movimientos históricos en el mercado de divisas

La libra se asoma a un destino incierto tras visitar los mínimos del Hotel Plaza de 1985

George Soros esculpió su leyenda con el sello de la libra. La estrategia inversora que, junto con Stan Druckenmiller, levantó en 1992 en contra del Banco

Foto: Montones de billetes de 10 y 50 libras. (Reuters)
Montones de billetes de 10 y 50 libras. (Reuters)

George Soros esculpió su leyenda con el sello de la libra. La estrategia inversora que, junto con Stan Druckenmiller, levantó en 1992 en contra del Banco de Inglaterra y de la continuidad de la divisa británica en el proyecto de creación de una moneda única en Europa se ganó para siempre un hueco en la historia. Ganó, con la consiguiente doble satisfacción por haber acertado y por llevarse un premio de 1.000 millones de dólares. Casi un cuarto de siglo después, Soros profetizó que lo que se vivió entonces, que el 4% que la libra perdió contra el dólar y el 3% que cedió contra el marco alemán el 16 de septiembre de 1992, bautizado desde entonces como el 'miércoles negro' de la libra, se iba a quedar en nada comparación con el varapalo que podría seguir al triunfo del Brexit en el referéndum del 23 de junio. No se equivocó. 

La libra sufrió el pasado viernes la mayor sacudida que ha soportado desde que su tipo de cambio fluctúa en los mercados. Esta vez no se trató de una devaluación taxativa, como las de 1931, 1949 y 1967, todas ellas bajo gobierno del Partido Laborista, que quedó marcado así como un partido devaluador. Y como predijo Soros, ni siquiera en 1992 sufrió un vapuleo semejante. Tampoco en los meses finales de 2008 y en el arranque de 2009, cuando la quiebra de Lehman Brothers y los problemas de la banca británica también golpearon fuerte a la divisa británica. En esos precedentes, los descensos de la libra se movieron en torno al 5%. Este viernes llegó a ser mucho peor. La libra cayó como nunca. Minutos después de las 6 de la mañana, conforme el Brexit fue confirmando su victoria, la libra se hundió hasta los 1,32 dólares, equivalentes a una depreciación del 11%. En un mercado como el de divisas, que mueve casi 5 billones de euros en cada sesión, un movimiento de este volumen es lo más parecido a un terremoto cambiario. Y todo eso en minutos, en un puñado de horas, porque poco antes de la medianoche del jueves, la libra, basándose en unas cuentas que daban el triunfo a la permanencia en la Unión Europea (UE), tocó los 1,50 dólares, su cambio más alto de 2016. 

Desde 1985, cuando Margaret Thatcher y Ronald Reagan aún gobernaban, no se había visto un cambio más bajo de la libra contra el dólar

Otra referencia manifiesta igualmente la dimensión de esa caída: ese cambio era el más bajo de la libra en su cuerpo a cuerpo contra el dólar desde 1985. Y eso, de muevo en el caso de las divisas, no es cualquier cosa. Mentar el año 85 es aludir a los Acuerdos del Hotel Plaza, en el que los ministros de finanzas y los banqueros centrales de EEUU, Alemania, Japón, Reino Unido y Francia se reunieron en el hotel neoyorquino y, el 22 de septiembre, pactaron una coordinación multilateral para promover una depreciación controlada del dólar, cuya fortaleza estaba desequilibrando el mundo, y una apreciación ordenada de la restantes monedas. Desde entonces, desde los tiempos en los que aún gobernaban Margaret Thatcher y Ronald Reagan, desde los tiempos en los que las cinco mayores potencias -G5- aún aspiraban a conducir el mundo con reuniones de este tipo, no se veía un cambio más bajo de la libra contra el 'billete verde'. 

Contra el euro no fue tan lejos, aunque el descenso no dejó de ser histórico. La bajada de la libra llegó a ser el 8%, hasta los 1,20 euros, su cambio más bajo desde 2014. Y hubo mucho más. En los momentos de mayor tensión la libra se dejó un 15% contra el yen japonés y un 10% contra el franco suizo. 

Difícil reacción

Finalmente, el descalabro fue más comedido. Pero igualmente para el recuerdo. Se depreció casi un 8% contra el dólar -1,37 dólares-, un 6% contra el euro -1,23 euros-, un 11,5% contra el yen -140 yenes- y un 7,5% contra el franco -1,319 francos-. Soros, por tanto, acertó. La incógnita reside en si también acertarán otros pronósticos. Como los del propio Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) o Goldman Sachs, que alertaron del riesgo de que la moneda británica perdiera un 20% de su valor en caso de que ganara el Brexit. 

Los expertos, desde luego, anticipan un camino tortuoso para la libra. Y así se está confirmando este lunes. La libra se deja otro 3% contra el dólar, hasta los 1,33 dólares, y otro 2% contra el euro, hasta los 1,204 euros, con lo que permanece en mínimos de 2014. 

"La presión alcista soportada por el yen, el dólar o el franco podría abatirse en los próximos días, pero esperamos que la debilidad de la libra continúe, porque los factores fundamentales continúan empujando, como el descenso previsto en la inversión extranjera directa", sostienen los expertos de Julius Baer. Sin duda, y a la espera de ver cómo evolucionan las negociaciones en las que Londres y Bruselas definirán el marco de la desconexión y las nuevas relaciones entre las dos partes, ese es uno de los riesgos para Reino Unido, porque la Unión Europea (UE) es el origen del 50% de la inversión exterior que recibe el país. 

Los expertos auguran un sendero tortuoso para la libra esterlina.
Los expertos auguran un sendero tortuoso para la libra esterlina.

 

Pero hay más amenazas. "En Gran Bretaña, y en vista del nivel récord de déficit por cuenta corriente y la dependencia del capital extranjero, la incertidumbre sobre el futuro de los intercambios comerciales y de los flujos de inversión deberían conducir a una depreciación de la libra esterlina", previene Andrew Belshaw, responsable de inversiones de Western Asset en Londres. En el primer trimestre, el déficit por cuenta corriente británico se acercó al 7% del Producto Interior Bruto (PIB), un desequilibrio que ahora amenaza con agrandarse precisamente porque el Brexit alimenta la fuga de capitales y la debilidad de la libra. 

Y ahí reside el peligro; en la continuidad de los descensos. Por históricas y abultadas que fueran, las caídas del viernes son asumibles. Otra cosa será que se repita lo ocurrido en 1992 y 2008. En ambos casos, la libra no ciñó sus retrocesos al primer impacto de septiembre, sino que prolongó sus bajadas hasta finales de febrero de 1993 y 2009, respectivamente. En el primer caso acumuló una depreciación próxima al 30% contra el dólar y en el segundo se dejó un 20%. 

La elección de Carney

Este riesgo obligará al Banco de Inglaterra a permanecer en alerta. Y a tomar decisiones. La entidad gobernada por Mark Carney tendrá que elegir qué quiere... y qué sacrifica. Porque todas las decisiones tendrán su coste. Y su riesgo, porque no es fácil derrotar al mercado cuando coge velocidad en su inercia, tal como comprobó el propio BoE en 1992. Si decide intervenir directamente en el mercado de divisas, comprando libras o vendiendo otras monedas, necesitará el permiso del Tesoro británico, que es el que tiene jurisdicción en esta materia, y la colaboración de otros bancos centrales, como la Reserva Federal estadounidense o en el Banco Central Europeo. Y tendrá que ir en serio, porque de lo contrario no logrará su propósito y si el mercado lo percibe tendrá muy fácil derrotarlo. Para ello, Reino Unido cuenta como escudo con las mayores reservas de su historia reciente, de 145.000 millones de dólares. 

El Banco de Inglaterra tendrá que permanecer en estado de alerta y tomar decisiones drásticas

Otra variante pasa por los tipos de interés. Si quiere defender a la libra y frenar la fuga de capitales, puede subirlos, con el consiguiente impacto negativo potencial en la economía y el riesgo de inducir un frenazo que desemboque en una recesión; si quiere sostener el crecimiento, puede bajar aún más unos intereses que se encuentran en el mínimo histórico del 0,5% desde marzo de 2009. Ese supuesto ejercería una presión bajista adicional sobre la moneda británica. Y lo mismo ocurriría si el BoE opta por incrementar el programa de expansión cuantitativa (QE) que también puso en marcha en 2009 y que está dotado con 375.000 millones de libras -unos 461.000 millones de euros al cambio actual-. "Hemos previsto desde hace tiempo que el Brexit empujaría al BoE a considerar una suavización de las condiciones monetarias, con dos rebajas de un cuarto de punto en los tipos de interés y una ampliación del QE de entre 50.000 y 100.000 millones de libras", indican desde la gestora Axa Investment Managers. 

¿Más posibilidades? Sí. Optar por un control o algún tipo de restricción de capitales para intentar contener su fuga y la caída de la libra. Eso sí, tendría difícil encaje en un país que depende de la actividad comercial y que cuenta con un centro financiero como la City. 

En manos de las negociaciones

A un plazo más largo, el futuro de la libra está vinculado a las negociaciones entre Londres y Bruselas. Y a sus efectos en la actividad comercial, industrial y financiera de Reino Unido. Si se ven mermadas y si la City sufre una erosión en forma de fuga de firmas financieras, pérdida de empleos y, por tanto, de auténtico poder, la libra se acabará resintiendo

Por el momento, preserva su condición de moneda de reserva internacional. Es la cuarta divisa en importancia del mundo -tras el dólar, el euro y el yen-. Según el Banco Internacional de Pagos (BIS), está presente en el 11,8% de las operaciones en divisas -dólar (87%), euro (33,4%) y yen (23%) están por delante- y según el Fondo Monetario Internacional (FMI), un 5% de las reservas mundiales están denominadas en libras. Sin embargo, estos registros se verán amenazados por una City menos fuerte y por el empuje de las divisas emergentes. 

"La libra ha sido un símbolo alternativamente de orgullo nacional y declive nacional", sentenció el periodista británico Philip Stephens para describir la errática trayectoria de la divisa británica en el siglo XX. En el siglo XXI, la libra sigue siendo motivo de orgullo para los británicos. Pero el Brexit abre una nueva era. Y amenaza con prolongar el declive iniciado por la libra hace ya un siglo. 

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