LOS DEPORTISTAS COMIENZAN A CONFESAR ABUSOS

"El caso de Peñalver no es aislado: yo conozco a cinco compañeras abusadas"

El mundo del deporte de alto nivel es muy cerrado. Tanto, que el acoso sexual a menudo se silencia por vergüenza, para no perder el trabajo acumulado y no decepcionar a la familia

Foto: Antonio Peñalver compitiendo en salto de altura.
Antonio Peñalver compitiendo en salto de altura.

Una mañana de febrero, mientras escalaba el monte Montseny, Marc Seuma se puso la radio para amenizar el esfuerzo. Escuchó el caso de un hombre que denunciaba acosos sexuales durante su niñez en los Maristas y, como si de una revelación se tratase, se dio cuenta de que su historia coincidía en muchos aspectos con la suya. "Lo había olvidado por completo y de repente todo regresó a mi cabeza", dice Seuma.

A los 38, casado y con hijos, decidió que había llegado el momento de contar la verdad. "Fue a principios de los 90. Yo jugaba en las categorías inferiores del Basket Granollers. Con el tiempo mi entrenador se fue haciendo muy amigo de mi familia, en especial de mi padre, e incluso pasaba las fiestas y las navidades en mi casa", relata Seuma, que actualmente trabaja en una gestoría. "Me traía todos los días en coche a casa, hasta que un día paró y abusó sexualmente de mí. Yo tenía 12 años y no supe reaccionar, no le dije nada a nadie. Y las situaciones se repitieron durante los dos años y medio siguientes, no puedo ni contar las veces que abusó de mí, pero seguro que más de cincuenta".

Marc se lo contó a su mujer y a dos psicólogos que coincidieron en el consejo: denunciarlo. Un mes después, el 15 de marzo, se presentó ante los Mossos d'Esquadra con tan mala suerte que su caso había prescrito un mes antes. En España los delitos sexuales de la infancia prescriben veinte años después de que la víctima cumpla la mayoría de edad. Tras destapar su caso surgieron otros cuatro, compañeros de promoción de Seumas en el Granollers, y el de otro hombre que había pasado por el equipo diez años después. "No conseguiremos que se le juzgue por mis agresiones, pero al menos sí que le saquen del Basket Granollers, donde seguía trabajando con niños", apunta el catalán.

Los delitos sexuales contra menores prescriben a los 20 años de que la víctima sea mayor de edad, pero el trauma se queda para siempreEl hecho fue tan traumático que Seuma lo eliminó de su mente. Se trata de un mecanismo de protección de nuestro cerebro para evitarse lidiar con sentimientos dolorosos. "A los 17 años, dos después de las agresiones, no me acordaba de nada, lo tenía en lo más recóndito del cerebro". Sin embargo, su insconciente sí estaba al tanto: "En la adolescencia pasé de ser un alumno excelente a repetir cuatro cursos y nunca obtener una carrera universitaria. También dejé el baloncesto, lo aborrecí, y eso que había sido el centro de mi vida hasta entonces. Y, desde entonces, no he sido capaz de abrazar o besar a mis padres. Ellos no tienen culpa de nada, es simplemente un efecto secundario de aquello", confiesa a El Confidencial. Su trauma no prescribe.

Los casos de abusos sexuales a menores en el ámbito del deporte acaban de estallar en España, a raíz del relato del medallista olímpico Antonio Peñalver, pero no son extraños en los países de nuestro entorno. En Inglaterra, la policía considera que 429 personas, de entre 4 y 20 años, sufrieron abusos sexuales solo en las categorías inferiores del fútbol. En Holanda dos ciclistas acaban de denunciar abusos sexuales continuados cuando eran menores de edad. En Estados Unidos, una investigación desarrollada por el periódico Indianapolis Star descubrió que, en los últimos años, 368 niñas que soñaban con ser gimnastas fueron forzadas por sus entrenadores.

Viseras en una imagen reciente
Viseras en una imagen reciente

"Aquí solo han salido dos casos, pero no están aislados. Van a salir muchos más; yo conozco a otras cinco chicas en mi situación que aún no han denunciado". La que habla es Gloria Viseras, ex gimnasta olímpica que denunció a su entrenador por abusar de ella desde los 12 hasta los 15 años. "¿Que por qué no dije nada? Porque pasaba todo el día con él, para mí era un dios. Preparó el terreno perfectamente, aislándome, haciéndome sentir especial, única, y trabajándose una buena relación con mis padres. Cuando yo ponía algún reparo iba a comer con ellos y les decía que yo iba a ser una campeona, pero que tenía que hacerle caso en todo", explica.

Algunas de sus compañeras fueron testigos, pero callaron treinta años, como Gloria. Hace tres años, con 51 años y tres hijos, puso una denuncia y acudió a los medios para ayudar a las niñas que se encuentren en su misma situación. Una vez más, el delito había prescrito. Además, la gimnasta asegura que no ha cesado de recibir amenazas desde que hizo pública la situación: "Todos los días hay alguien que me llama loca, que me dice que me va a matar por inventarme cosas. Menos mal que me ha pasado a esta edad, si me llega esta avalancha en su momento, con 12 ó 15 años, no hubiera podido sorportarlo" lamenta.

Denunciar perjudica a la víctima

Denunciar abusos sexuales en la infancia es una práctica de riesgo. Las víctimas, cuando se atreven a denunciar, lo hacen en un plazo superior a los veinte años desde que transcurrieron los hechos, cuando es prácticamente imposible demostrarlo ante un juez. Normalmente es la palabra de uno contra la del otro, eso si el delito no ha prescrito. "El abuso se sustenta en la vergüenza y la culpa, y en torno a estos sentimientos se edifica un muro de silencio", explica Pilar Polo, psicóloga y activista en la fundación contra el abuso infantil Vicky Bernadet. "Muchas veces los padres son los que peor reaccionan. A menudo se niegan a creer la versión de sus hijos como mecanismo de defensa social: es más fácil pensar que tu hijo miente que admitir que su entrenador te ha tenido engañado durante décadas". ¿Por qué se denuncia entonces? "Como forma de salir adelante, de marcar un punto de inflexión en sus vidas. A la fundación llegan muchas mujeres embarazadas que se han dado cuenta de que no quieren ese futuro para sus hijos y quieren denunciarlo, aunque solo sea por dar visibilidad", dice Vidal.

Cuando te atreves a denunciarlo crees que la gente se va a volcar cuando les confieses tu abuso, pero no siempre es así

"Sientes culpa, sientes vergüenza, sientes miedo a que no te crean y, también, te sientes sucia solo recordándolo. Y cuando te atreves a denunciarlo crees que la gente se va a volcar cuando les confieses tu abuso, pero no siempre es así. El abuso de menores es un asunto muy espinoso del que nadie quiere ocuparse. A mí mucha gente me aconsejó olvidarlo, dejarlo estar. Es muy importante dar con las personas que no solo puedan ayudarte, sino que te escuchen”, afirma Alexandra Membrive, activista contra el abuso de menores y víctima de violaciones en su infancia.

“La sociedad no sabe escuchar a un niño cuando pide ayuda. Ellos no se expresan como los adultos, normalmente no saben ni pueden verbalizarlo. A veces, cuando un niño empieza a tartamudear o pierde el sueño, está mandándonos un mensaje que no captamos. Muchas veces un “no quiero ir a casa los tíos, no me gusta estar allí” esconde una historia mucho más preocupante”, explica Membrive. "Tenemos que evolucionar para que los abusos se denuncien en un plazo corto, máximo de una semana. Hay que realizar prevención en los colegios, que los niños sepan a dónde acudir en cuanto alguien les toque”.

Sin bibliografía ni definiciones

Montserrat Martín, socióloga de la Universidad de Vic, es la autora del único estudio de abusos sexuales a menores en el mundo del deporte español, y solo se circunscribe al caso catalán. Sostiene, como otras fuentes consultadas, que el acoso en el deporte es una tipología especial. "En el deporte de base nos encontramos con pederastas más al uso, pero en el deporte de élite no hay patrones definidos. En la élite los abusos suelen estar relacionados con el poder absoluto que un entrenador tiene sobre la carrera de los niños. Romper con él implica también hacerlo con tu futuro y con tu entorno, que espera verte convertido en un campeón", dice Martín. "En líneas generales un entrenador de alto nivel es una persona con prestigio en la comunidad y, a mayor prestigio, más poder e impunidad".

Martín encuestó a 210 estudiantes de educación física que además eran deportistas de cierto nivel y reparó en que no existe una definición clara de lo que es acoso sexual. En el cuadro inferior puede comprobarse que hay algunas actitudes, como dar un beso en la mejilla o halagar la presencia física de la atleta, que están muy extendidas y sin embargo no son percibidas mayoritariamente como contactos improcedentes en el entorno deportivo. Con todo, un tercio de las estudiantes reconoció haber sufrido algún tipo de abuso sexual en su vida.

Una anécdota de Gloria Viseras sirve para ilustrar el problema: "Hace unas semanas, después de dar una charla, un entrenador se me acercó y me dijo que a ver si no iba a poder dar un masaje a sus atletas. ¡Pues claro que no! Para eso están los fisioterapeutas. Ni tampoco puedes llevar en coche a los niños, ni a su casa ni a ningún sitio. Hay que eliminar estos comportamientos del deporte inmediatamente, porque se dan mucho más de lo que creemos".

La forma de acosar en el deporte, indica Martín, se diferencia también en el método. A diferencia de violadores y pederastas comunes, que actúan por impulsos, en el deporte de alto nivel hay una planificación intelectual: “El entrenador realiza un proceso de preparación de la víctima: detecta a los individuos más débiles y comienza a aislarlos. En esta situación en la que el niño se siente especialmente vulnerable, y además considera a su entrenador como el principal referente de su vida, el abusador le da cariño, le escucha, le dice que es su preferido. Es un trabajo que en ocasiones les lleva meses”.

Un beso en los labios no es denunciable, pero puede ser el principio de algo mucho peorContinúa la socióloga: “De golpe se empiezan a saltar líneas rojas, poco a poco, y la víctima no se da ni cuenta de cuándo empezó todo. Pueden empezar, por ejemplo, dándote un beso en los labios. ¿Qué vas a hacer, denunciar a una persona por esto? No, pero es que después vendrán cosas peores”.

Para la psicóloga Pilar Polo el ecosistema del deportista de alto nivel se parece mucho a una familia cualquiera: hay miembros con jerarquía y otros que acatan órdenes. Además, como sucede en cualquier núcleo familiar, los trapos sucios tienden a lavarse puertas adentro. "Es importante que los padres conozcan a sus hijos, a las personas que son, no a los futuros campeones que quieren que sean. Cuando cambian su comportamiento, o fingen estar enfermos para no ir a entrenar… hay que hablar con ellos, saber qué está sucediendo. Es importante preguntarle todos los días sobre cómo van sus cosas, aunque solo sea para fortalecer su confianza y que, si un día sufre un abuso, al menos se plantee contarlo a la familia. Desde luego un niño que no tiene confianza es mucho más fácil que silencie un abuso".

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