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Los dos años de infarto de Trappit, la pyme que ha acorralado a American Express

En febrero de 2014, Trappit se reunió en Londres con la cúpula europea de viajes de American Express. Dos años después, está a punto de sentar al CEO mundial ante el juez

Foto: Daniel de Carvajal y Luis Martín Lázaro, fundadores de Trappit.
Daniel de Carvajal y Luis Martín Lázaro, fundadores de Trappit.

El 3 de febrero de 2014, hace justo dos años, los emprendedores Daniel de Carvajal y Luis Martín Lázaro, fundadores de Trappit, creyeron lograr su sueño cuando la todopoderosa American Express les citó en Londres para conocer de primera mano su herramienta ARPO, un robot que permite monitorizar en tiempo real los precios de los billetes de avión de las aerolíneas y que promete a las compañías ahorros medios del 8% por este concepto.

Esta cita suponía abrir definitivamente la puerta a la que había llamado Manuel Martínez, directivo de Trappit, pocos meses antes. El ejecutivo fue durante años director general de Recursos Humanos, con responsabilidades en Emea -Europa, Oriente Medio y África-, para American Express, un bagaje que convenció a su nueva empresa de que el mejor socio que podían encontrar para su invento era la multinacional estadounidense.

Apenas tres días antes del encuentro en Londres, el 31 de enero de 2014, Trappit había solicitado la inscripción de ARPO en el registro territorial de la propiedad intelectual de Madrid, que dio carta de naturaleza a su invento 11 meses después, tras haber analizado toda la documentación, y tres meses antes de que American Express, como publicó ayer en exclusiva este diario, presentara oficialmente a sus clientes españoles la herramienta Lastfare, a la que la pyme acusa de ser una copia de su robot.

A partir del encuentro en Londres, las dos partes estuvieron manteniendo negociaciones durante más de un año con la vista puesta en integrar ARPO dentro de American Express, dueña de la mayor agencia de viajes del mundo, Global Business Travel, con una facturación estimada por este concepto del entorno de los 35.000 millones de dólares (31.400 millones de euros), según recoge la querella presentada por Trappit en los tribunales de Plaza de Castilla y que ha sido admitida a trámite.

En la reunión del 3 de febrero, Katrina Cliffe, responsable de GBT en Emea, alabó con vehemencia la herramienta española, según los querellantes, hasta el punto de llegar a afirmar que "suponía un cambio radical en el mercado", ya que no existía ninguna otra similar, y que estaban convencidos de seguir adelante en las negociaciones para llegar a un futura integración de esta en los sistemas informáticos de American Express.

Fue la propia Cliffe quien remitió a los representantes de Trappit a Kevin P. Yeh, máximo responsable de nuevos productos en American Express Business Travel, y puso al tanto de las negociaciones al propio Willian Glenn, máximo responsable mundial de la división de viajes del grupo. Las conversaciones acababan de cruzar el océano Atlántico y habían llegado hasta la primera fila directiva del gigante estadounidense.

Negociaciones de primer nivel

De hecho, durante los 12 meses que estuvieron negociando la posible integración, Yeh se intercambió diversos correos electrónicos con Daniel de Carvajal e, incluso, participó telefónicamente en reuniones que mantuvieron entre las dos partes.

El nivel de sus interlocutores hizo que los españoles fueran aceptando las líneas de actuación que les iban marcando desde American Express, como presentarse a un concurso para desarrollar un sistema de gestión integrada (IIM), proyecto que Trappit advirtió que no se amoldaba a lo que ellos estaban ofreciendo, pero que si era la puerta de entrada para poder trabajar con la multinacional estaban dispuestos a ello, según se recoge en la documentación presentada en el Juzgado de instrucción número 51 de Madrid.

Desde American Express, siempre según los querellantes, llegaron incluso a retrasar el plazo de presentación de propuestas para que la 'startup' pudiera presentarse y firmaron con ella todo tipo de acuerdos legales en los que se comprometían a no utilizar la información de Trappit para su propio beneficio. Sin embargo, con el tiempo, la sospecha de los españoles es que les concedieron esta prórroga para así poder tener información clave sobre el sistema ARPO y su funcionamiento.

Entre las pruebas aportadas por la española, figura un correo enviado a, entre otros, Kevin Yeh y Lynsey Verrillo, responsable de Relaciones Globales con Proveedores de American Express en Europa, en el que hablan sobre la creación de un portal demo por parte de Trappit para American Express "con el único objetivo de testar el desempeño de ARPO". En este mismo correo, fechado el pasado 8 de abril, se incluye una cláusula en la que "Amex reconocen que Trappit está proveyendo el portal demo para el único propósito de facilitar la negociación de la venta del sistema ARPO a Amex y solo se podrá usar el portal demo en este contexto y de buena fe".

Este portal se creó con un número limitado de aerolíneas, y durante las siguientes semanas la multinacional les fue solicitando cada vez más detalles, desde explicaciones sobre la fuente de los datos, hasta la inclusión de más compañías aéreas, cuestiones que ahora llevan a Trappit a denunciar que se trata de una trama organizada para apropiarse de su invento.

Además, durante todas estas conversaciones que mantuvieron para comprender la herramienta española, American Express siempre comparó el invento de Trappit con Yapta -otro sistema de ahorro de precios de billetes-, pero nunca con un desarrollo propio como terminó siendo Lastfare. De hecho, la confianza de los españoles en la multinacional continuó incluso después de que en julio el grupo estadounidense les dijera que habían quedado fuera del proceso de selección para el IIM.

España toma las riendas

Pero, lejos de romper sus conversaciones, el propio Yeh es quien emplaza a continuar trabajando con la filial española. A partir de ese momento, sus interlocutores pasan a ser Luis Dupuy, director general de American Express Global Business Travel, y Estefanía Ruiz de Esguide, responsable del departamento de Desarrollo de Nuevos Productos.

Tras varias reuniones en las que, "entre otras cosas, los querellantes dieron explicaciones técnicas sobre el programa ARPO", según aparece en la documentación remitida al juzgado, se llega a una propuesta de colaboración y al acuerdo de testar la herramienta en uno de los mejores clientes de la compañía, un gran banco cotizado.

Para poder seguir avanzando, la multinacional pidió a Trappit que suspendiera la labor comercial que estaba llevando a cabo con sus clientes, una pérdida de negocio por la cual la 'startup' reclama ahora 11,8 millones por daños y prejuicios económicos, además de los otros 2,87 millones en que se cifró su acuerdo de adquisición del sistema ARPO.

Trappit acusa a American Express de haber mantenido una trama durante más de un año para conocer cómo funcionaba su robot y poder replicarlo internamente

Dentro de estas cifras, está incluida la facturación que la pyme estima que podría lograr en la entidad sobre la que se realizó el piloto, un proyecto que comenzó a principios de este año y que debería haber durado tres semanas, pero que se fue alargando, hasta que el cliente empezó a presionar para conocer los resultados. Cuando American Express se los presentó, a finales de febrero, lo hizo comparándolos con su herramienta Lastfare, con la cual aseguró que se obtenían mejores resultados, y cuyo lanzamiento empezó a anunciar a sus clientes.

De hecho, es a través de uno de ellos, con el cual también había contactado Trappit en el pasado pero con el que cortó la relación comercial a raíz de la petición de American Express, el que alerta a los emprendedores de lo que estaba ocurriendo, ya que al ver la presentación de Lastfare da por hecho que se trata de la integración de ARPO en la multinacional. Hasta ese momento, Trappit afirma que American Express no le había "ni siquiera insinuado que tenía una herramienta similar o igual".

 

Corría ya marzo de 2015 cuando la 'startup' vio que el cielo que creía haber rozado un año antes era solo un espejismo y, antes de tomar acciones legales, envió un burofax de la mano del bufete Pérez Llorca a American Express Europe acusándola de no haber respetado los acuerdos de confidencialidad para desarrollar Lastfare e instándola a suspender el uso de esta herramienta, a devolver a Trappit la información que les reportó y a identificar a todas las personas conocedoras de los datos aportados por Trappit.

La respuesta llegó semanas después, en mayo de 2015, de la mano del bufete K&L Gates, que se dirigió a ellos como asesor de GBT III B.V. (Global Business Travel III) y que aseguró que el proyecto de Lastfare fue "concebido, desarrollado y puesto en marcha de forma autónoma, creándose sin la ayuda de Trappit". Tras esta respuesta, la pyme decidió acudir a los tribunales y presentó una querella en junio de 2015, que fue admitida a trámite un mes después y que ha llevado a imputar a la cúpula del gigante mundial de los viajes.

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