El 'home office' ha llegado a Alemania para quedarse: 600 euros al año por teletrabajar
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El 'home office' ha llegado a Alemania para quedarse: 600 euros al año por teletrabajar

Por practicidad y flexibilidad, pero también por el ahorro que puede suponer, Berlín además se ha propuesto incentivarlo a corto y largo plazo con una desgravación fiscal

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Hombre teletrabajando en su domicilio.

Alemania ha abrazado el 'home office'. Con la irrupción del coronavirus muchas empresas alemanas, incluidos gigantes como Siemens y Deutsche Bank, han anunciado que el trabajo en remoto va a ser, de forma permanente, una opción más. También en la era poscovid. Por practicidad y flexibilidad, pero también por el ahorro que puede suponer. Berlín, además, se ha propuesto incentivarlo, a corto y largo plazo, con una desgravación fiscal para quienes se han visto forzados a hacer de su casa la oficina este año, y con una nueva ley que lo normalice a futuro. Pero hay quienes creen que se trata de un lujo que debe ser gravado.

Alemania se cerró a mediados de marzo. El confinamiento, con comercios y colegios clausurados, llevó de un día para otro a todos los empleados no esenciales a trabajar desde casa. Según datos del centro de estudios del Deutsche Bank, en torno al 67% de los más de 44 millones de personas con empleo en la mayor economía europea trabajaban durante la primera ola desde casa. Todo un logro para un país con un sector industrial potentísimo que ocupa al 24% de los trabajadores. Posteriormente, con la llegada de la primavera y la caída de los casos de covid, algunos volvieron a las oficinas y comercios. Muchos, sin embargo, siguieron cumpliendo sus ocho horas desde el dormitorio, la cocina o el cuarto de estar. Desde noviembre el Gobierno alemán pide a todo el que pueda que vuelva al 'home office' por el repunte de los contagios.

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En esta situación, muchos trabajadores alemanes están replanteándose el sentido de los desplazamientos diarios, los atascos, el café de máquina y los bocadillos apresurados en el descanso de mediodía. Una encuesta de la Federación de la Economía Digital (BVDW) apuntaba que el 75,4% de los trabajadores del país está dispuesto a trabajar desde casa en una situación extraordinaria como la actual pandemia. Pero es que además un 58% asegura desear establecer el 'home office' como posibilidad. Un estudio del Instituto Fraunhofer con más de 2.000 encuestados desde el pasado abril concluye que la satisfacción con el teletrabajo ha ido aumentando progresivamente —especialmente entre los hombres— hasta alcanzar el 90 por ciento de los participantes.

La pandemia también ha dado que pensar a las plantas nobles de las empresas: en las grandes sedes en los centros de las ciudades, en las rigideces de los horarios y las capacidades... y en sus ingentes costes fijos. Muchas están empezando a tomar medidas. Cientos de compañías en las que el trabajo desde casa apenas se practicaba, pese a ser una opción, están barajando aplicar las experiencias acumuladas durante la pandemia y extender esta opción por motivos laborales y económicos. Un estudio del Instituto Ifo estima que el 54% de las firmas alemanas va a reforzar esta posibilidad. "Una lástima que no hubiésemos empezado antes", resume Christiane Flüter-Hoffmann, experta en Política Laboral del Instituto de la Economía Alemana (IW), convencida de que la tendencia va a cuajar.

El DAX 30, punta de lanza

Algunos nombres del DAX 30 ya han dado pasos en este sentido, marcando el camino para la Mittelstand. Como el gigante tecnológico e industrial Siemens, que ha ofrecido a unos 140.000 de sus 385.000 trabajadores en todo el mundo (el 36% de su plantilla) trabajar desde casa de forma permanente hasta tres días a la semana. "El covid-19 nos da la oportunidad de reformular nuestro mundo y volver a imaginar el trabajo", explicaba hace poco el subdirector ejecutivo de Siemens y responsable de Asuntos Laborales, Roland Busch. Satisfecho de "dar un paso más" en la movilidad del trabajo, recalcaba que la "base" de este nuevo modelo de trabajo es un cambio en la "cultura corporativa", incluyendo el "estilo de liderazgo", que pasa a "centrarse en los resultados, en lugar del tiempo pasado en la oficina".

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Logos de Siemens en la bolsa de Fráncfort. (Reuters)

El Deutsche Bank, uno de los mayores bancos del mundo por activos, también se ha pronunciado en esta línea. El consejero delegado de la entidad, Christian Sewing, explicó recientemente que la dirección está diseñando un "modelo híbrido" para sus trabajadores. El banco estudia fijar con su personal el porcentaje de tiempo que desean trabajar desde casa y ha elaborado ya estimaciones sobre el volumen de horas totales que se podrían realizar desde casa. El objetivo del Deutsche Bank, más allá de adaptarse a la nueva normalidad, es reducir gastos tras cerrar en rojo cuatro de los últimos cinco ejercicios, incluido 2019 con una pérdida neta de 5.390 millones de euros. La capacidad de ahorro es sustancial. El año pasado dedicó 1.700 millones de euros a alquileres y mobiliario de oficina. El responsable financiero del banco, James von Moltke, aseguró que quieren actuar de forma "más agresiva" en este ámbito.

El sector inmobiliario está resintiéndose por esta tendencia. Según la compañía de servicios a empresas Colliers International, en el tercer trimestre de este año estaba alquilada en las siete mayores ciudades de Alemania una superficie total de oficinas de 1,8 millones de metros cuadrados, un 37% menos que en el mismo período del año anterior. Un estudio de la German Property partners (GPP), una red de inmobiliarias y consultoras, calcula que entre julio y septiembre se adquirieron en las "siete grandes" espacio de oficinas por 18.940 millones de euros, lo que supone una caída de casi el 20% en términos interanuales.

Foto: (EFE)

El Gobierno alemán parece además dispuesto a promover esta tendencia, sea por convicción o por necesidad. Con efecto inmediato ha anunciado que para la declaración de la renta de este año los trabajadores que han hecho de su casa la oficina podrán desgravarse un fijo de cinco euros por día de teletrabajo, hasta un máximo de 600 euros (o unos 5,5 meses). Para el largo plazo está cocinando una normativa que contemple el derecho al trabajo remoto. El ministro de Trabajo, Hubertus Heil, apuesta por permitir el 'home office' hasta 24 días al año en todos aquellos puestos adecuados para ello. La confederación sindical, la DGB, considera sin embargo que el borrador que está consensuando el Ejecutivo —una gran coalición de conservadores y socialdemócratas— necesita una "mejora significativa en favor de los trabajadores".

Gravar el teletrabajo

Otros, en lugar de fomentarlo, abogan por hacerles pagar un impuesto extra a los trabajadores que puedan cumplir su jornada laboral desde casa. Por justicia social y como fórmula de redistribución en tiempos de pandemia. Esta es la polémica propuesta que ha lanzado en un informe sobre el mundo poscovid el servicio de estudios del Deutsche Bank. El tributo, del 5% del salario, vendría a reconocer el privilegio de quienes no son trabajadores esenciales en momentos críticos y a cuantificar sus ventajas. "Aquellos que pueden trabajar desde casa reciben beneficios financieros directos e indirectos y deberían pagar impuestos para suavizar el proceso de transición para aquellos que han sido ahora desplazados de golpe", argumenta el autor de la propuesta, Luke Templeman.

Ese 5% considera el estudio, no significaría un perjuicio para aquellos sobre quienes recaiga el impuesto y supondría una diferencia para los trabajadores esenciales y para quienes han perdido su empleo a causa de la pandemia. En Alemania, el 5% de una jornada laboral media son unos 7,5 euros, que es lo que esta propuesta estima que un empleado normal dedica a diario a desplazamiento, comida y lavandería. Y la recaudación de este tributo podría tener fines sociales, ayudando principalmente a los más desfavorecidos: a los desempleados y a quienes en muchas ocasiones ejercen trabajos considerados esenciales que están no especialmente bien remunerados. El Gobierno alemán podría recaudar con esta medida 15.900 millones de euros al año, prosigue el argumento, el equivalente a un subsidio de 1.500 euros para el 12 por ciento de la población con menor poder adquisitivo.

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