se impuso por 7-6, 6-2 y 6-2

Nadal tira de oficio para no sufrir en su primer partido en Nueva York

El número 1 del mundo sufrió para ganar el primer set, pero consiguió enderezarlo y terminó pasando por encima de Lajovic en el resto del encuentro. Aún tiene que coger sensaciones

Foto: Nadal celebra su victoria ante Lajovic. (Reuters)
Nadal celebra su victoria ante Lajovic. (Reuters)

Rafa Nadal arranca el partido algo mohíno, muy lejos de la línea de fondo en el servicio de Lajovic. No parece cómodo en su debut en la pista Arthur Ashe, cabecea de izquierda a derecha e incluso la suerte parece llevarle la contraria. Entrar en un torneo, más aún en un 'major' siempre es complicado. Hay que ir tomando sensaciones y poco a poco hacer crecer el juego. Suelen ser rondas de trámite, los rivales no dan para más. El brillo de los mejores quedará para más adelante. La victoria, al final, es clara: 7-6, 6-2 y 6-2

En el primer set Lajovic rompe. Nadal murmura, las piernas no le están corriendo como siempre. Está muy defensivo, demasiado para el asfalto. Puede perder el set, pues el serbio llega a tener servicio para llevarse el primer parcial. Pero hasta ahí, porque en realidad Nadal es grande entre los grandes, capaz de dominar un encuentro y, sobre todo, de controlar las emociones y forzar las de los rivales más inexpertos.

Nadal, hoy número 1 del mundo, es uno de los jugadores más estables de la historia del tenis. Es, de hecho, uno de los más grandes que jamás ha cogido una raqueta. En su larga carrera, más de 13 años entre la crema del circuito, ha vivido todas las situaciones posibles y eso es una carga de experiencia que la mayoría no pueden ni soñar. A Rafa siempre le sirvió el pasado, es un jugador de memoria de elefante, capaz de recordar hasta el mínimo golpe de cada uno de sus partidos.

En su carrera, por descontado, ha tenido muchos días malos, de piernas pesadas y golpes menos afilados. El ser humano es así, no siempre se levanta de la cama para cantar ópera. Una de las claves para ser grande de verdad es, precisamente, saber componerse en esos momentos en los que las herramientas naturales no salen con tanta facilidad. Nadal gana siempre cuando está pletórico y casi siempre cuando está en un nivel más mundano ¿por qué? Porque también hay que saber ganar.

5-4 y sirve Lajovic en el primer set. Nadal sabe que tiene solo esta oportunidad para no perder el set y que si le rompe es probable que se derrumbe automáticamente el serbio. Es importante este juego porque el Us Open es larguísimo, dura dos semanas con siete partidos -en el mejor de los casos- al mejor de cinco sets. Todos los minutos que se pasan sobre la pista luego se pueden echar de menos.

La pista cubierta

Por eso, el juego es a vida o muerte. Aunque sea en un partido que probablemente ganaría igual en cuatro sets, aunque sea contra un rival al que seguro dominará más tarde. Hay que evitar perder un set, hay que irse pronto a la ducha. Y ahí, en ese momento, es cuando aparece el mejor Rafa. Se pone pronto con tres bolas de rotura a favor, muerde el saque de su rival y se mete en la pista para dominar. Lajovic da un paso atrás y cede. Van al 'tie break' y ahí se impone el español, por jerarquía y juego.

Ha logrado el objetivo, sofocar la rebelión planteada por Lajovic en el inicio del partido. El serbio, que ya tiene una edad y está más allá del número 60 del mundo, tiene un juego bastante completo, un bonito revés. Puede dar la talla durante un rato y molestar a Nadal cuando el español no está aún del todo afinado. Pero esto también tiene límites, diques que terminan estallando y dejar fluir lo que es obvio, que en esta pelea había un jugador mejor que otro.

Los siguientes dos sets empiezan a parecerse más a Nadal. El día es frío en Nueva York, casi todos los partidos se suspenden por la presencia de la lluvia. No así el de Rafa, que goza del privilegio de debutar en la central del torneo. Qué menos en un hombre que ha ganado dos veces este torneo. Qué menos en todo un número 1 del mundo. Se pone el techo y a jugar. También a eso hay que adaptarse, hay un poco más de humedad, la pelota bota de manera diferente. Minucias para un jugador de barrio, cuestiones importantes para los profesionales, que son máquinas de precisión. Después diría que le sorprendió el ruido, que la pista, techada, tenía un ambiente que no recuerda en otros sitios. La Arthur Ashe es enorme, cuando se cubre, algo reciente, puede ser una jaula de grillos.

Una vez se ha pasado el susto el juego de Nadal empieza a fluir. Enfundado en su camiseta rosa chillón, encuentra por fin su derecha y mueve a Lajovic, a quien las piernas ya no acompañan como en ese momento en el que marchaba por delante. El marcador es un metrónomo psicológico, verse por delante de un coloso da alas del mismo modo que es fácil derrumbarse cuando se está cerca de ganar (aunque sea un parcial) y se pierde.

Empezó el paso militar de Nadal, más eficaz, metiendo los segundos saques y buscando entrar en la zona azul de la pista, presionar físicamente, no solo con la derecha y el revés. Es solo el primer partido, pero todos los encuentros de la vida de Rafa han sido una lección para él. De cara a las siguientes rondas tendrá que hablar con sus entrenadores para afinar algunos de los defectos que tuvo el partido y él mismo reconoció al final.

"No ha sido mi mejor partido, he cometido errores, hay cosas a mejorar pero he entrenado bien, intentaré estar positivo con lo que se ha hecho, el resultado es muy bueno", contaba después del encuentro en los micrófonos de Eurosport. También dijo haber entrenado bien estos días. Consiguió lo importante, ganar y no estar mucho tiempo en la pista. La mejor noticia es que hay mucho espacio para mejorar. Nadal, que es sabio, conoce cuál es el modo de hacerlo.

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