MAYOR VOLATILIDAD PARA LOS RESULTADOS

El BdE dará en junio otra vuelta de tuerca para ajustar las cuentas de la banca

Los resultados de los bancos al cierre del primer semestre deberán incluir dotaciones en su balance para cubrir la pérdida esperada de toda su cartera de crédito

Foto: Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid. (EFE)
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid. (EFE)

El Banco de España quiere que las entidades de crédito anticipen a partir de junio la presentación de sus resultados con arreglo a las nuevas normas de contabilidad elaboradas por la Comisión Europea de cara a 2018. El cambio supondrá otra vuelta de tuerca en las multimillonarias provisiones que viene realizando el sector porque a partir de ahora los bancos tendrán que ajustar sus cuentas teniendo en cuenta las pérdidas esperadas por cada uno de sus créditos y no por las pérdidas incurridas. La medida implicará una mayor volatilidad que podría afectar a los resultados del primer semestre.

La conocida como Circular 4, que data del año 2004 y en la que se establecen los estándares de información pública de las entidades financieras, tendrá que ser adaptada a los nuevos criterios del International Accounting Standards Board (IASB), el organismo que ha trabajado en la definición de las normas denominadas IFRS 9 que, a su vez, reemplazan a las ahora vigentes en toda Europa bajo la definición de IAS 39. La adaptación de todo el sistema de contabilidad llega en un momento especialmente crítico para la banca española, que ha tenido que asumir en los últimos años un proceso de reconversión bajo la anestesia local del rescate solicitado en junio de 2012.

Las ayudas procedentes del plan de asistencia firmado con Bruselas han sido realmente muy escasas en comparación con el enorme esfuerzo de ajuste llevado a cabo por las entidades españolas. En números redondos, el rescate ha supuesto aportaciones externas de casi 50.000 millones de euros, mientras que las dotaciones internas han alcanzado la cifra de 300.000 millones. En otras palabras, la operación de salvamento bancario se ha llevado por delante el equivalente a un 30% del PIB anual de España, lo que ha dejado a los bancos exhaustos ante cualquier otra contingencia que pueda alterar el normal desarrollo del mercado.

La nueva Circular 4 exige la provisión de golpe y porrazo de toda las pérdidas esperadas en cualquier crédito que pueda ser considerado dudoso

El nuevo celo supervisor con que el Banco de España trata de adelantarse a los acontecimientos supone un motivo de preocupación adicional para el sector. La revisión de la Circular 4 supone algo así como 'el más difícil todavía' para unas entidades que han visto peligrosamente reducidos sus márgenes operativos y que necesitan reducir sus estructuras productivas en los próximos meses. El hambre se junta además con las ganas de comer, dados los requisitos de capital que están siendo demandados por el Banco Central Europeo (BCE) y los más exigentes a medio y largo plazo que vienen impuestos por Basilea III.

El gobernador del BdE, Luis María Linde. (EFE)
El gobernador del BdE, Luis María Linde. (EFE)

Los primeros borradores de la normativa que maneja la institución dirigida por Luis Linde conllevan un aparente alivio para las entidades de crédito desde el momento en que el Banco de España pretende eliminar de una vez por siempre la célebre y onerosa categoría de los riesgos subestándar. Esta clasificación obliga a los bancos a provisionar en sucesivas fases dentro de un calendario predeterminado los créditos que puedan verse afectados por una incidencia subjetiva de morosidad. Se trata de préstamos que cumplen las previsiones de reembolso pero que pueden afectar al activo del prestamista como consecuencia de circunstancias negativas que supongan una debilidad en la capacidad de pago del prestatario.

Los créditos subestándar, propios y exclusivos de la regulación bancaria en España, pasarán a mejor vida, pero a cambio se va a crear una nuevo índice bautizado con el título de “seguimiento especial” que supondrá, si cabe, una mayor imposición en los estados financieros de las entidades de crédito. El Banco de España va a requerir en la futura circular que los bancos dispongan de modelos de cálculo estrictos para asegurar la pérdida esperada de todas los créditos desde el momento de su contratación y a lo largo de toda la vida de la inversión. En el momento en que cualquier préstamo se convierta en dudoso, las entidades deberán asumir toda la provisión de golpe y porrazo, con el consiguiente quebranto momentáneo de la cuenta de resultados.

La banca española acumula provisiones de 300.000 millones desde 2012 y teme que la nueva norma contable suponga un esfuerzo 'más difícil todavía'

Otra de las novedades derivadas de los cambios contables será la desaparición de la provisión genérica, que ha sido una de las principales señas de identidad de la regulación financiera en España. La provisión genérica será sustituida por una provisión colectiva que, con los mismos criterios de mayor ajuste contable, deberá anticipar las pérdidas esperadas a un año vista de toda la cartera de préstamos. La reforma será amortiguada con un proceso transitorio que ahora está siendo sometido a consulta de las propias entidades financieras, que deberán disponer de sus propios modelos de negocio a la hora de clasificar la calidad de sus inversiones.

El Banco de España traslada así a los bancos el peso de la responsabilidad final en la adaptación a los requerimientos comunitarios del sistema IFRS-9, pero las entidades deberán cuidarse de no defraudar el espíritu de una regulación que puede suponer incrementos en las provisiones del orden del 35% en términos generales. En España, es de suponer que el esfuerzo no será tan elevado, dado el ajuste sin parangón realizado hasta ahora, pero lo cierto es que las grandes entidades financieras del país consideran que la normativa todavía vigente refleja con mucho más realismo los avatares del mercado, en tanto que la futura circular supone una cura en salud que en España ya se ha venido efectuando en los últimos años. En otras palabras, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

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