MURIÓ AYER VÍCTIMA DEL CORONAVIRUS

Paco el Pocero, el constructor que pasó de dormir al raso a tener su flota de 'jets'

El fin de un empresario propio del siglo XX, víctima del primer fenómeno global del XXI

Foto: Francisco Hernando, el Pocero. (Montaje: Enrique Villarino)
Francisco Hernando, el Pocero. (Montaje: Enrique Villarino)

Ayer murió por causa del coronavirus el constructor Francisco Hernando (1945-2020), conocido popularmente como Paco el Pocero. Hernando, de 75 años, llevaba una semana confinado, lidiando con una neumonía, porque se negaba a ocupar una cama de hospital en una situación tan dramática. El lunes sufrió un empeoramiento súbito y sus familiares lo llevaron obligado a la clínica Quirón. El constructor, deseoso de pasar sus últimos días en casa, con los suyos, solo aguantó cinco días en el hospital.

Existe la creencia de que el Pocero había ido perdiendo fuerza durante los últimos años, pero los que le conocen saben que eso solo era así a nivel empresarial. Físicamente seguía siendo una fuerza de la naturaleza: "Ya no salía por la televisión, pero aquí seguía viniendo de cuando en cuando, porque tenía proyectos en la zona, y la última vez montó un escándalo impresionante, como ninguno de por aquí recordamos", dice un trabajador del ayuntamiento de Seseña. Se refiere a un episodio sucedido el 11 de enero del año pasado, cuando Hernando, viendo retrasada la construcción de un polígono industrial en la ciudad, se personó en el ayuntamiento y la emprendió a voces, insultos y amenazas con los funcionarios. Cuando intentaron meterle a un despacho, para limitar el escándalo, el Pocero, a sus 74 años, forcejeó con varios concejales. Aunque en el ayuntamiento de Seseña son bien conocidos los arrebatos de El Pocero, la situación creó tal estrés a la arquitecta municipal, Ana Isabel Gómez, que presentó su dimisión dos días después.

Hernando generó polémicas hasta el año pasado, cuando hizo dimitir a la arquitecta municipal de Seseña

Paco fue el Pocero hasta el final. Con la muerte termina una vida de cine, la de un hombre que se crió bajo un techo de uralita, sin luz ni agua, y terminó obligando al rey Juan Carlos a probar su caviar y aceptarle un reloj de oro. Una personalidad desbordante y analfabeta, capaz de ver el futuro de mil y un negocios, pero nunca sus límites legales. Dicen que hay personas a las que sueltas en la selva y te montan un McDonald's; al Pocero le soltaron en el desierto de Toledo y montó una ciudad de 20.000 habitantes.

Y eso que le tocaron las peores cartas en la vida. Hijo de pocero y churrera, los Hernando pasaron sus primeros años hacinados en un cobertizo en el 67 de la calle Cantueso, en Madrid, una infravivienda que el ayuntamiento derruyó en 2015. Allí, narra el constructor en sus memorias, vivió hasta la niñez con su familia en 40 metros cuadrados, sin luz, agua o calefacción. Rodeado de animales de granja, durmiendo con un ojo abierto las noches de mucha lluvia, por si había que salir corriendo. Una vivienda pobre hasta para el Tetuán de la posguerra, habitado por traperos, chatarreros y albañiles que se habían construido su propia casa en un descampado. Los más pobres entre los pobres. "En esa familia se comían hasta las cáscaras de las naranjas", recuerdan sus vecinos en un documental.

La casa donde se crio Hernando, en Madrid. (Google Maps)
La casa donde se crio Hernando, en Madrid. (Google Maps)

Los Hernando apenas tenían para sobrevivir. El padre, después de trabajar en las alcantarillas todo el día, se iba por la noche a la tapia de El Pardo, rifle en mano, a cazar conejos para que los niños pudieran comer carne. A menudo terminaba en el cuartel de la Guardia Civil. En ese contexto de necesidad, ni siquiera se planteó escolarizar a los niños. "No había tiempo para ir a clase, teníamos demasiada hambre", explica el Pocero en sus memorias.

Pero el dinero no llegaba y la familia tuvo que abandonar la casa cuando Francisco tenía tres años para mudarse al patio interior de uno de sus tíos, cerca de Plaza de Castilla. Vivía, junto a sus padres y sus cuatro hermanos, en un patio interior de 10 metros cuadrados, bajo un techo de uralita que se recalentaba en verano, no abrigaba del frío durante el invierno y, si llovía, te mojabas. "Pasábamos hambre, pero nunca pedí dinero a nadie", relata el Pocero. Paco aportaba a la economía familiar desde los seis años, primero recogiendo cereales en los solares de Tetuán y después llevando agua de las fuentes a las casas de sus vecinos y a los obreros de los edificios en construcción.

A medida que fue creciendo, Hernando fue dándose cuenta de su realidad: era lo más bajo de la sociedad. Empezó a trabajar con su padre limpiando alcantarillas y aprovechaba los ratos libres para hablar sobre política, a preguntarle por qué ellos trabajan tanto para no tener nada. El joven Francisco estaba harto y quería salir a flote, ser empresario: "Un día me dijo: 'A ver si lo entiendes, Paco. Tú has nacido obrero y te morirás obrero. Esto está organizado así. ¿Qué crees que es ser empresario? He visto a muchos intentarlo y fracasar. Los ricos no admiten competencia, y menos en esta España de derechas'", escribe el Pocero.

Hernando, en 2016, en una de sus últimas apariciones públicas. (EFE)
Hernando, en 2016, en una de sus últimas apariciones públicas. (EFE)

No hizo caso al consejo: ahorró cuanto pudo mientras trabajó con el padre, lo invirtió en herramientas de pocería y montó su propia empresa. Con 17 se convirtió en 'maestro pocero' y se mudó a Vallecas, donde conocería a sus dos mejores amigos: el piloto Ángel Nieto y el torero Ortega Cano. Pocos podían imaginarse, a principios de los 60, que esos tres muchachos que alternaban en el bar El Cisne o se iban a robar lechugas a los huertos de las afueras del barrio de Palomeras, iban para iconos nacionales. "Los tres se han ayudado siempre, toda la vida. Cuando uno necesitaba dinero, ahí estaban los otros dos, cuando al otro le dejaba la mujer, los tres de fiesta el tiempo que hiciera falta", dice una fuente próxima al Pocero. "Para que te hagas una idea de lo cercanos que eran, en la fundación de Ángel Nieto, Paco figura en el patronato junto a los hijos de Ángel, pero la viuda y otro hijo no".

Dinero a espuertas

La suerte del pocero cambió con la creación de Mercamadrid en 1982. Cercano a Vallecas, Hernando apareció por allí los primeros días olisqueando el negocio. Comenzó de mozo de almacén, haciendo portes a las casas de los clientes, hasta que vio un filón en el transporte. "Con mil sacrificios me hice con una camioneta Pegaso, me puse a dar portes y me empezó a entrar el dinero a espuertas. Luego compré otras cuatro y me hice el amo del cotarro", escribe Hernando en su biografía, 'Paco Hernando: la pasión de construir: biografía y memorias de un hombre que si no trabaja se muere', autoeditada en 2004. Estas fueron las primeras veces que Paco se vio forzado a escribir, y fue para firmar talones.

De las camionetas pasó a las hormigoneras y de ahí a los edificios. En 1965, con solo 20 años, construyó sus primeros bloques. Fueron en el barrio de Orcasitas, al suroeste de la capital, donde los vecinos aún se acuerdan del Pocero. "Utilizó los materiales más baratos que había, los que sobraban de otros edificios. Están los edificios mejor ahora, 30 años después, que cuando los fabricaron, porque hemos estado todos estos años arreglándolos", dicen los vecinos.

Hernando reconoce que la primera ducha que se dio fue con 29 años y que llegó a emocionarse

Aunque llevaban unos años prósperos, Hernando y su mujer, María Audena Saz, no se dieron una ducha hasta 1974, cuando se compró su primer piso en Santa Eugenia. Cuentan fuentes cercanas al Pocero que ambos lloraron de la emoción, después de toda una vida lavándose en un barreño. El Pocero se hizo millonario sin saber escribir y apenas leer. Tampoco le importó: cuentan fuentes cercanas que su abogado siempre le decía 'ay Paco, lo que habrías sido de haber tenido estudios', y él le respondía: pues una mierda de abogado como tú y no un gran constructor".

El Pocero se decidió a ir más allá en enero de 1986, con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea. Tuvo una epifanía viendo a Felipe González firmar el tratado y se pasó la noche dándole vueltas. Por la mañana tenía la solución: "Esa firma despertó los olfatos innatos que hay en mí. Comencé a ver el 'boom' económico que iba a significar. La llegada de ejecutivos que necesitaría viviendas, tipo europeo, de alto 'standing'. Dios, ¡qué negocio se abría ante mí!".

El constructor buscaba zonas amplias, a precio razonable, en las que poder construir una ciudad dormitorio para ejecutivos. El lugar escogido fue Villaviciosa de Odón, a 30 kilómetros de Madrid. Allí planeaba construir en 1989 un residencial semejante al de Seseña, aunque de solo 8.000 viviendas, en terreno rural protegido. Ante la oposición del ayuntamiento, El Pocero llegó a ponerle un cheque en blanco delante al alcalde, el socialista Felipe Sanz. "Me dijo, ponga ahí la cifra que quiera, hasta 200 millones de pesetas, que es lo máximo que calculo puede costarle una campaña electoral", denuncia el alcalde, que llegó a escribir una carta en 2006 a Seseña advirtiendo de los modos del Pocero. Estos incluían amenazas físicas, acusaciones de pederastia, e incluso la creación de un periódico y un partido político concebidos únicamente para menoscabar al ayuntamiento. Es considerado 'persona non grata' en Villaviciosa.

Fue en estos años cuando el Pocero disparó su tren de vida. Hernando siempre había querido ser rico y no dudó en hacer tanta ostentación como fuese posible. Lo primero que hizo fue comprarse un Maybach de 300.000 euros, después un yate y por fin empezó a coleccionar aviones. Dicen que compraba aviones que no necesitaba, con el propósito de conseguir la flota de 'jets' privados más grande de España. "Uno de ellos costó 47 millones de euros y se compró solo porque lo tenía Bill Gates, que por entonces era el más rico del mundo", relatan desde su entorno. Le gustaba compararse: para su mansión, mandó construirse más baños que los de Isabel Preysler, y para su yate fueron 47 metros de eslora, más grande que el Fortuna de la Casa Real.

De estos años hay tantas anécdotas del Pocero como personas lo conocieron. La más popular, y que Hernando se ocupó de documentar con profusión, fue cuando consiguió que el rey Juan Carlos almorzase con él en su yate en Mallorca. El Pocero sostiene que hizo buenas migas con el monarca, a quien regaló un reloj de oro en calidad de amigo, y que degustaron caviar y nécoras. También hay otras inéditas como la historia de Iñaki, chófer de un empresario vasco, que un día se reunió con el Pocero en Marbella para cerrar un negocio. "Fuimos de San Sebastián a Marbella, imagina la paliza, y cuando estábamos llegando, Hernando nos cambia la cita. Nos dice que no vayamos al hotel y que nos reunimos en su yate. Allí nos presentamos nosotros en traje y nos recibe el matrimonio en bañador, tan tranquilos. ¿Sabes por qué se habían retrasado? Porque estaban viendo algo interesante en Sálvame y no se querían mover, nos lo dijeron con total naturalidad".

Seseña, principio del fin

Hernando hizo amigos al más alto nivel, entre los que destacan los políticos Eduardo Zaplana y José Bono, que le abrieron las puertas al proyecto de sus sueños: Seseña. "Un día me dije a mí mismo: 'Paco, has hecho colectores, pozos, parques industriales, urbanizaciones... pero nunca una ciudad. Te ha llegado la hora de hacer una ciudad, este será el proyecto que culmine mi vida'", escribe Hernando. Un proyecto de 13.000 viviendas en un secarral toledano, flanqueado por un vertedero de neumáticos y una línea del AVE, pero que tenía como ventaja estar a solo 40 kilómetros de Madrid.

Desde su entorno creen que la fiesta de inauguración de la primera fase del Residencial Francisco Hernando, en Seseña, fue el día más feliz de la vida del constructor. Hubo jamón, vino y marisco para los 6.000 vecinos que acudieron. "Allí pudo enseñarle a su madre, Filomena, la estatua que le había dedicado a ella y a su marido en mitad del residencial", dicen fuentes cercanas. Aquella noche del 21 de septiembre de 2007 fue una noche emotiva para el Pocero: tocaron Andy y Lucas y el cantante Falete, que al terminar dio las gracias al constructor "por ser como eres". Aquella noche, en plena efervescencia, buscó a los periodistas para confesarles que pensaba construir un millón de viviendas en Madrid.

El residencial Francisco Hernando, en Seseña. (EFE)
El residencial Francisco Hernando, en Seseña. (EFE)

Después, la historia es bien conocida. Al Pocero le estalló la crisis en pleno proyecto vital. Solo pudo construir una tercera parte de lo proyectado y dejó a los vecinos sin accesos ni equipamiento municipal. Durante varios años el residencial ha permanecido semivacío, con los pisos vendiéndose por precios irrisorios, hasta que empezó a ocuparse con la recuperación económica. En Seseña calcó la estrategia de Villaviciosa: amenazas, intentos de soborno y un periódico falso para insultar al alcalde ante las negativas a recalificar terreno. "La primera vez que hablamos, en 2002, ya me amenazó de forma abierta, no se puede decir que no fuera de cara", dice Manuel Fuentes, exalcalde de Seseña. "Se querelló 12 veces contra mí y me mandó varias veces a sus trabajadores a la puerta de ayuntamiento, pero en estos momentos solo puedo decir que acompaño en el sentimiento a la familia, y en especial a su hijo Francisco, con quien siempre mantuve una buena relación", dice Fuentes.

El Pocero terminó por perder Seseña. Los bancos embargaron las hipotecas que tenía concedidas en la urbanización y los vecinos le cambiaron el nombre: el residencial ahora se llama El Quirón. Hacienda le tiene en el 'top ten' de morosos, con una deuda estimada en más de 100 millones de euros. Sus empresas, que a comienzos de siglo registraban 100 millones de beneficio en un solo ejercicio, ahora están en números rojos. En los últimos años, Paco se refugió en Guinea Ecuatorial, donde planeaba construir 36.000 viviendas y terminó en laudos internacionales con el sátrapa Obiang. "Ha muerto tranquilo, porque nunca pisó la cárcel. Era su obsesión, un dogma: nada es ilegal si no vas a la cárcel. Él temía siempre la comparación con Jesús Gil, porque siempre salía, y se jactaba respondiendo: 'Como Gil, pero en la calle'", conceden fuentes cercanas.

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