EL 'TERROR DE LA BANCA' ALERTÓ DE LA "PORQUERÍA"

La presión de la banca propició la salida de Becerril, el 'analista killer' de JP Morgan

JP Morgan ha despedido a su analista jefe de banca para Europa, el español Jaime Becerril, el 'martillo pilón' del sector en España por las duras críticas

Foto: La presión de la banca propició la salida de Becerril, el 'analista killer' de JP Morgan

JP Morgan ha despedido a su analista jefe de banca para Europa, el español Jaime Becerril, el 'martillo pilón' del sector en España por las duras críticas que le ha dirigido desde 2009. Entonces alertó de la "porquería" relacionada con el inmobiliario que las entidades escondían bajo la alfombra, cuyo saneamiento condujo finalmente a las nacionalizaciones y al rescate europeo de 2012. Según fuentes conocedoras de la situación, su salida se produce ante las presiones del sector, a pesar de que Becerril había reconocido que "el sol vuelve a salir en Benidorm" y había mejorado la recomendación sobre varias entidades, aunque mantenía su cautela por las grandes refinanciaciones empresariales que están sin provisionar.

"La salida de Jaime es el mejor ejemplo de lo que es España ahora mismo; en otros países no tienes estos problemas por criticar a la banca o a cualquier sector. De hecho, sin críticos como él, la troika no habría obligado al Gobierno a recapitalizar y sanear las entidades, y el problema del sector financiero seguiría pendiente de resolver en vez de estar en vías de solución", señala un alto cargo del sector que solicita mantener el anonimato.

Jaime Becerril saltó a la fama en verano de 2009, cuando el Gobierno de Zapatero presumía de que España tenía "el sistema financiero más sólido del mundo". Entonces, desde el broker independiente Redburn Partners, publicó un informe demoledor en el que acusaba a las autoridades y al sector de "ocultar la porquería debajo de la alfombra", en el que decía cosas como que el mercado inmobiliario tenía mucha caída por delante, puesto que los precios no estaban bajando todo lo deprisa que exigiría la crisis, en buena medida porque los bancos estaban sujetando los precios para no tener que provisionar la pérdida de valor de los inmuebles. Pero, a su juicio, eso era inevitable, porque harían falta hasta 10 años para que se absorba el stock de vivienda nueva sin vender. Como es sabido, el Gobierno obligó a provisionar ese deterioro en 2012 con los 'Decretos Guindos' y ésta fue la principal causa del rescate y de la creación de Sareb.

Sus principales críticas entonces a la banca y al Gobierno eran su falta de transparencia, negarse a ver la magnitud del problema que tenían encima y tomar medidas que sólo retrasaban la salida de la crisis en vez de solucionarla. De hecho, fue el primero en comparar la situación de nuestro sistema financiero con la del japonés en los años 90, y en criticar la laxitud del Banco de España por tolerar los excesos de la burbuja, al que acusaba de tener una confianza ciega en las provisiones genéricas.

Morosidad hipotecaria y refinanciaciones

Esta valentía para decir lo todo el mundo callaba le pusieron en el primer plano y le valieron su fichaje por el gigante JP Morgan en 2011, como jefe de análisis de banca para toda Europa. Desde allí mantuvo su visión crítica con la banca española, que iba siendo confirmada por los hechos, junto a Santiago López, que se fue de Credit Suisse a Exane BNP Paribas (en Credit Suisse fue sustituido por el antecesor de Becerril en JP Morgan, Ignacio Cerezo). Así, cuando en 2012 se impusieron por fin las fuertes provisiones para la exposición inmobiliaria, señaló el siguiente gran peligro para el sector: las hipotecas minoristas. Un problema que se manifestó un año después y que sólo se ha contenido a base de refinanciaciones masivas.

Una oficina del Banco Santander (Efe)
Una oficina del Banco Santander (Efe)

Precisamente, las refinanciaciones fueron la siguiente alerta lanzada por Becerril, la famosa práctica de la "patada a seguir" o "retrasar y rezar" (delay and pray) que mantiene vivas artificialmente a empresas zombies al alargar indefinidamente los plazos para devolver sus préstamos. La magnitud de este problema llevó al Banco de España a obligar a las entidades a dotar unas provisiones mínimas para los créditos refinanciados, aunque la nueva norma aprobada por el Gobierno a finales de año para facilitar precisamente los procesos de refinanciación relajaba de nuevo esas exigencias.

Menor pesimismo en el último año

No obstante, Becerril no se ha empeñado en mantener su visión negativa al margen de la evolución de los acontecimientos. El año pasado publicó un informe llamado "El sol vuelve a salir en Benidorm" en el que admitía que la caída del ladrillo estaba tocando suelo después de que algunos bancos asumieran la realidad y bajaran los precios lo necesario para encontrarse con la demanda. No obstante, seguía alertando de las refinanciaciones de las grandes inmobiliarias, mantenía sus críticas a los políticos españoles por su inacción y por la corrupción generalizada, y anticipaba que no se iba a cumplir el objetivo de déficit en 2013, como así ha sido.

Asimismo, en los últimos meses ha mejorado su perspectiva sobre varias entidades españolas. De tenerlas a todas con recomendación de 'venta' ha pasado a 'neutral' a Santander, Popular y Bankia, e incluso aconseja 'comprar' Caixabank, a su juicio el único valor bancario que merece la pena en nuestro país. Con todo, advierte de que los márgenes y las provisiones no se normalizarán hasta 2016 (algo que casi todo el sector admite en privado) y señala que espera que el dividendo en efectivo vuelva al sector en 2015.

Pero de nada le ha servido este mayor optimismo sobre el sector, puesto que el daño ya estaba hecho y éste se siente ahora más fuerte cuando da por concluido lo peor de la crisis. Su último 'pecado' fue el duro recibimiento que dispensó a Javier Marín, el consejero delegado del Santander que sustituyó a Alfredo Sáenz, en un extenso informe de junio del año pasado en el que de nuevo se atrevía a decir lo que muchos piensan: que el mayor banco español va justo de capital y necesita reforzar sus fondos propios para ponerse a la altura de las principales entidades europeas.

 

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