La nueva CaixaBank estudia un ajuste extraordinario en los créditos fiscales
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La nueva CaixaBank estudia un ajuste extraordinario en los créditos fiscales

CaixaBank y Bankia tenían a finales de 2020 créditos con la Hacienda española por valor de 20.000 millones, de los que más de 7.000 millones no están garantizados por el Estado

placeholder Foto: Sede de Bankia mientras se cambia la imagen a la de CaixaBank. (EFE)
Sede de Bankia mientras se cambia la imagen a la de CaixaBank. (EFE)

La fusión entre CaixaBank y Bankia ha supuesto ya una alegría al Estado y podría añadir otra a corto plazo. La primera ha sido por los 1.600 millones en los que se ha revalorizado la participación del FROB (Fondo de Reestructuración) desde que se anunció la fusión entre las dos entidades. La segunda es por la revisión de los créditos fiscales de estas dos entidades, que podría dar lugar a una menor deuda de Hacienda frente al primer banco español.

Así lo reconoce el consejero delegado del grupo, Gonzalo Gortázar, en una entrevista concedida junto a José Ignacio Goirigolzarri a este medio: “El nivel de activos fiscales es una cuestión que hay que abordar, que hay que ponderar y que hay que poner en función de las perspectivas del grupo y de la rentabilidad. En eso estamos todavía trabajando”.

Foto: Entrevista a Goirigolzarri y Gortázar: “España necesita menos crispación y grandes acuerdos políticos”

Las dos entidades que formaron el pasado viernes el primer grupo español tenían a finales de 2020 más de 20.000 millones en créditos fiscales diferidos (DTA, por sus siglas en inglés), deducciones generadas por pérdidas en el pasado —ligadas en su mayoría a la crisis inmobiliaria— que las empresas tienen derecho a usar durante los años siguientes. De ellos, casi 13.000 millones son DTA monetizables, garantizados por el Estado a cambio de una tasa anual.

El resto, 7.288 millones, no están asegurados, por lo que están en el aire en el caso de que empeoren las perspectivas económicas. Las entidades y sus auditores revisan recurrentemente si las entidades tendrán en el futuro capacidad de generar resultados con los que canjear sus DTA ante Hacienda. En caso contrario se tienen que borrar del balance.

La senda del Santander

Al poco de estallar la crisis del covid-19, Santander decidió ajustar sus créditos fiscales diferidos en España por este motivo, dando de baja 2.500 millones, cerca de la mitad de los DTA no monetizables que atesoraba. Este impacto fue uno de los motivos que provocaron que el grupo tuviera pérdidas el año pasado.

Proporcionalmente, Bankia dependía mucho más de los créditos fiscales que CaixaBank, debido a los grandes números rojos que sufrió al comienzo de la crisis. Así, tenía DTA por valor de 10.400 millones, un 5% de sus activos. Por su parte, la entidad catalana tenía 9.800 millones, un 2,1% de su balance.

Como explica Gortázar, de confirmarse este ajuste, sería uno más dentro de una atípica presentación de resultados del primer trimestre. Será la primera ocasión en que las dos entidades comuniquen sus cuentas como un solo grupo ante el mercado. Y lo harán con todos los efectos que supone combinar dos balances de 660.000 millones.

placeholder El CEO de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, con el presidente, José Ignacio Goirigolzarri. (EFE)
El CEO de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, con el presidente, José Ignacio Goirigolzarri. (EFE)

“La operación se va a cerrar a efectos contables a final del trimestre. Se tiene que hacer el agregado de la puesta a valor razonable del balance de Bankia y actualización de los criterios contables de CaixaBank. Todo eso se va a presentar con los resultados del primer trimestre, tendrá su complejidad”, explica el CEO.

Gortázar añade que todos estos ajustes contables tienen el objetivo de hacer más conservador y seguro el balance del nuevo grupo. La entidad fusionada tenía una ratio de capital de más del 14% a finales de 2020, de la que se descontarán estas partidas. En la presentación de la fusión, ambas entidades señalaron que en el peor escenario estarían por encima del 11,5% de solvencia, más de tres puntos porcentuales por encima de sus requisitos. Se añadirán provisiones, hasta llevar la cobertura al 68%, los costes de reestructuración y “otra serie de cuestiones de ahorros que requieren una inversión inicial”.

Foto: Gonzalo Gortázar (i), CEO de CaixaBank, y José Ignacio Goirigolzarri (d), presidente de Bankia. (EFE)

Todos estos efectos contables son, por tanto, claves para la solvencia del grupo y para la salud con la que salga del proceso de fusión. Si ajustan más ahora, tendrán menos sustos en el futuro pero partirán con menos capital. Y, viceversa, podrían también optar por ser poco conservadores, iniciando su andadura con más capital y menos coberturas.

Parece que el grupo va a optar por el primer camino, confiados además en que la crisis no sean tan mala como se esperaba inicialmente: “Creemos que aunque la morosidad va a sufrir, va a ser manejable. Y hemos hecho unas provisiones genéricas que nos deben permitir transitar de una manera más tranquila por este periodo”, explica Gortázar.

La fusión entre CaixaBank y Bankia ha supuesto ya una alegría al Estado y podría añadir otra a corto plazo. La primera ha sido por los 1.600 millones en los que se ha revalorizado la participación del FROB (Fondo de Reestructuración) desde que se anunció la fusión entre las dos entidades. La segunda es por la revisión de los créditos fiscales de estas dos entidades, que podría dar lugar a una menor deuda de Hacienda frente al primer banco español.

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