LOS BANCOS CENTRALES APRIETAN EL 'GATILLO'

¡A las trincheras! China amenaza con calentar más la guerra de las divisas en 2015

Con sus altibajos, lleva viva toda la crisis. Pero ha empezado el año con ganas de 'marcha'. Se han sumado más contendientes a la batalla y el mercado ya espera a uno más... ¡China!

No es una táctica nueva. Cada vez que una crisis asoma su figura, la tentación de adoptar medidas proteccionistas emerge y rescata una de las artimañas tradicionales: la de debiltar el valor de la moneda para estimular las exportaciones, que serán así más baratas en el exterior. Esta estrategia recibe el nombre de depreciación o devaluación competitiva.

La crisis desatada en 2007 no ha sido una excepción. Ninguna nación, sobre todo en los momentos más tensos, ha querido una divisa fuerte. Eso sí, esta vez ha habido una novedad. ¿Cuál? El nombre. En 2010, el ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega, aseguró que el mundo estaba librando una guerra de las divisas, término que acuñó para denunciar las políticas que estaban ejecutando países como Estados Unidos. Esa expresión cobró fama y ha sido utilizada desde entonces para definir un proceso... que en 2015 está más vivo que nunca, porque a las ganas de tener una divisa más débil para exportar más se suma un segundo deseo: que una moneda más barata sea una herramienta que fabrique inflación y erradique la deflación. 

Como está ocurriendo a lo largo de esta crisis, la munición la están poniendo los bancos centrales. Unos, bajando los tipos de interés hasta mínimos históricos... e incluso situándolos por debajo del 0%; otros, imprimiendo más divisas a través de políticas de expansión cuantitativa (QE); y no faltan quienes están disparando ambos proyectiles e incluso alguno más -en el vídeo que encabeza esta noticia encontrará todas las claves-. 

Vestíbulo del Banco Central Europeo en Fráncfort (EFE/Christoph Schmidt)
Vestíbulo del Banco Central Europeo en Fráncfort (EFE/Christoph Schmidt)

 

En estos momentos, los países que fueron más activos en un primer momento, como EEUU o Reino Unido han dado un paso atrás. No es que se hayan batido en retirada, puesto que mantienen los tipos en mínimos históricos -entre el 0 y el 0,25% en EEUU y en el 0,5% en Reino Unido- y sus balances continúan inflados tras sus respectivos QE, pero han pasado a la retaguardia. 

Otro de los contendientes más madrugadores, Suiza, ya ha demostrado en 2015 lo que puede ocurrir en el universo financiero cuando alguien agita el asunto cambiario. En su caso, adoptó un papel activo en la guerra de las divisas a partir de 2011, cuando impuso un cambio máximo para el franco suizo contra el euro y vinculó desde entonces la marcha de la divisa helvética a la de la moneda europea. Pero en enero, y por sorpresa, levantó ese tope y provocó un auténtico temblor en los mercados.  

El turno de la Eurozona...

Mientras unos países permanecen a la expectativa, otros han dado un paso al frente. Es el caso de la Eurozona. En enero, el Banco Central Europeo (BCE) lanzó su programa de expansión cuantitativa. Como eso supondrá crear más euros, el precio de cada uno de esos euros será menor. De hecho, eso mismo es lo que ya ha ocurrido, puesto que el mercado esperaba la maniobra y el euro, que en mayo rozó incluso los 1,40 dólares, se cambia ahora a 1,13 dólares, su mínimo desde 2003. Y con el BCE -ayudado por los bancos centrales nacionales de la región- dispuesto a meter más de 1 billón de euros nuevos en la economía europea, hay pronósticos que ya contemplan la paridad entre el euro y el dólar -1 euros, 1 dólar-. 

Suecia, Canadá o la Eurozona ya han disparado este año... y sus divisas son las más que más se están debilitando en 2015

Pero no es el único caso. Suecia también ha demostrado que no dudará en descargar su munición monetaria contra las presiones deflacionistas. Y en febrero ha situado los tipos de referencia en negativo y ha lanzado su propio QE para que la divisa le ayude en esa misiónCanadá rebajó los tipos por sorpresa en enero del 1 al 0,75%; Australia siguió sus pasos en febrero para reducirlos del 2,5 al mínimo histórico del 2,25%; y la lista crece con países como Rumanía o Turquía, que también han recortado los intereses en el arranque de 2015 con parte de su mente puesta en depreciar su moneda. 

Todos ellos están consiguiendo sus propósitos. Con casi dos meses consumidos, la corona sueca es la más débil entre las principales divisas del mundo; a continuación figura el dólar canadiense; y muy cerca andan el euro -que arrastra consigo a una corona danesa que insiste en seguir ligada a la moneda única- y el dólar australiano. 

...a la espera de Pekín

Semejante oleada no deja indiferente. Y ya está poniendo a prueba la paciencia de algunos de los países que se sienten damnificados, que para eso se trata de un conflicto. El mercado, de hecho, se está preparando para la que puede ser la gran descarga cambiaria de 2015: la que ejecute China.  

La clave de esta expectativa reside en la política de Pekín con respecto a su divisa, el yuan o renminbi. Aunque el país asiático dio un paso histórico en julio de 2005, cuando acabó con el cambio fijo de 8,277-8,28 dólares que había mantenido para su divisa durante una década, no le concedió una libertad absoluta. La mantuvo vinculada al dólar estadounidense y desde entonces ha seguido conduciendo su evolución -una estrategia conocida como flotación sucia-, apreciándola cuando convenía y depreciándola cuando no. 

Una empleada cuenta yuanes chinos en una oficina de correos. (EFE/David Chang)
Una empleada cuenta yuanes chinos en una oficina de correos. (EFE/David Chang)

Hasta el año pasado, este sistema pareció encajar con las presiones de Pekín. Pero desde mediados de 2014, el asunto ha cambiado. Como el yuan sigue vinculado al dólar y el billete verde se ha desatado desde entonces y ha recuperado la versión del dólar fuerte, China se ha encontrado con que, sí, su moneda no se aprecia contra el dólar, pero en la medida en que el dólar sube contra el resto, el yuan también lo hace. Y las consecuencias se acumulan: el yuan está en zona de máximos desde los años contra el dólar canadiense o el yen japonés; desde 2001 contra el euro -un yuan compra 0,14 euros-; o desde 2009 contra la corona danesa. Pero no solo se fortalece contra las divisas desarrolladas. También lo hace contra las principales emergentes, puesto que también camina en terreno de máximos históricos contra el rublo ruso o de 2002 contra el real brasileño. 

Esta secuencia cada vez incomoda más a las autoridades chinas. Por el momento, se han conformado con frenar la revaluación del yuan contra el dólar. Pero puede que con eso no les baste. El mercado ya especula con la posibilidad de que o bien ejecuten medidas más directas para debiltar su moneda o bien rompan su vinculación exclusiva con el dólar para ligarla a una cesta mayor de monedas.

Y claro, que un contendiente como China adopte un papel tan activo con su divisa, cuando durante años ha sido acusado desde Occidente de manipularla para mantenerla artificialmente baja y cuando ha recibido presiones para que la revaluara, puede calentar aún más la alta temperatura con la que la guerra de las divisas ha comenzado el año. Suiza lanzó un aviso de lo más serio en enero, con lo que China ya no cogerá al mercado tan desprevenido. Pero su resonancia será mayor. 

Economía

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