IVÁN ROSA VALLEJO, MARIDO DE LA VICEPRESIDENTA, ÚLTIMO FICHAJE DE TELEFÓNICA

El tapado de la 'promoción de los yuppie'

“Durante los años en los que el PSOE estuvo en el poder, en Hacienda le hicieron la vida imposible. Le jodieron bien: lo tuvieron haciendo pasillo

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El tapado de la 'promoción de los yuppie'
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    “Durante los años en los que el PSOE estuvo en el poder, en Hacienda le hicieron la vida imposible. Le jodieron bien: lo tuvieron haciendo pasillo y le frenaron en todas las promociones pese a que tiene un currículum espectacular y habla cuatro idiomas. Todo por ser marido de Soraya”. Así describe una fuente cercana la travesía por el desierto que padeció Iván Rosa Vallejo, esposo de Soraya Sáenz de Santamaría, recientemente fichado por Telefónica para una nueva unidad jurídica que coordinará los negocios internacionales de la compañía, tal y como informó en exclusiva El Confidencial.

    Persona discreta y reservada, Iván Rosa era un perfecto desconocido hasta la caza de brujas emprendida en 2006 por los socialistas en el Ministerio de Hacienda, donde este abogado del Estado trabajaba en el gabinete del secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos. Su cese -camuflado como un traslado a un puesto inferior- fue sonado, casi tanto como su fichaje por César Alierta: no había motivación aparente y cargarse a un nivel 30 era una medida sin precedentes. Para muchos la decisión respondió a su matrimonio con Sáenz de Santamaría, por aquel entonces secretaria de Política Territorial y estrella emergente del entorno de Mariano Rajoy. Pero tras la purga, este extremeño de padre portugués respiró hondo y, soportando un continuo ninguneo, siguió trabajando en la sede de Hacienda, en la madrileña calle Alcalá. 

    Los años lúgubres se encadenaron hasta que, varios meses antes de la llegada de Rajoy a la Moncloa, cuando todo indicaba que el PP retomaría el poder, su suerte cambió. Iván Rosa se convirtió en una pieza codiciada por grandes empresas españolas. Se sucedieron las ofertas, aunque ninguna llegó a buen puerto. Fuentes solventes aseguran que fue la propia vicepresidenta quien convino con su marido rechazarlas, una decisión que buscaba evitar acusaciones de nepotismo en época preelectoral. Ahora que aquella cita con las urnas no es más que un recuerdo “ha escogido Telefónica por ser la mejor oferta y por sus vínculos (familiares) con Brasil, pero podía haberse ido a un montón de sitios”, señalan.

    A pesar de la justificación ofrecida por todas las partes afectadas (el Gobierno afirma que su contratación por parte de la compañía es “profesional” mientras que Telefónica asegura que necesitaba un nivel de conocimiento no disponible actualmente), no se han podido evitar las comparaciones con el frustrado fichaje de Ignacio López del Hierro, marido de María Dolores de Cospedal, como consejero independiente de Red Eléctrica, nombramiento que desató un terremoto en la opinión pública. Una comparación que no ha sido bien recibida en el entorno de Sáenz de Santamaría, el círculo de poder creado en torno a la vicepresidenta al que los despechados del PP llaman despectivamente el “clan de los sorayos”.

    Los nombramientos de los maridos de la vicepresidenta y de la secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha han sido la última escenificación del pulso que mantienen las dos mujeres con más peso político al lado de Rajoy. Y la manera diametralmente opuesta en la que han terminado los fichajes no deja dudas sobre quién ha ganado el asalto.  

    La promoción de los ‘yuppie’

    El currículum de Iván Rosa, su experiencia internacional y el carácter privado de Telefónica han sido las armas esgrimidas por el Gobierno para defender el fichaje del marido de la todopoderosa vicepresidenta, que socialistas, UPyD e CIU han definido como una colocación. Abogado del Estado desde 1996, ha trabajado en la Comisión Europea como experto en temas comunitarios y de cooperación judicial internacional. Asimismo, ha sido consejero de justicia en la Representación Permanente de España en la Unión Europea.

    No obstante, su carrera no ha sido tan meteórica como la de algunos de sus compañeros de promoción, conocida en el sector como la promoción de los yuppie, en la que brillan con luz propia Jaime Pérez Renovales, un viejo conocido de los gobiernos de Aznar, jefe de Gabinete del exvicepresidente Rato, a quien Soraya repescó como subsecretario de la Presidencia, y Marta Silva de Lapuerta, exsecretaria general de Sacyr Vallehermoso y del Real Madrid, fichada por Alberto Ruiz Gallardón para la Abogacía General del Estado.

    Al contrario que sus compañeros, Iván Rosa nunca ha pisado los grandes salones del poder. Guarda su intimidad con tal celo que las pocas fotos que hay de Soraya con su marido han sido tomadas en bodas de otros populares, en la de Mónica Ridruejo, exdirectora de TVE, o el político Santiago Cervera. Jamás ha pisado Génova. Siempre en la oscuridad, como el fado portugués que tanto le gusta, su condición de marido de la vicepresidenta no trascendió durante seis años, hasta que Sáenz de Santamaría, siendo diputada de la oposición, anunció a comienzos de 2011 su embarazo, que culminó a una semana de las generales con el nacimiento de su hijo Iván.

    Puede que Iván Rosa no destaque por su descaro, pero conquistó a su esposa con su humor. Comparte un gracejo con la vicepresidenta que terminó llevándoles al altar, según contó ella misma hace años. Una relación forjada entre aviones y terminales, porque cuando se conocieron él estaba destinado en Bruselas y ella en Interior. Su complicidad para reírse de las mismas cosas fue más fuerte que la distancia y acabaron casándose en Brasil en 2005, buscando alejarse de los grandes fastos, en una ceremonia íntima oficiada por el cónsul, amigo de la pareja, ante 32 invitados.  

    “Es una persona muy familiar, muy de estar en su casa. Le gusta salir al campo con su esposa, quien reserva los fines de semana para estar con él y con su hijo”, dicen quienes le conocen. Su vida de casados, según admitió la propia Soraya en una entrevista, no podría ir mejor. “Tengo una suerte que no me la creo, es mi marido quien lleva la casa”, dijo hace años a la revista Elle. Probablemente la imposibilidad de hacer carrera en la Administración acentuó su carácter de hombre hogareño. La mayor parte de su familia reside en Badajoz, por eso ambos viajan habitualmente a la capital pacense. Fue en Extremadura donde, de boca de su padre, aprendió el portugués que le granjeó la confianza del secretario general de Telefónica, Ramiro Sánchez de Leirín, excompañero de carrera, para ocuparse del relevante mercado de Brasil, la joya de la corona de Telefónica en Latinoamérica. 

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