoyo de la Junta de Castilla y León (PP) y de las fuerzas locales salmantinas, tanto populares como socialistas.

 

Ese respaldo político no existe en el resto de comunidades autónomas, regidas todas por el PSOE. De hecho, la propia Berkeley ha visto cómo el presidente José María Barreda denegó en mayo de 2009 los permisos para que reabriera los yacimientos de Mazarete (Guadalajara) por riesgo de alteración del Parque Natural del Alto Tajo. Una situación similar ocurre en Extremadura, donde también se encuentra la canadiense Mawson, que a falta de decidir la viabilidad de los proyectos debe lidiar con el último trámite administratitvo autonómico, a pesar de haber sido invitado a participar en España bajo un marco de apuesta por el uranio impulsado desde Industria. 

 

En el caso de Salamanca, el choque de poderes ha trascendido hasta la Fundación Ideas, el think tank socialista donde manda el ex ministro José Caldera, salmantino para más señas. El alineamiento entre Industria, Junta de Castilla y León y ayuntamientos locales ha dejado con muy pocas opciones a la corriente verde del PSOE con ascendente en Moncloa para que el proyecto de Saelices el Chico no prospere si Berkeley decide arriesgarse. Es el mismo conflicto que se ha generado entre Industria, Ferraz y algunas baronías socialistas a la hora de abordar la ubicación de los almacenes de residuos nucleares o la prolongación de la vida útil de las centrales nucleares, como Almaraz.

 

Primero, invitados a venir: luego, a irse

 

Esta situación de caos ha dejado en un lugar muy complicado a Enusa, que no sabe a que capitán obedecer. Como ha ocurrido en otras explotaciones mineras repartidas por el territorio, desde algunos organismos públicos temen que Berkeley condicione la viabilidad del proyecto a la obtención de ayudas públicas. Como ayer reconocían desde la minera, es cierto que se han recibido subvenciones (en cuantías muy pequeñas) para las campañas de investigación y que tienen previsto solicitar otras, tanto a nivel nacional como europeo, aunque aseguran que su obtención “no condicionará la inversión. Serán una bonificación extraordinaria”.

 

A estas alturas, las diferencias de apreciación sobre el proyecto empiezan a ser bastante diferentes. Berkeley, que cotiza en el mercado alternativo de Londres, está dispuesta a invertir hasta 220 millones de euros, de los que sólo un 3% serían subvenciones. Desde la esfera pública cuestionan que la australiana, participada por fondos de inversión especializados, esté dispuesta a asumir los elevados costes de reapertura, más aún después de que la fecha de comienzo para la producción de uranio se haya retrasado a 2014, un contratiempo para los intereses a corto de un inversor agresivo como Berkeley. El pulso estará sobre la mesa hasta finales de octubre.

 

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