DEJA EL DEPORTE POR SUS PROBLEMAS DE RODILLAS

Se retira Na Li, la tenista que logró triunfar después de rebelarse ante el poder de China

Na Li ha decidido dejar el tenis. Con sólo 32 años, la asiática más exitosa de la historia se vio 'obligada' a dejarlo por culpa de sus continuos problemas físicos

Foto: Na Li posa con la bandera china tras conseguir la victoria en el Abierto de Australia.
Na Li posa con la bandera china tras conseguir la victoria en el Abierto de Australia.

Na Li ha decidido poner fin a su carrera deportiva. A sus 32 años, la tenista asiática más exitosa de la historia se ha visto 'obligada' a dejar el deporte en activo por culpa de las lesiones, después de ganar dos 'Grand Slam' y convertirse en un verdadero icono en su país. Pero pese a ser una de las jugadores más reconocidas del continente asiático y ser una referencia del deporte chino, su éxito llegó gracias a su constancia y a su fortaleza para enfrentarse al poder de su país, uno de los más restrictivos del mundo con respecto a la libertad del individuo, incluso para los deportistas.

Con 9 títulos en sus vitrinas, tuvo el honor de convertirse en la primera tenista asiática en llegar a la final de un Grand Slam y, posteriormente, en la primera en conseguir un título, tras lograr hacerse en 2011 con Roland Garros y en 2014 con el Open de Australia. Llamada a seguir peleando por engrosar su palmarés, sus continuos problemas de rodilla la han obligado a dejar el tenis. Desde hace algunos años, Na Li se veía obligada tras cada campeonato a viajar a Alemania, donde un recuperador le trataba las articulaciones. Pero el dolor llegó a puntos extremos, decidiendo que la retirada era la mejor opción.

Desde muy joven, Na Li estuvo ligada al deporte. Con sólo seis años, comenzó a jugar al bádminton, deporte que practicaba su padre de manera profesional, pero después de unos años, decidió dar el salto hacia el tenis. Uno de sus entrenadores, Xia Xiyao, convenció a los padres de la joven de que cambiara de deporte, pues sus condiciones eran las idóneas para triunfar al más alto nivel. Y, valorando sus logros en la WTA, lo cierto es que aquel técnico no se equivocaba lo más mínimo. Pero su camino para conseguir brillar en el tenis mundial no iba a ser nada sencillo.

Obligada a competir y entrenar bajo los cánones marcados por el gobierno chino, se unió al Equipo Nacional de Tenis de China en 1997, para convertirse en jugadora profesional sólo dos años más tarde. Pero las exigencias estaban por encima de lo que la jugadora estaba dispuesta a tolerar, una situación que explotó en 2001: su incipiente relación sentimental con un compañero de equipo -Jiang Shan, que se convertiría en su futuro marido-, no gustó lo más mínimo en China. Así, tras varias amenazas, el gobierno aprovechó su bronce en los Juegos Nacionales Chinos para castigarla.

Un golpe que la hizo cambiar su forma de pensar

Después de conseguir el bronce en aquellos campeonatos, en el podio iba a recibir su 'castigo' por su actitud. Jiang Xiuyun, jefe del equipo nacional de tenis, procedió a colocarle la medalla en el cuello y, tras ello, iba a soltar una bofetada a la jugadora. Extrañada y dolida, Na Li se llevó la mano a la mejilla. Pero los medios chinos pronto salieron al paso del citado vídeo: desde el 'gigante' asiático se aseguró que se trataba de un gesto familiar para animar a la tenista por no haber conseguido el resultado esperado, aunque para el resto del mundo significaba claramente lo que significaba.

Un año después, en 2002, anunciaba que dejaba el equipo nacional chino para empezar sus estudios universitarios de Periodismo, aunque no se trataba más que de una excusa para empezar a competir al más alto nivel sin el control tan estricto de su país. Tras dos años alejada de las pistas, en 2004 regresó con todas las ganas del mundo en busca de mejorar los resultados, consiguiendo convertirse en la primera mujer asiática en ganar un título de la WTA, tras hacerse con la victoria final en Guanzhou, lo que le permitió entrar por primera vez en el Top 100.

Ese mismo año decidía que había llegado el momento de dedicarse en cuerpo y alma al circuito de la WTA, pero sus primeros años no fueron demasiado positivos, pese a alcanzar alguna final y buenos resultados en Grand Slam, como los cuartos firmados en Wimbledon en 2006. Pero entonces decidió que había llegado el momento de cambiar: en 2008, tras enterarse de que China había ideado una reforma fiscal que provocaba que el 65% de sus ganancias fueran a parar a las arcas del Partido Comunista, además de imponerle su cuerpo técnico, Li Na inició su revolución.

Momento de comenzar a 'volar sola'

Pidió públicamente separarse del sistema deportivo chino, lo que le costó graves críticas por parte del Gobierno. Pero tras una dura negociación, consiguió pactar sólo ceder el 12% y poder decidir quién sería su entrenador, una excepción que se aplicó a las cuatro mejores tenistas del momento y denominada 'Fly Alone'. Aquel joven por el que se ganó el tortazo en 2001 y con el que se casó en 2006, Jiang Shan, pasó a ser su entrenador, y los resultados empezaron a llegar: el título en Gold Coast, tres semifinales y la cuarta plaza en los Juegos de Pekín le daban la razón a Na Li.

Los títulos comenzaron a llegar, y su mejora deportiva fue evidente, pero se vio obligada a tomar un cambio. Que su marido también fuese su entrenador empezó a afectar a su relación matrimonial: "No es fácil conciliar ser marido y entrenador. Nos gritábamos tanto que en China llegaron a decir que nos habíamos divorciado porque siempre nos veían chillando", aseguró, por lo que decidió cambiar de técnico. Primero el sueco Thomas Högstedt y después el danés Michael Mortensen fueron los elegidos, una enseñanzas que permitieron a la tenista china a convertirse en campeona de Roland Garros en 2011.

Su victoria le hizo recibir importantes reconocimientos en su país, que incluso la pudieron traer más de un problema. Su triunfo en la arcilla parisina dio lugar a que le ofrecieran un puesto de responsabilidad política en China, que la propia Na Li se encargó de rechazar. Sus reticencias con la burocracia de su país natal la habían traído más de un problema, lo que dio lugar a que ni se lo pensara. En el habitual tono de broma que la caracteriza, anunciaba su negativa de manera pública con humor: "Lo siento, no soy capaz de manejar a otros, sólo a mi marido Jiang Shan".

Último problema político y retirada de las pistas

Había llegado el momento de seguir mejorando, pero sus rodillas empezaron a fallar. Continuos problemas en sus articulaciones provocaban que, tras cada campeonato, se viera obligada a parar, viajando a Alemania para ser tratada de sus dolencias. Pese a ello, su juego continuaba siendo fluido, lo que le permitía levantar títulos en el circuito WTA. Decidió cambiar de nuevo de entrenador, contratando a Juan Carlos Rodríguez, con quien llegaría su último gran éxito: la victoria en el Open de Australia. Un nuevo triunfo en un Grand Slam que la iba a conllevar un nuevo problema político.

Su triunfo en el país 'aussie' iba a provocar que China decidiera premiar a la tenista con 130.000 dólares por su éxito. Na Li anunció que se negaba a recibir dinero de un sistema que la había provocado tantos problemas en su juventud, pero se vio 'obligada' a aceptarlos: las autoridades china acudieron al aeropuerto de Cantón, desde el que venía tras el triunfo, y la 'escoltó' hasta el de Wuhan, donde se ofició la entrega. Con cara inexpresiva y de pocos amigos, Na Li posaba con el premio. Había dejado claro queno quería tener nada que ver con el sistema político de su país.

Pero cuando su carrera se encontraba en el mejor momento, se ha visto obligada a dejar el deporte. Sus continuos problemas de rodilla han provocado su prematura retirada, pues los límites de dolor alcanzados la impedían realizar una vida normal. Después de enfrentarse a su país para conseguir su gran sueño deportivo, ha llegado el momento de dar un paso a un lado: "Seguiré ligada al tenis, pero mi prioridad será ser madre y cuidar de mi familia". La mejor tenista asiática de todos los tiempos ha puesto punto y final a su carrera, una mujer obligada a luchar contra el sistema para triunfar.

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