quería ser el primero en ascender en invierno

Cómo rechazó el intratable Everest la histórica ascensión de Alex Txikon

Txikon tenía el reto de completar todos los ochomiles, pero la máxima del montañero dice que no tiene sentido llegar al alto de una montaña si luego no puedes bajar para contarlo

Foto: Txikon, en plena ascensión al Everest
Txikon, en plena ascensión al Everest
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La última frontera de los 'ochomilistas' tendrá que esperar. “El Everest en invierno y sin oxígeno da mucho respeto. No debemos cometer locuras que no podamos contar”, dice Alex Txikon. Él, que sabe que el buen montañero es el que vuelve y lo cuenta, decidió no continuar y abandonó el pasado martes el Campo 2 (C2).

¿El motivo? La meteorología. Unas previsiones imposibles con vientos fortísimos y nevadas que dificultaban el avance e incrementaban el riesgo de aludes. “Habría sido un verdadero suicidio continuar adelante”, explicó Txikon a través del teléfono satélite a los miembros de su equipo en España. “Como responsable de la expedición no debo poner en peligro la vida de mis compañeros y tampoco la mía”.

En declaraciones a El Confidencial, Vítor Baía, meteorólogo portugués que asesora con sus previsiones a muchas expediciones a ochomiles, nos confirma que la previsión que le trasmitió a Alex era de vientos superiores a 50 km/hora a partir de los 8.400 metros. “Ha tomado la decisión correcta, no tenía otra opción. Había riesgo de cambios muy bruscos”.

Ataque a cumbre con meteorología imprevisible

El pasado lunes 6 de marzo se inició el ataque definitivo a la cumbre por los dos grupos que conforman la expedición de Alex. El primero, formado por cuatro 'sherpas' (Gesman, Temba, Sanu y Pasana Nurbu), salió a las cinco de la madrugada, hora de Nepal, desde el Campo Base al C2. Seis horas más tarde lo hacía Alex con su compañero Nuri Sherpa.

Los cuatro 'sherpas' tuvieron que reequipar hasta tres tramos en la complicada Cascada de Hielo del Khumbu, la etapa más peligrosa de la ruta del Collado Sur a la cima del Everest. Las fuertes tormentas de los días anteriores habían desmantelado escaleras y cuerdas fijas. Los cuatro experimentados 'sherpas' emplearon 13 horas en llegar al C2, a 6.400 metros de altitud. Alex tardó seis horas. Los 'sherpas' habían hecho su trabajo. Todos pasaron la noche del lunes en el C2. Su intención era llegar el martes al C4, a 8.400 metros y el miércoles, 8 de marzo, salir hacia la cumbre del Everest.

Equipando la cascada de Khumbu

Un reto sobrehumano”, así denominó Alex a su aventura de conquistar el Everest en invierno, y sobrehumano ha sido el esfuerzo al que se han sometido él y su equipo de 'sherpas'. El pasado martes, confirmados los peores pronósticos, el reto concluyó. “Para mí ha sido más difícil la decisión de bajar al Campo Base que la de subir al C4”, explica Txikon.

El Everest ya había machacado a la expedición

Días antes del intento de cumbre, en la primera aproximación al C4, a 8.000 metros, sufrieron la violencia del primer embate. Ese día, a mediados de febrero, la montaña enseñó sus cartas. Las palabras de Alex nos trasladan a una situación de dureza extrema: “El viento no amainaba en ningún momento, llevo puesta toda la ropa de la que dispongo y aun así estoy helado. Sopla constante y con mucha fuerza, nos obliga a echarnos al suelo. Está siendo excesivamente difícil y comprometido".

Alex se encontraba a 7.800 metros atravesando el Espolón de los Ginebrinos; todavía no veía el C4. Pensó en llamar al Campo Base porque la predicción meteorológica no se estaba cumpliendo, pero hablar con el 'walkie' era quedarse sin dedos: estaban cerca de los 45 grados bajo cero y con vientos de 60 km por hora.

La cascada de Khumbu
La cascada de Khumbu

Al llegar al C4, en el Collado Sur y a 7.950 metros, tienen dificultades para mantenerse en pie. Entre los seis no pueden montar la tienda. Así lo rememora Alex: “Una de las varillas se había roto, voy a buscar repuestos en las tiendas de altitud que hay abandonadas en el C4. Encuentro a una persona fallecida en el interior de la primera en la que entro. Me sucede lo mismo con la siguiente. Es un sitio desolador".

Alex y los cinco 'sherpas' renunciaron a montar sus tiendas, dejaron el material a resguardo e iniciaron un descenso agónico. “Apenas podemos incorporarnos, lo damos por imposible. Pido un 'walkie' y tras un momento de confusión total me pasan uno. Hablo al fin con el Campo Base donde me confirman que el parte ha cambiado y que debemos salir de ahí. Son las 17.30. “O nos movemos, o nuestras vidas entrarán en otro escenario. Superamos las Bandas Amarrillas (barrera rocosa con unas franjas de color ocre que se equipa con unos 100 metros de cuerda). Son ocho los rapeles hasta el Campo 3, llegamos de noche y no puedo ni llorar del dolor que tengo”.

Esa noche la pasaron a 7.400 metros en condiciones precarias. Pero lo peor estaba por llegar: una avalancha les sobrepaso cuando bajaban hacia el C2.

“Nos levantamos a las 7 de la mañana e iniciamos el descenso al C2”, recuerda Alex. “Hago cuatro rapeles y miro hacia arriba. Veo al sherpa Chhepal que va a entrar en la vertical y a Norbu aún muy cerca del emplazamiento del C3. Estoy con las manoplas tratando de chapar (pasar el mosquetón por la cuerda) mi mosquetón de seguridad al siguiente fraccionamiento, el gatillo del mosquetón se ha quedado enganchado en el pulgar de la manopla...”.

"Voy cayendo cada vez más rápido, sé que voy en una avalancha y que si no he chapado el mosquetón voy a morir ", relata Alex Txikon

En ese momento de incertidumbre algo le golpeó y se abrieron las puertas del infierno. “No veía nada”, dice. Su preocupación era que el mosquetón de seguridad estuviese pasado por la cuerda fija. “Voy cayendo cada vez más rápido, sé que voy en una avalancha y que si no he chapado el mosquetón voy a morir y que si va chapado me detendré después de un mínimo de 100 metros. Voy cayendo a gran velocidad, un tornillo (un seguro en la pared de hilo) frena la caída y me detengo en seco. No puedo respirar. Me agobio, solo siento un hilo de aire", relata.

“Estamos de vuelta a la vida”

Alex y sus compañeros 'sherpas', magullados y agotados, salvaron la vida. Uno de ellos, Chhepal, fue evacuado a Katmandú con una brecha en la cabeza. Ese día la suerte quedó echada. El Everest había ganado la batalla. Es muy probable que, pese a no rendirse, todos lo presintieran.

La lucha contra la extrema dureza de la montaña, en este intento de ascensión invernal, devuelve al Everest, 'la frente del cielo', su prestigio en el imaginario de miles de alpinistas, quizá mancillado por la masificación comercial. Oyendo a Alex y leyendo sus notas de la ascensión hemos retrocedido a los tiempos heroicos del montañismo, y por ello no podemos dejar de recordar las cartas de Mallory a su mujer en las que se reconocía prisionero de la fuerza de atracción que el Everest ejercía sobre él: “No tengo palabras para describir cómo me posee”. O a su amigo de escaladas: “¿En qué momento voy a parar?”.

Alex sabe que el mejor montañero es el que hace bien su trabajo y vuelve para contarlo y nosotros le agradecemos que sea así.

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