tiene que pensar en el ritmo y en el físico

El plan de Nadal es un calendario como el de siempre pero también ir día a día

El jugador empezará su temporada en Brisbane saltándose así la exhibición de Abu Dabi. No se ve descartando tantos torneos como Roger Federer la temporada pasada

Foto: Nadal, en su último partido del año. (Reuters)
Nadal, en su último partido del año. (Reuters)

Este año no esperan a Rafael Nadal en Abu Dabi. Era su destino habitual para pasar el cambio de año, pero esta temporada ha decidido suprimir esta pachanga tan lucrativa y empezar un poco más tarde su calendario. De hecho, también ha decidido renunciar al torneo de Brisbane, que ya jugó el año pasado por primera vez. Y no le fue mal, pues al fin y al cabo unas semanas después se encontraba en la central de Melbourne disputando la final del Open de Australia.

Nadal cuajó en 2017 uno de los mejores años de su carrera, y eso es mucho decir cuando se habla de uno de los tenistas más grandes de siempre. Su temporada fue sensacional, añadiendo a su historial dos torneos de grand slam -Roland Garros y Estados Unidos-, dos máster 1.000 -Madrid y Montecarlo- y el premio final de ser número 1 de la temporada y mejor tenista del circuito tanto para la ATP como para la ITF. Un año sensacional en el que disputó 78 partidos y, por una vez, le respetaron las lesiones salvo ya en el último tramo del calendario.

Nadal cumplirá 32 años esta temporada y cada decisión que toma es una hipoteca de cara al futuro. Desde hace años su físico es quebradizo, siempre ha tenido problemas con las lesiones, por lo que el equilibrio de esfuerzos es importante. La ecuación no es sencilla, porque para coger ritmo hay que jugar, pero jugando se puede romper. Como cualquier otro tenista, es cierto, pero con la salvedad de que, en su caso, su historial y los problemas en las rodillas le invitan a tomarse el deporte con cierta cautela.

Roger Federer enseñó el camino la pasada temporada, aunque las circunstancias del suizo son algo diferentes a las de Nadal. Decidió que este año recortaría al máximo su temporada, se comió el calendario entero de tierra batida y le fue suficiente para salir del año con dos torneos más de grand slam, Australia y Wimbledon en su caso. Unos meses antes la única especulación posible alrededor del mito no era si ganaría tales o cuales torneos sino en qué fecha anunciaría su retirada.

Lo que ha hecho Federer contrasta con el pasado reciente del tenis mundial, su manera de afrontar la temporada ha sido radicalmente diferente a lo que el resto se plantean, nadie en los últimos años había pensado en la posibilidad de ir solo a los torneos que mejor se amoldan a su juego. Aunque suene a algo obvio es algo que, simplemente, no se hace.

Nadal, en sus recientes vacaciones. (Reuters)
Nadal, en sus recientes vacaciones. (Reuters)

Nadal no lo ve claro

Nadal, en todo caso, no lo termina de ver claro. "¿Que se puede jugar menos? Sí. ¿Que es lógico? No. ¿Que a Federer le ha funcionado increíblemente bien? Sí. ¿Que no era lo lógico? No. La manera de resolver la temporada ha sido buena, porque para él ha sido lo correcto, pero lo lógico es que no lo hubiera sido", explicaba esta semana en una entrevista con 'As'. Vamos, que no lo termina de ver.

Es cierto que lo de Federer es una historia de éxito pero es difícil saber si le serviría a cualquiera. El suizo no ha perdido dos partidos seguidos en todo el año, por lo que las dinámicas de juego se han mantenido más o menos estables, sin sobresaltos. Tener la posibilidad de pasar la primavera descansando, evitando con ello los torneos de tierra en los que es más débil, es algo que él puede permitirse pero Nadal, el mejor jugador de siempre en ese campo, no. "No lo atribuyo a suerte, porque estuvo a un nivel fantástico, pero es tentarla más de la cuenta", desarrolla el deportista español.

Esta temporada, por cierto, será la primera en la que la confección del planillo del año no ha tenido nada que ver Toni Nadal. Su tío ahora solo se dedicará a la academia de Rafa en Mallorca. Siempre será un consejero, nunca le rechazará una llamada, pero ya no forma parte del equipo. Ahora los mandos los tiene Carlos Moya, que ya la temporada pasada se empotró en el entorno de Rafa. Su maestría y consejo fueron claves para explicar algunas mejoras de Nadal, como su buena estadística en el segundo servicio. Es un perfil casi perfecto para el número 1, pues además de su sapiencia del deporte, no en vano él también fue un gran jugador, cuenta con el cariño y la confianza del deportista, algo que para el tenista, acostumbrado a trabajar con alguien tan cercano como su tío, es de capital importancia.

"Mi calendario en 2017 fue el correcto, solo jugando prácticamente lo obligatorio, salvo algún torneo escogido como preparación. Mi idea para 2018 es similar, y en algún momento dado, poder dejar algo más. Mi idea es dejar algo más, pero dependerá de los resultados", explica con Nadal. Y similar significaba empezar en Brisbane, seguir por Australia; después, en marzo, encadenar tres torneos de dura, Acapulco y los masters de Indian Wells y Miami. De ahí se va a la temporada de tierra que será, una vez más la más fatigosa para el manacorí. Ahora ya no, el primer torneo de la gira oceánica ha dejado de estar en los planes.

Encadenará Montecarlo, Barcelona, Roma, Madrid y Roland Garros, el granero habitual de resultados de Rafa, y de ahí, a la temporada de hierba, con Queens como modo de aclimatarse antes de disputar Wimbledon. A partir de ahí todo está sujeto a cambios, porque dependerá también de lo que haya logrado Nadal y el estado físico en el que se encuentre para elegir unas y otras opciones. En principio esta temporada renuncia de antemano a Rotterdam y Basilea, que el pasado año estaban en su cabeza pero terminó por no disputarlos. No descarta saltarse algo más, quizá algun Master 1.000 posterior a Wimbledon (Cincinnati, Canadá, Shangái o París).

Los planes se hacen para después desbaratarlos. Nadal tiene claro que su día a día marcará el futuro. Hoy dice que no se ve igualando a Federer en torneos de grand slam y que tampoco cree que vaya a ser profesional con 36 años, como su histórico rival. Lo piensa, también, porque nunca quiso ser un gran optimista. Día a día, poco a poco. El calendario, como su vida y su carrera, con mesura pero sin parar.

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