estrella de galicia cerró 2014 con cifras record

Estrella Galicia, la cerveza que vino de ultramar

Cada generación Rivera tiene su impronta. La tercera, ya con cinco ramas familiares, es la que lanza la cerveza Especial Rivera en 1972, que hoy supone el 80% de las ventas

En 2006 Hijos de Rivera, cuyo buque insignia es Estrella Galicia, celebró sus primeros cien años y fue la cuarta generación –pasar de la tercera en España es todo un hito– la que se encargó de homenajear una fecha tan redonda. Ignacio Rivera, actual consejero delegado, avisa: “Ya hay una quinta y una sexta generación bien preparadas que tomarán el relevo”.

Esta amplia familia de empresarios gallegos bien avenida, celebraba entonces, aparte de su presencia en más de 40 países de todo el mundo, la tenacidad y el ingenio del bisabuelo, José María Rivera Corral. Hombre sin estudios, demostró pronto su valía como empresario. Instaló a principios del siglo XX la centralita de telefonía local de La Coruña, casi al mismo tiempo que creaba la empresa Estrella Galicia, especializada en fabricar hielo –abastecía a la industria del pescado de la ciudad herculina–, y cerveza. Ese joven de gran viveza y ambición, comenzaba entonces la andadura de Hijos de Rivera, hoy la primera cervecera gallega y cuarta de España, que comercializa, agua, vino, sidra, licores y mosto (Cabreiroá, Adega Ponte Da Boga, 1906…). En 2014, su mejor temporada, vendió algo más de 170 millones de litros de cerveza, con una facturación de casi 280 millones de euros y unos beneficios antes de impuestos, intereses y amortizaciones (ebitda) de 79 millones de euros.  

Desconocía la cerveza

Con la creación de la empresa, José María Rivera Corral daba buena cuenta de los ahorros que se había traído de Veracruz, México, con la venta de una bebida parecida a la horchata. Allí llegó siendo casi un niño por decisión de sus padres, que le enviaron en un barco para “hacer las Américas”. Para pagar el pasaje tuvieron que vender unas tierras cercanas a As Pontes (Coruña), de donde eran naturales.

El consejero delegado de Estrella Galicia, Ignacio Rivera. (EC)
El consejero delegado de Estrella Galicia, Ignacio Rivera. (EC)

Lo curioso del asunto es que él no era cervecero, aunque había visto cómo era el negocio en México, y se preocupó de que su hijo, la segunda generación, sí lo fuera. Le envió a estudiar primero a Francia y luego a Alemania y desde entonces la compañía no paró de mejorar. Se profesionalizan, mecanizan los procesos de producción y así ponen rumbo a la excelencia. Sobrevivirían a las guerras y aguzarían el ingenio para conseguir la materia prima de la cerveza, el lúpulo. Los Rivera siempre se autofinanciaban, lo mismo que continúan haciendo sus herederos.

Cuestión de genes

Cada generación Rivera tiene su impronta. La tercera, ya con cinco ramas familiares, es la que lanza la cerveza Especial Rivera en 1972, que hoy supone el 80% de las ventas. Ellos vivieron el repunte del consumo de cerveza y toman la decisión de cambiar la fábrica que construyeron en cuatro caminos, hoy pleno centro de A Coruña, por la actual, en el polígono de A Grela, que también ampliarán en breve para afrontar el plan trienal 2015-2017.

Este plan trienal lo capitanea Ignacio Rivera –cuarta generación–. El proyecto contempla una inversión de 100 millones de euros, sacar al mercado nuevos productos, aumentar su presencia en España y en el mundo y mejorar su posición en el negocio del agua. El objetivo, doblar la cuota de negocio hasta llegar a tener entre el 10 y el 15% y vender, en 2017, 300 millones de litros de cerveza que les permita facturar 350 millones de euros. Este proceso necesita aumentar la plantilla un 8% hasta llegar casi al millar. ¿Cómo lo harán? Autofinanciándose, copiando al bisabuelo, ya que es una empresa familiar poco apalancada. 

A la generación de Ignacio Rivera, a la que él se refiere como la primera de esta era, se debe el rebrote de la internacionalización. Están presentes en Filipinas, China, Japón y Estados Unidos. En Brasil hace tres años que pusieron el foco y abrieron una filial, y hoy se esfuerzan por aumentar la venta de apenas tres millones de litros en un mercado que mueve más de mil. Un próximo proyecto, buscar en Chequia un lúpulo acorde con los gustos del consumidor de Estrella Galicia para cultivarlo. 

El patrocinio que mejora la imagen de marca

Estrella Galicia irrumpió hace un tiempo y con fuerza en el patrocinio de citas deportivas y musicales. Y tal es la fe que tienen en ello que el 40% de la inversión en marketing va destinada a estos fines. Aficionado a los coches, el consejero delegado se reafirma en las bondades que tiene para la imagen de marca patrocinar las motos GP y la Fórmula 1, sin menospreciar los conciertos. No oculta que llora como un niño cuando Àlex Márquez o Carlos Sainz Jr. ganan, y que hace suyos los éxitos de las escuderías. “Además, mejoran tremendamente el ambiente en nuestra empresa”, comenta.

Y como la vida está llena de casualidades, fue el gallego Luis Moya, copiloto de Carlos Sainz, quien le comentó a Ignacio Rivera que quien había hecho la fábrica de Estrella Galicia en 1972 era el padre del corredor de rallies, Antonio Sainz.  

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