SEVERSTAL OFERTA 125 MILLONES POR LAS MINAS

Australianos, koreanos, rusos… Triple espiral especulativa sobre el uranio de Salamanca

Salamanca tiene un encanto potencial que ha convertido a las minas de uranio de la localidad de Saelices el Chico en objeto de interés internacional. El

Foto: Australianos, koreanos, rusos… Triple espiral especulativa sobre el uranio de Salamanca
Australianos, koreanos, rusos… Triple espiral especulativa sobre el uranio de Salamanca

Salamanca tiene un encanto potencial que ha convertido a las minas de uranio de la localidad de Saelices el Chico en objeto de interés internacional. El último en morder el anzuelo del dorado que prometen las viejas minas del mineral nuclear ha sido el gigante ruso del acero Severstal, que a finales del pasado mes de octubre presentó una oferta amistosa de compra sobre la australiana Berkeley Resources, propietaria del 90% de los derechos de explotación de las minas salmantinas.

 

En el caso de prosperar la oferta, Severstal se convertiría en el nuevo accionista de referencia de Berkeley Resources, una compañía minera junior, como se califica a las más jóvenes con derechos de explotación sobre yacimientos no probados, que cotiza en el mercado alternativo bursátil de Londres, constituida en Australia, que tuvo como primer socio de referencia a la francesa Areva y cuyos únicos activos son las minas a cielo abierto de Salamanca, cuyo contrato ganó en mayo de 2008.

 

El extraño baile de socios y nacionalidad arrancó a comienzos de este mismo 2010. Areva y Berkeley anunciaron el fin de su alianza tras tres años de relación, pero después de que en mayo de 2009 la minera australiana hubiera recibido el visto bueno del consejo de ministros para iniciar la exploración, investigación y explotación del dominio de Saelices el Chico (Ciudad Rodrigo). Pero el hueco de los franceses fue pronto puesto en el mercado, con la esperanza de incorporar a nuevos inversores.

 

Las pretensiones de países como China, India, Francia o Estados Unidos de construir nuevas centrales nucleares han convertido el uranio en objeto de especulación. Este atractivo ha sido el que provocó que el pasado mes de septiembre la propia Berkeley anunciara la existencia de un acuerdo de intenciones con la surcoreana Korea Electric Power Corporation (Kepco) por el que, a cambio de 55 millones de euros, participaría en el proyecto de los yacimientos y la viabilidad para su extracción.

 

Sin embargo, cuando la promesa del dinero surcoreano todavía no era una realidad, Berkeley se descolgó la última semana de octubre con un comunicado a la autoridad bursátil londinense informando sobre la existencia de una oferta amistosa por parte de Severstal para hacerse con la compañía o, en su defecto, con una mayoría de control. El gigante ruso del acero ofrece 125 millones de euros por la australiana, cuando ésta pagó por los activos que gestiona tres años la modesta cantidad de 5 millones.

 

Estas entradas y salidas de socios, alumbrados al calor de las expectativas generadas en torno a la explotación, han provocado incertidumbre en Enusa, le empresa estatal controlada por SEPI (60%) y Ciemat (40%) con la que australiana comparte por ley los derechos de las minas, un consorcio a 30 años (prorrogable hasta 90) donde un 90% es para Berkeley, representada por el español José Ramón Esteruelas, y el otro 10% por la sociedad pública presidida por José Luis González.

 

Al margen de las tensiones políticas generadas por el conflicto ecológico que abre el posible funcionamiento de las minas, desde algunos organismos públicos existían serias reservas sobre Berkeley. Por un lado, por el riesgo de que condicionara la viabilidad del proyecto -en el que ha prometido a aportar 200 millones de euros- a la obtención de ayudas públicas. Otro tenía que ver con la eventual utilización de los derechos de explotación -que antes fueron públicos- como mero objeto especulativo.

 

Y esa sospecha se ha cumplido. Aunque la empresa pública Enusa no se ha pronunciado oficialmente, desde una parte de la Administración siempre ha tenido el temor de que la australiana, participada por fondos de inversión especializados, fuera capaz de sacar adelante un proyecto que fue abandonado en el 2000 y más aún de que estuviera dispuesta a asumir los elevados costes de reapertura, cuya fecha de comienzo más factible se ha retrasado a 2014… salvo milagro ruso.

 

 

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