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Montar 200 caballos al año: al habla con 'Magic' Martínez, un jockey de leyenda
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un día en el hipódromo de la zarzuela

Montar 200 caballos al año: al habla con 'Magic' Martínez, un jockey de leyenda

Su profesión depende del talento natural de un caballo. Ellos viven de ganar. No hay mucho pastel y muy pocos consiguen comer de él

Monta doscientos caballos diferentes al año. A algunos no los conocerá hasta momentos antes de intentar conducirlos a la victoria. Los días de carrera puede montar seis caballos distintos de seis criadores. José Luis Martínez es el jockey español en activo más laureado. Y con todo, no es más que el accesorio necesario, el actor secundario del show de las carreras de caballos. Así se vive el turf desde dentro.

Foto: El jockey José Luis Martínez a lomos de Noozhoh Canarias (EFE).

Entre la carretera, las carreras y la pasión

Nos encontramos con José Luis en el hipódromo de La Zarzuela, en Madrid, el viernes previo al Derby Español, cuando apenas comienza a amanecer. Es una hora mágica de luz, y a él le llaman Magic. No era premeditado, pero ahora tiene cierto sentido. José Luis Martínez, "Magic" Martínez - para los más aficionados a las carreras de caballos - es el mejor jockey español en activo. Un hombre capaz de acumular más de 900 victorias, de ganar carreras en plazas tan enormes como Dubái o Longchamp, y de ser el elegido para montar las alas del afamado 'Noozhoh Canarias' justo antes de que el purasangre posara sus cascos en tierras galas en busca de la gloria, un peldaño más arriba.

Hitos fuera del alcance de la mayoría de los profesionales del deporte del turf en España, donde es todavía minoritario e ignorado. La dieta del turf nacional se limita a lo que acontezca en el invierno sevillano, la primavera madrileña y el verano donostiarra. En Francia, por ejemplo, -la comparación con los vecinos es tan odiosa como recurrente- hay carreras todos los días, se televisan en canales especializados y el profesionalismo es absoluto. Si se quiere volar, si se quiere tocar la primera división, hay que ganar, y ganar mucho. Ir a San Sebastián y volver a Madrid, subir a Francia, bajar a Madrid, y entrenar, correr, ganar, entrenar, correr, ganar, ganar y volver a ganar, que diría el Sabio.

Cuestión de supervivencia

"Este es un deporte en el que solo cuenta lo último que has conseguido", sonríe Magic. "Mira, yo soy de los que piensa que lo importante no es participar. Lo importante es ganar. Aunque también pienso que no todo vale para ganar y hay que conocer los límites". El miedo a las caídas y las lesiones clarifican esos límites. Magic estuvo a punto de retirarse por culpa de una bastante grave, incluso le organizó un pequeño funeral a su carrera profesional en 2010, pero volvió de entre los huesos rotos y hasta la fecha.

"Mira, yo soy de los que piensa que lo importante no es participar. Lo importante es ganar. Aunque también pienso que no todo vale y hay que conocer los límites"

José Luis nos lleva por las instalaciones del hipódromo con la soltura del que te pasea por su casa. La práctica de la mañana ya está pactada con el preparador del caballo que montará el domingo en la quinta carrera, en el Derby. "Hemos quedado a las ocho y cuarto para hacer una monta suave, no queremos exprimir al caballo de cara a la competición". Antes hemos pasado por el vestuario, un espartano cuartito en alto, con dos ventanas a oriente y poniente, una radio vieja, casi vintage, junto a un microondas sobre el que se posa un marco con una foto suya de niño.

Se calza unas botas, coge casco y fusta, y arreando. La economía de un jockey profesional español no es que sea especialmente reducida, pero dista años luz de las figuras internacionales, capaces de subirse a un jet para hacer una monta si las posibilidades del espectáculo y el caballo les prometen pillar unos cientos de miles de euros por correr unos miles de metros. Frente a las millonadas que se mueven entorno a la cría de purasangres en Qatar o en Inglaterra, el mercado español es bastante humilde, por decirlo de alguna manera. El precio de los caballos no excede las decenas de miles de euros, generalmente.

"Aquí es todo en torno al caballo, es lo más importante. La afición de una persona supone que otras podamos trabajar alrededor. Todos profesionales, desde el herrador, al entrenador, el mozo o el jockey".

En las cuadras, José Luis charla con Fernando, entrenador, e intercambian elogios sobre un tímido caballo al que Magic entra a acariciar. "Me considero un jockey muy intuitivo, me gusta que el caballo me transmita sus emociones y yo a él las mías. Trato de darle confianza, para que sepa que el jinete que lleva arriba espera comunicarse con él".

Apuestas, prestigio y presión

Llegado el día D, del Derby del domingo, el hipódromo pierde su halo mágico y se convierte en una fiesta mañanera, con un toque de batiburrillo felliniano. La cosa no va de pamelas y coches de lujo. Hay familias, hay parejas, una decena de fotógrafos, alguna que otra personalidad de la política y las letras, y un grupúsculo de jóvenes disfrazados que bien podrían ser una despedida de soltero. El bullicio se filtra hasta la sala de jockeys. Tras un mostrador se les ve nerviosos, ultimando detalles antes de exponerse al público en el paddock. Ejecutan una suerte de rutina ininteligible para legos. La báscula es la parte más pública. Un par de jueces toman nota de que sus pesos se correspondan con las estrictas imposiciones con las que se intentan igualar las carreras.

Recogen y devuelven mantillas que identifican a los caballos para las apuestas; hablan con los entrenadores, y desaparecen cíclicamente hacia el vestuario, donde acuden a concentrarse varias veces antes de tener que salir al paddock. Se cruzan pocas palabras y quizás menos miradas entre ellos. Se palpa la tensión precompetitiva. "Los domingos son seis carreras y somos 20 o 25 jockeys y todos venimos a lo mismo. Hay roces, hay mucha competencia y cuesta hacer amigos. Pero tampoco hace falta, cada uno puede tenerlos fuera. Eso sí, de puertas para adentro tengo claro que tenemos que ser compañeros y ayudarnos en lo que podamos".

Salen sin pompa, casi con timidez. El público que, tras la vallas, rodea la especie de tiovivio en que se exhiben los caballos, casi los ignora. Muchos no están allí solo de domingueo, sino para apostar, y no precisamente por los jockeys. Son los nombres de los caballos los que aparecen en los billetes y a quienes escrutan los aficionados. "Las apuestas son un aliciente para el público y la gente externa al mundo profesional, pero a mí no me interesa". No le interesa, pero su actuación encima de un caballo puede representar que alguien gane o pierda una cierta cantidad de dinero. La pregunta es obligada y doble: ¿sientes presión por esta razón? Y, ¿te han presionado alguna vez? "No, para nada. La presión me la pongo yo. Haces mal si haces caso a la presión que venga del exterior, porque eso son nervios y te pueden llevar a cometer errores... Y no, nunca me han presionado".

Los jockeys cruzan el desfile con cuidado y se ubican, juntos pero poco revueltos, a la espera de montar y enfilar hacia la pista. Los criadores tienen su propia zona en el paddock y desde ahí se acercan a interesarse por los jinetes de sus caballos. José Luis se confiesa: "No me gusta mucho el paddock. Si es cierto que la gente se porta muy bien y es muy respetuosa, pero me pone más nervioso que la propia carrera". La rueda de caballos sigue, no para de girar, pero ahora los jockeys los montan en marcha y circulan una vez más frente al público antes de enfilar hacia la pista ovalada donde prestigio y apuestas dependen de la inspiración de un caballo de carreras.

Monta doscientos caballos diferentes al año. A algunos no los conocerá hasta momentos antes de intentar conducirlos a la victoria. Los días de carrera puede montar seis caballos distintos de seis criadores. José Luis Martínez es el jockey español en activo más laureado. Y con todo, no es más que el accesorio necesario, el actor secundario del show de las carreras de caballos. Así se vive el turf desde dentro.

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