Carlos, un prodigio en tenis y matemáticas que estudia física cuántica cuando se aburre
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FICHADO POR LA IVY LEAGUE

Carlos, un prodigio en tenis y matemáticas que estudia física cuántica cuando se aburre

Este joven almeriense cumplirá los 17 años en Dartmouth, una de las universidades más elitistas de Estados Unidos. Es el primer tenista español en conseguirlo desde 1997

placeholder Foto: Carlos Guerrero firma su admisión por Dartmouth. (Fotografía cedida)
Carlos Guerrero firma su admisión por Dartmouth. (Fotografía cedida)

Mientras sus compañeros del circuito de tenis júnior se dedicaban a descansar y compaginar su educación con los exigentes entrenamientos, Carlos Guerrero aprovechaba sus ratos libres para estudiar un par de cursos 'online' de mecánica cuántica para ingenieros de la Universidad de Stanford. Tenía 13 años. “Siempre he sido muy inquieto”, explica. Este almeriense afincado en Torrevieja se ha convertido en el primer tenista español de las últimas dos décadas en conseguir jugar en la elitista Ivy League (conferencia deportiva de la NCCA), la liga que agrupa las mejores universidades de Estados Unidos. Guerrero cruzará el charco a finales de agosto (poco antes de cumplir 17 años) para centrarse en sus estudios universitarios al mismo tiempo que continúa sus entrenamientos y compite con su nuevo equipo.

placeholder Carlos Guerrero se incorporará al equipo de tenis. (Fotografía cedida)
Carlos Guerrero se incorporará al equipo de tenis. (Fotografía cedida)

Guerrero fue admitido en la Universidad de Dartmouth College, una de las ocho históricas instituciones que conforman la Ivy League. Allí estudiará una doble carrera en Computer Science y Matemáticas. ¿Cómo llega un chaval con 16 años a la élite universitaria de Norteamérica? Todo comenzó cuando Carlos estudiaba en Primaria. “En segundo, me hicieron un test de coeficiente intelectual y, no sé exactamente cuánto di, ya que mi madre ni lo recuerda, pero fue muy alto”, afirma con cierta timidez en conversación con El Confidencial. En consenso con su familia y su colegio, se decidió que lo mejor era adelantarle un curso.

Pero su perfil como estudiante estrella no era la única sorpresa que ocultaba. El tenis llamó a su puerta gracias a su hermana, la jugadora profesional Eva Guerrero: “A mi padre le gustaban mucho los deportes, pero el tenis no era algo especial en casa. Apuntaron a mi hermana a un colegio que tenía tenis como actividad extraescolar y se apuntó. Y, claro, se le dio bien. Crecí viéndola jugar, no era ver jugar a un cualquiera, era una gozada. Entonces me puse a seguir sus pasos”. Poco a poco, Carlos se consolidó como uno de los mejores españoles de su generación. Subcampeón del Conde Godó sub14, campeón de un Tennis Europe de grado 1 y 2 o un 'ranking' 278 del ITF júnior son solo algunos de sus logros.

“Con 14 o 15 años, ya te planteas qué vas a hacer. Tuve buenos resultados en tenis y hubo un par de universidades americanas que me contactaron. Me dijeron que tenía un buen perfil deportivo, preguntándome por el lado académico. A mí la idea me seducía tanto por poder continuar jugando como por poder formarme en estudios universitarios de prestigio”, narra Carlos. En busca de asesoramiento sobre el proceso, Guerrero y su familia contactaron con AGM Education, agencia especializada en el tránsito de estudiantes españoles a universidades americanas, así como en becas deportivas. El tenista Gonzalo Corrales, fundador junto a su hermano Álvaro de la compañía, se dio cuenta rápido del “caso extraordinario” que tenían entre manos.

“Las universidades de la Ivy League son especiales. Hablé con Cornell, por ejemplo, pero la compensación financiera [beca] no nos convenció. Cuando tenía conversaciones con Harvard, Columbia o Yale, empezó el tema del covid-19. Entre mi edad y que era un estudiante extranjero, se complicó todo… La pandemia vino mal, claro”, explica Guerrero sobre sus primeros coqueteos con las universidades americanas: “Ya entonces llegó la oportunidad con Dartmouth. Ha sido perfecto. No es solo que sea una universidad de gran prestigio, es que me ofrecían jugar en el equipo de tenis y buena compensación económica”. A diferencia de otras universidades americanas, los ocho miembros de la Ivy League no conceden becas por méritos deportivos, solo por situaciones financieras, pero exigiendo expedientes académicos por encima de la media. “Son elitistas precisamente por eso, porque tienes que tener muy buen perfil deportivo, pero también ser muy bueno en los estudios”, remarca Guerrero, que cumplirá los 17 años el próximo 16 de septiembre, ya viviendo en el estado de New Hampshire.

Foto: Imagen: Sergio Beleña.

Gran culpa de la decisión de Guerrero de recalar en Dartmouth la tiene su nuevo entrenador, Alexander Centenari, responsable de la sección de tenis de la universidad. “Desde el primer momento, me di cuenta de que es una figura que me ayudará a desarrollar mi tenis. Además, ha sido muy útil como intermediario con la universidad, en todo el proceso de admisiones, papeleos, el tema del visado…”, narra el joven. Para ver a otro tenista español en la Ivy League hay que remontarse hasta los 90, cuando José Machuca Janini defendió la camiseta de la universidad de Columbia.

Durante los próximos cinco años, Carlos se centrará en un plan de estudios que incluye dos carreras. “Voy a estudiar… A ver, lo voy a intentar [matiza con modestia], una doble carrera en Computer Science y Matemáticas. Tuve dudas, porque me gustaba bastante la física, pero me gusta mucho programar. Son dos carreras que combinadas dan muchas salidas y que se complementan”. No miente el tenista cuando habla de su afición por la programación, admitiendo que “me han publicado algunos parches para el 'kernel' de Linux”.

Pero, qué sobresale más en Carlos, ¿su talento para el deporte o su desarrollo intelectual? “Me veo más como promesa académica, si soy sincero, pero me gustaría más ser jugador de tenis, que es mi verdadera pasión. Siempre ha sido mi sueño ser profesional. La idea es intentarlo con 21 años, justo cuando acabe mi formación. Así podré dedicarme e intentarlo al 100%, pero sabiendo que tengo las espaldas cubiertas”.

placeholder Carlos Guerrero, en pleno partido de tenis. (Fotografía cedida)
Carlos Guerrero, en pleno partido de tenis. (Fotografía cedida)

No será la primera vez que Guerrero —o Warrior, como a veces se refieren a él sus amigos— se establezca fuera de España, ya vivió un año en República Dominicana, en 2009, y otro en Italia, en 2010. Pero sí la primera vez que lo hará sin sus padres: “Da vértigo, por supuesto. Me siento con ganas de empezar esta nueva etapa, de aprender tanto en el tenis como en la vida. Mis padres lo llevan regular, un poquito peor mi padre, que recuerda cómo mi hermana se marchó muy joven de casa por su carrera como tenista profesional. Pero me apoyan en todo”.

Gonzalo Corrales vivió en sus propias carnes la experiencia de ser una estrella como tenista júnior, pero luego no conseguir consolidarse en la élite profesional. El declive como deportista le pilló con 18 años, desenganchado de los estudios y con una perspectiva complicada sobre su futuro. “Llegar a triunfar en el deporte es complicadísimo, influyen mil factores. Yo mismo dejé de estudiar con 16 años porque no podía compaginarlo con el tenis, luego me quedé muy cerca de dedicarme al tenis, pero ¿qué tenía entonces? La gran mayoría de jóvenes deportistas no van a llegar a vivir de su talento, hay que inculcarles que tienen que aprovechar al máximo el deporte para cualquier tipo de oportunidad que te pueda dar. El modelo norteamericano es el mejor para combinar deporte y estudios”. Él probó suerte en el deporte universitario de EEUU, algo que le cambió la vida: “Fui el primer español en ganar la NCAA”.

Foto: Jon Rahm estudió y jugó al golf en la Universidad de Arizona State. (EFE)

“Hemos llevado cerca de 2.300 deportistas a Estados Unidos, y este año se irán otros 300. Pero el caso de la Ivy League es diferente. Son universidades que admiten a un 4% o 5% de 2.000 aplicaciones. Para mí, ver a Carlos, que encima viene del mundo del tenis, que es mi deporte, en Dartmouth es un orgullo personal. Estoy feliz de haberle podido ayudar”, resume Corrales.

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