El ruido, la nueva moda que pretende instaurarse en un US Open sin Rafa Nadal
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Roger federer, ante su gran oportunidad

El ruido, la nueva moda que pretende instaurarse en un US Open sin Rafa Nadal

Este lunes arranca en Nueva York el último Grand Slam de la temporada con la gran ausencia de Nadal. Federer y Djokovic, los grandes favoritos a la victoria

placeholder Foto: Roger Federer saluda a la entregada grada neoyorquina de Flushing Meadows. (EFE)
Roger Federer saluda a la entregada grada neoyorquina de Flushing Meadows. (EFE)

Masters 1000 de Cincinnati. Partido de tercera ronda entre Andy Murray y John Isner. En pleno partido, el audio de una entrevista de la ESPN a Serena Williams retumbó por los altavoces situados en la pista. Casualmente, en su distendida charla, la menor de las Williams confesaba que Murray era su tenista favorito porque cuando actuaba como un niño pequeño se sentía identificada con él. Las palabras de la número uno del ranking WTA sacaron una sonrisa al propio Murray y a todos los allí presentes. Al margen de la victoria final del escocés, a través de la graciosa anécdota volvió a ponerse de manifiesto que en Estados Unidos el tenis se vive de una forma especial.

El ‘silencio, por favor’ espetado sin descanso por los jueces de silla rige el día a día de un deporte donde la concentración cuando la bola está en juego es una de sus máximas. Sin embargo, el US Open, el último Grande del año que arranca este lunes, simboliza la locura y el desenfreno. En Flushing Meadows, en pleno corazón del neoyorquino barrio de Queens, la gente hace ruido. Aunque se respetan los cánones establecidos, el tenis se vive de forma más espontánea, con más descaro e insolencia. Conceptos que chocan de bruces con la idiosincrasia de un deporte ligado al silencio, los modales y el mutismo. ¿Sentará la forma de entender el tenis en Nueva York un precedente que logre instaurar un cambio de tendencia?

En este sentido, una de las claves en el germinar de la algarabía y el alboroto, es el mejunje que abarrotan las gradas de las pistas del Billie Jean King National Tennis Center. A diferencia de otros torneos del circuito, en Nueva York se respira un ambiente alocado, algo desmedido. Una locura que alcanza su culmen en las sesiones nocturnas. “La noche es eléctrica y realmente ofrece la posibilidad de volverte loco”, reconoce el suizo Roger Federer. Para Bob Bryan, uno de los dos hermanos que gobiernan el dobles, no cree que el ruido perturbe su concentración. De hecho cree que los espectadores puedan hablar y se puedan mover libremente por la grada son algunos de los aspectos que enriquecerían el juego. Al menos, según reconoce al New York Times en un reportaje, atraería a más aficionados al dobles.

No cree lo mismo Tomas Berdych. El checo defiende el statu quo vigente y aboga por el silencio como elemento más representativo dentro del panorama tenístico. “Es imposible hacer ruido durante el partido. Este es un deporte donde realmente se necesita que el público esté callado”. Pese a la rotundidad de sus afirmaciones, otorga una concesión: si se quiere animar el cotarro, los 20 segundos de los que disponen actualmente los tenistas entre punto y punto deberían verse incrementados.

Por su parte, uno de los principales partidarios de establecer concesiones para destensar la cuerda y que los aficionados disfruten sin ataduras del tenis es Novak Djokovic. El serbio, hombre con cierta tendencia a la locura mientras está en la pista, lo tiene claro: “Cuando estoy viendo otros deportes veo, por ejemplo en la NBA, lo entretenido que es para el público ver pantallas gigantes y que siempre pase algo durante los tiempos muertos cuando no están jugando. Incluso durante el partido está permitido gritar, chillar, silbar, hacer lo que quieras”. Eso sí, por el contrario, a la hora de exportar las divertidas iniciativas de los organizadores del US Open para entretener a los fans, ‘Nole’ aboga por el respeto de las tradiciones. Y ya saben que la palabra tradición en tenis tiene una traducción inmediata: Wimbledon. “El US Open realiza un gran trabajo para entretener a la gente, pero la belleza del deporte está en los diferentes torneos que tienen su propia tradición y una historia que nutren y respetan. Wimbledon tiene una tradición que le define. Cuando piensas en Wimbledon te imaginas todo blanco, fresas con nata, la pista central, etc. El US Open es más entretenido, más show”.

Una selva plagada de sonidos, pasiones desatadas y un gran espectáculo en pleno centro del mundo. Un show del que no podrá formar parte Rafa Nadal. El español se pierde por lesión el octavo Grande de su carrera y asfixia sus opciones de acabar el curso con el número 1. El pasado 30 de junio, durante una sesión de entrenamiento en su refugio de Manacor, unas molestias en su muñeca derecha (desinserción de la vaina del cubital posterior, empleando los términos médicos) le obligaron a darse de baja de losMasters 1000 de Canadáy deCincinnati, dos de los tres grandes torneos previos al últimoGrande del año. Una cita que, como ocurriera en 2012, tendrá que ver por televisión. "Siento anunciar que no podré participar en elUS Open, torneo en el que en los últimos años he tenido muy buenos resultados. […] No me queda otra que aceptar que no puedo competir este año y como siempre trabajar para que cuando vuelva esté preparado de la mejor manera para competir". Aunque apuró hasta el último cartucho su cuerpo le pidió un respiro.

Además de lo deportivo y los puntos que se caen por el camino, el mejor deportista español de todos los tiempos se despide de una cita dotada de un embrujo especial. El pasado curso, fue en la ciudad que nunca duerme donde confirmó su nuevo regreso tras más de siete meses alejado de las pistas. En 2010, su victoria en la Arthur Ashe anteNovak Djokovicle permitió culminar su ‘Career Grand Slam’, uniéndose a la selecta nómina compuesta porBudge,Perry,Emerson,Laver,AgassiyFederer como los únicos siete tenistas en lograr alzar los cuatro Grandes al menos una vez.

Sí estará un Novak Djokovic quien, pese a su aire disperso en los últimos tiempos, parte como uno de los grandes favoritos para hacerse con la victoria. “Muchas cosas no están funcionando en pista dura durante estas semanas. Es una pena, pero es más que obvio que no estoy jugando ni siquiera cera del nivel que se espera. Tengo que seguir trabajando y tratar de mejorar de cara al US Open. En general, no me estoy sintiendo muy cómodo en la pista. Espero que eso venga con entrenamiento y tiempo”. En estos términos se expresóNovak Djokovictras caer en los octavos de final del Masters 1000 de Cincinnati ante Tommy Robredo. Segundo revés en una semana que se unía al cosechado en la misma ronda anteJo-Wilfiried Tsongaen Toronto. Y es que el brillo de un Federer que mantiene la línea contrasta con la dispersa coyuntura por la que atraviesa el actual líder del ranking. "Estuve un poco lento para volver al modo de competición. Fueron cinco o seis semanas únicas con el matrimonio y ganandoWimbledony volver al número 1 del mundo. No podía pedir más. Probablemente todos estos eventos y experiencias me consumieron y necesitaba tiempo. Desafortunadamente no pude jugar en mi mejor nivel en estos dos torneos grandes", ha reconocido en los momentos previos al inicio del torneo.

Una suerte de relajación que tiene su explicación fuera de la pista. Después de conseguir su segunda corona en la hierba de Wimbledon y verse otra vez en el pináculo del tenis mundial, Djokovic contraía matrimonio en un incomparable enclave de la costa de Montenegro conJelena Ristic, su novia de toda la vida. Al enlace le siguieron unos días de asueto en Ibiza y, para rematar la burbuja de alegría y júbilo, los recién casados informaban de que esperaban su primer retoño. Acontecimientos que marcan un antes y un después en su carrera. “Voy a disfrutarlo e intentar coger toda la energía que pueda. Una energía que trataré de poner en práctica en la pista”, reconocía en la tarde del sábado en el ‘media day’ previo al torneo.

Y es que su nuevo estatus condicionará su futuro más inmediato. “Sin duda, la vida cambia. Las prioridades cambian. Mi familia, mi mujer, mi furturo hijo... indudablemente el tenis no va a ocupar el primer lugar nunca más”, aclaró. En Cincinnati, el balcánico tenía la ocasión de convertirse en el primer tenista en la historia en que consigue los nueve Masters 1000 que figuran en el circuito. Pero ni por esas encontró la motivación y el nivel requerido para el Olimpo en el que se mueve."No subestimo ningún torneo.Por supuesto que quería hacerlo bien, pero no pude. Era consciente de mi necesidad de recargarme, reagruparme y ponerme en el camino correcto hacia el US Open. Es el último Grand Slam de la temporada. He pasado muchas horas en la pista intentando llevar mi juego al nivel que quiero".

Quien llega rebosante de confianza a este punto del curso es Roger Federer. A sus 33 años, el suizo encara la cita como su gran oportunidad para hacerse con un torneo del que se desapegó hace demasiado tiempo. Tras reinar durante un lustro (2004-2008) y ceder el testigo en la final de 2009 ante Juan Martín Del Potro, Federer ha perdido fuelle en territorio neoyorquino. “El año pasado estuve tratando de convencerme de que tenía una oportunidad. Siento que una vez has tenido éxito y sabes cómo ganar grandes torneos, el US Open o cualquier otra, claro, siempre puedes hacerlo otra vez”. Ahora, con la baja de Nadal, el dubitativo Djokovic y su título 80 en el circuito, el tenista de Basilea se perfila como el otro gran favorito del torneo. Por detrás de ellos, un reducido abanico de elegidos: Murray, Ferrer, Raonic, Dimitrov, Tsonga y Wawrinka.

En el cuadro femenino, nos topamos con la esbelta y fibrosa silueta de unaSerena Williamsque sigue perfilándose como la gran favorita para hacerse con la victoria ante sus compatriotas. Vencedora en cinco ediciones (1999, 2002, 2008, 2012 y 2013), la gran dominadora del tenis femenino en los últimos años no ha dado la talla en los tres Grandes del calendario, citas en las que se ha visto apartada del triunfo antes de cuartos de final. “Técnicamente tendré que estar perfecta. No he jugado demasiado este año”. Pese a sus prematuras eliminaciones en las grandes citas, la menor de las hermanas Williams ha cogido carrerilla desde su fiasco en Wimbledon. Ganó en Stanford y Cincinnati y se metió en las semifinales de Montreal. Indicios a tener encuenta a la hora de desechar un declive que en ningún caso está a la vuelta de la esquina. “No creo que mis grandes golpes estén llegando a su final”, reivindicaba Serena antes de estallar en una sonora carcajada.

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