venció por 6-3, 6-7 y 6-3

Nadal sufre para derrotar a Cuevas pero ya está en cuartos de final en París

El jugador español, que confirmó en el encuentro anterior que será número 1 del mundo a final de año, tiene problemas físicos pero aún así es capaz de sacar adelante un nuevo partido

Foto: Rafa Nadal, en París. (Reuters)
Rafa Nadal, en París. (Reuters)

Hay un tipo de rival que a Nadal se le da especialmente bien. El lector puede pensar, con razón, que el tipo de rival que se el da bien a Nadal es cualquiera que juegue al tenis, y no le faltará razón. Pero por afinar más, que es de lo que se trata, en este caso hablamos de los tenistas que sueñan ser como él: terrícolas. Y no solo, como podría suponerse, en tierra batida, sino en todas y cada una de las superficies. Eso mismo le pasó a Pablo Cuevas, uruguayo, buen jugador y de arcilla, en la tercera ronda del torneo de París. Le puso muchos problemas, porque Rafa tampoco está brillante y se le ve con problemas de rodillas en esta fase del año, pero terminó perdiendo.

En realidad, es algo muy lógico. Nadal, que es el mejor jugador sobre tierra de todos los tiempos, es casi una figura aspiracional para todos ellos. Quieren parecerse a él, que es quien más lejos ha colocado las fronteras a las que se pueden llegar con ese estilo de juego. Todos los intentan, por supuesto, pero ninguno lo consigue. Esa es, precisamente, la gracia de ser el mejor, que el resto del mundo quiere emularte pero no lo logra. Si lo hiciesen, no serías el mejor.

El número 1 del mundo, que lo será probablemente -como mínimo- hasta el Abierto de Australia, camina con fuerza por la pista central del pabellón de París Bercy. No es, ni mucho menos, un lugar en el que se sienta cómodo. La superficie es dura y escupe la pelota a gran velocidad, es un terreno techado, de los que no le gustan a Nadal. Esto supondría, quizá supondrá en otras rondas, un grave problema, pues en el circuito hay grandes sacadores que bien son capaces de sacarle de la pista en condiciones de juego tan agresivas. En todo caso, Pablo Cuevas no es, nunca ha sido, uno de esos jugadores. No es que Nadal esté jugando especialmente bien en estos primeros partidos del torneo. Se le ve algo pesado de piernas, lo que es bastante normal si se tiene en cuenta el tute que e ha dado esta temporada. Nadal, además, está acostumbrado a llegar a final de año con muy poca gasolina en la reserva. Es una mezcla de factores los que llevan a eso. En parte es porque no se dosifica, nunca. También porque la preparación ya asume que los torneos que llegan en el otoño son los que, en principio, peor se le adaptan a sus cualidades como tenista.

Problemas físicos

Todo esto no quiere decir que Nadal no pueda ganar este torneo. Al fin y al cabo, hablamos de un privilegiado, uno de los mejores de todos los tiempos. Cuando él entra en la cancha suele ser favorito, porque el resto de jugadores no pueden competir en igualdad contra un tenista que tanto y tantas veces ha demostrado. Aunque esté algo fatigado, con ciertas ganas de que la temporada termine, con su número 1, sus dos torneos de Grand Slam, su maravilloso año.

Cuevas llegó al partido y pronto se encontró con un par de 'breaks' en contra. Quería dar ritmo a Nadal, desafiarle en puntos largos y esa fue siempre una de las marcas de la casa. Nadal abría ángulos, le buscaba las cosquilllas y, cuando ya le tenía desubicado en la pista, daba un paso adelante y cerraba el punto. Es la historia de su vida, el prodigio del hombre que siempre estaba dispuesto a devolver una pelota más. Poco importó que Cuevas se sacase de la manga uno de los puntos del torneo, una magnífica volea por debajo de las piernas. A otro jugador igual le hacía dudar, pero un campeón de 16 grandes no duda con esas cosas.

El uruguayo, extraña nacionalidad en el mundo del tenis, dio un poco más en el segundo set. Aunque Nadal rompió rápido, Cuevas se agarró a la pista, dio un poco más y le devolvió el 'break'. Su oportunidad de ganar a un coloso era esta y no quería desaprovecharla. Siguió, con su altura, sus ángulos, su ritmo, buscando ser Nadal sin ser Nadal y consiguió llevarle al 'tie breal' ese mundo en el que las más mínimas diferencias consiguen los más grandes resultados.Lo consiguió el uruguayo, ganar un set, en ocasiones, es una gran victoria. Nadal en ese momento ya había demostrado estar muy fallón, especialmente con su servicio, muy inconsistente durante toda la tarde.

Tenía a Nadal, además, algo dolorido de su rodilla izquierda. Tendón rotuliano, probablemente, pues lleva semana ya arrastrando molestias en la zona. No le impide correr con normalidad, pero algunos apoyos más agresivos le duelen. Antes del tercer set tuvo que llamar al médico y pedirle un vendaje. Muchos otros se hubiesen marchado del torneo, al fin y al cabo queda mucho y tampoco es el objetivo prioritario en la temporada. Pero Nadal no es de esos, siempre responde un poco más, así que se puso el mono de trabajo y empezó a hacer lo de siempre. Punto a punto, golpe a golpe... hasta la victoria final.

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