solo mantendrá CyL, La Rioja y murcia

El derrumbe autonómico deja al PP sin barones y el futuro de Cospedal en el aire

El PP esconde su fracaso territorial en una falacia, que consiste en asegurar que ha ganado los comicios locales y autonómicos porque ha quedado primero en casi toda España

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, deposita su voto para las elecciones del 24-M. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, deposita su voto para las elecciones del 24-M. (EFE)

El PP ha visto menguar su poder territorial de forma considerable. Sin ninguna mayoría absoluta en las 13 comunidades autónomas en juego y con tres de sus barones regionales dependientes de Ciudadanos para optar a la reelección, el PP esconde su fracaso en una falacia, que consiste en asegurar que ha ganado los comicios locales y autonómicos porque ha quedado primero en casi toda España. Con todo, los populares no saben seguro si podrán gobernar en algún sitio salvo en Castilla y León, La Rioja y Murcia. Su desgaste general, los previsibles pactos entre partidos de izquierda (PSOE, Podemos y nacionalistas locales), más los imprevisibles de la organización de Albert Rivera entierran la hegemonía del PP en el poder autonómico. Como predijo el CIS, es el fin de los barones.

El Partido Popular sólo cumplió su primer objetivo en las elecciones: confirmarse como primera fuerza política y marcar distancia con el segundo, el PSOE. Los otros dos objetivos fundamentales, salvar la alcaldía y la comunidad de Madrid, más la presidencia de la Junta de Castilla-La Mancha para que siga María Dolores de Cospedal, se tendrán que resolver en los próximos días. La secretaria general del partido se quedó a un escaño de la mayoría absoluta, pero si PSOE y Podemos se ponen de acuerdo se quedará fuera del Gobierno.

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En el caso de la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre fue la candidata más votada, pero su principal rival, Manuela Carmena, se quedó a sólo un concejal del PP y si los socialistas la apoyan también podrán sumar una coalición de izquierdas como mayoría alternativa. En la Comunidad, Cristina Cifuentes también ganó y con más claridad sobre el segundo partido, el PSOE. Podrá gobernar siempre que Ciudadanos no decida lo contrario porque se decante por apoyar un pacto entre los socialistas y la candidatura de Podemos.

En el siguiente gran feudo electoral del PP, la Comunidad Valenciana, el retroceso de los populares aún fue mayor. Alberto Fabra queda a los pies de una gran coalición de partidos de izquierda (PSOE, Compromís y Podemos) que empezó a fraguarse antes de los comicios. Otros barones del Partido Popular que han protagonizado severos retrocesos y parecen abocados a quedarse sin gobernar son Luisa Fernanda Rudi en Aragón y José Ramón Bauzá en Baleares.

Sólo en Castilla y Léon (Juan Vicente Herrera), La Rioja (Pedro Sanz) y en Murcia (Pedro Antonio Sánchez) da por hecho el PP que podrá seguir al frente de los gobiernos regionales correspondientes. Y siempre con el permiso de Ciudadanos, pues si los seguidores de Rivera sumaran sus votos al resto de los grupos de la oposición de izquierdas los populares también se quedarían fuera. El barón directamente derrotado en las urnas fue José Antonio Monago.

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Con ese retroceso general, sus dirigentes regionales en las horas más bajas y a la espera de los movimientos de los partidos emergentes, la dirección del Partido Popular insistió en que seguía siendo el primer partido en casi toda España y en postularse como pilar de estabilidad en las instituciones para buscar a partir de ahora en los pactos la gobernabilidad perdida con los resultados de las urnas. Carlos Floriano, secretario de organización, fue el encargado de dar la cara y dar la primera respuesta a los resultados de las urnas a la espera de la reunión del Comité Ejecutivo convocada por Mariano Rajoy.

El presidente del Gobierno siguió el recuento en la sede de Génova de unos resultados electorales que amenazan con dejar al PP con su menor cuota de poder autonómico de los últimos 20 años. La candidatura de Aguirre a la alcaldía de Madrid fue una decisión personal de Rajoy frente a la opinión de buena parte del aparato del partido, al igual que sostener a Alberto Fabra en la Comunidad Valenciana. Ante el derrumbe regional del partido, en la sede de Génova prefieren considerarlo como “un revulsivo” para la próxima cita electoral: las generales. La esperanza de la dirección del PP es aprovechar como baza para las legislativas del próximo otoño la inestabilidad que está asegurada en buena parte de las instituciones autonómicas, más los primeros pasos de las coaliciones de izquierda que se formarán, con el fin de movilizar el voto del centro derecha mejor que lo han hecho en los últimos comicios.   

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