última reunión fallida antes del consejo

Isolux se acoge al concurso tras la negativa final del Santander al segundo rescate

El consejo de administración ha tomado la decisión tras reunirse hoy para analizar el rechazo de la banca a aportar 300 millones de euros adicionales que garanticen el futuro a medio plazo del grupo

Foto: Oficinas de la empresa Isolux Corsán en Madrid. (EFE)
Oficinas de la empresa Isolux Corsán en Madrid. (EFE)

Finalmente no ha habido milagro. Isolux ha pedido este viernes el concurso voluntario de acreedores. El consejo de administración de la empresa de ingeniería ha tomado la decisión tras reunirse esta mañana para analizar la decisión adoptada por CaixaBank, Bankia y Santander de no concederle una segunda línea de crédito de 300 millones de euros. Un dinero sin el que la multinacional no puede continuar con sus operaciones ni hacer frente a las nóminas de sus casi 5.000 empleados.

Ante la negativa del conocido como G-3, Isolux va a solicitar acogerse hoy al artículo 5 Bis de la Ley Concursal, normativa que le permite protegerse de cualquier acreedor y disponer de cuatro meses adicionales para lograr una solución definitiva. La medida es similar a la que Abengoa adoptó en noviembre de 2015 y que acabó con un principio de acuerdo con los acreedores en marzo de 2016. Un año después, su competidora andaluza ha evitado la liquidación y sigue en pie, aunque con un tamaño mucho más pequeño, gracias a una inyección de fondos de 1.100 millones de euros y a la conversión de 4.500 millones de deuda en capital.

El problema de Isolux es que la compañía ya ha pasado por una reestructuración, ya que el pasado año la banca aportó hasta 275 millones y los acreedores canjearon bonos y préstamos por 1.400 millones de euros en acciones. Además, el grupo emitió nuevos bonos por 550 millones ampliables a 750 millones, que hoy en día no valen ni el 10% del importe inicial. En consecuencia, se ha evaporado todo el dinero desembolsado hace apenas tres meses.

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín. (Reuters)
La presidenta de Banco Santander, Ana Botín. (Reuters)

Este es el motivo principal por el que Banco Santander se ha negado a extender otro cheque, inyección que sí estaban dispuestos a financiar CaixaBank y Bankia. La reunión que mantuvieron ayer jueves con Isolux solo sirvió para refrendar la negativa que el Santander ya les había dado el lunes y que anteriormente había expresado de forma indirecta al vender en el mercado secundario y a precio de derribo la nueva deuda que había prestado en diciembre por 250 millones y la participación del 10% en el capital.

La postura del Santander ha provocado un cisma con CaixaBank y Bankia, que no han entendido cómo es posible que se deje caer una compañía con una plantilla de casi 5.000 personas. Porque el problema es que, a diferencia de lo que ocurrió con Abengoa, el riesgo de que Isolux termine en disolución es muy alto por la ejecución de avales que está sufriendo y la imposibilidad de acceder a obra nueva.

La última propuesta era conceder un pequeño préstamo de menos de 100 millones con vencimiento en 30 de junio para dar tres meses al equipo gestor a encontrar un comprador que se hiciera cargo de la mayoría del capital del negocio de construcción llave en mano (EPC, por sus siglas en inglés). Pero ni por esas hubo acuerdo ayer entre los tres grandes bancos, que a su vez habían intentado convencer a Popular, Sabadell, Deutsche Bank, Natixis y Société Générale para arrimar el hombro.

Un agujero de 2.000 millones

El presidente de Isolux, Nemesio Fernández-Cuesta.
El presidente de Isolux, Nemesio Fernández-Cuesta.

Para CaixaBank y Bankia el problema no es ya el dinero prestado que van a perder y que les provocará un roto sustancial en las cuentas. La preocupación de estos dos bancos y de otros acreedores son los avales por 1.000 millones adicionales que están en juego y que corren serio riesgo de ser recuperados, lo que aumentaría de forma significativa la factura. En total, el agujero global puede acercarse a un máximo de 2.000 miillones.

El consejo de administración se reúne también para formular las cuentas de 2016, números que registrarán unas pérdidas muy relevantes y que debían haber sido aprobados el pasado martes. Pero los consejeros, que apenas llevan cuatro meses en sus funciones, se negaron a verificar el balance por su complejidad y por las consecuencias legales que pudieran recaer sobre ellos al entrar la sociedad en concurso de acreedores. El gran perjudicado es Nemesio Fernández-Cuesta, que fue nombrado en junio de 2016 para enderezar la situación por los bancos que ahora le dejan en la estacada. Su intención es la de dimitir si no hay salida para el grupo en los próximos cuatro meses.

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